domingo, 10 de febrero de 2019

Políticas para salir de la energía nuclear


Los beneficios de la energía nuclear y los costos por los impactos ambientales que ésta genera son bien diferenciados.

por Cristian Basualdo

El denominado plan nuclear argentino consistió fundamentalmente en una costosa operación de transplante, recepción, copia y asimilación de artefactos, procesos y tecnologías desarrolladas en los países centrales. En la segunda mitad del siglo pasado, el país asistió a una reorganización de su circuito de producción, la división territorial del trabajo nuclear convirtió a la provincia de Córdoba en una zona de sacrificio para las externalidades ambientales negativas de la industria nuclear.

Al sur del Valle de Punilla, en la mina de uranio abandonada Los Gigantes, quedaron 2 millones 400 mil toneladas de residuos y 1 millón 600 mil toneladas de mineral marginal y estéril, la explotación incluyó una presa para evaporación de efluentes que derramó millones de litros de líquidos ácidos con trazas de uranio, radio y radón, en la cuenca del río San Antonio. Otro caso paradigmático es el de Dioxitek, la planta que produce el dióxido de uranio para las centrales argentinas en el populoso barrio de Alta Córdoba, donde quedaron enterradas unas 57.600 toneladas de residuos que conforman el denominado "chichón".

En el Valle de Calamuchita, la Central Nuclear Embalse dejó unas 3 mil toneladas de combustible nuclear gastado en su primer ciclo de generación, además de un poco más de mil toneladas de residuos radiactivos productos del recambio de componentes para la extensión de vida de las instalaciones. Toda esta basura radiactiva quedará depositada a la vera del lago Embalse.

Un reciente informe de Greenpeace Francia señaló que “no se ha encontrado aún ninguna solución para la gestión a largo plazo de grandes volúmenes de residuos nucleares, como el combustible gastado altamente radiactivo que producen todos los reactores nucleares”. Solo para que conste: la industria nuclear a nivel mundial lleva acumuladas 250 mil toneladas de combustible nuclear gastado. Si valoráramos la libertad, nos cuidaríamos de proyectar hacia el futuro las transformaciones irreversibles de la tecnología, condicionando la vida de las generaciones futuras, su entorno natural y sus posibilidades de subsistencia.

La extensión de vida de la Central Nuclear Embalse tiene una demora de 7 años y 5 meses, y un costo de 2.142 millones de dólares, que superó más del 300 % del previsto originalmente. No le sirvió al gobierno kirchnerista para mitigar la crisis energética, ni tampoco le sirve al gobierno macrista. Cuando se anunció con bombos y platillos la puesta crítico del reactor de Embalse, el 4 de enero de 2019, ninguna de las 3 centrales argentinas estaba generando, Atucha I y II por problemas en las bombas, “es como un súper que tiene sus tres sucursales cerradas” dijo Julián Gadano, subsecretario de Energía Nuclear. La Voz del Interior informó a fines del año pasado que la Central Nuclear Embalse “en febrero, estaría en pleno régimen”, sin embargo por estos días la central se encuentra realizando ensayos con fluoresceína, un líquido usado para detectar pérdidas en las tuberías.

La matriz energética de Argentina creció pero no alcanza para mejorarle las condiciones de vida a la gente, está muy concentrada en grandes empresas, tanto estatales como transnacionales, con muy poco grado de participación ciudadana a la hora de definir las políticas energéticas. En medio de los recurrentes cortes de suministro eléctrico y aumentos generalizados de las tarifas del gas y la electricidad, con miles de personas manifestándose en diversos puntos del país mediante una modalidad conocida como “ruidazo”, el ex ministro de Energía, Juan José Aranguren dijo una frase contundente: “No estoy de acuerdo con que la energía sea un derecho humano".

Por todo esto y porque los recursos energéticos del planeta son finitos, es importante construir la idea de una lógica de derechos alrededor de la energía por sobre una lógica mercantil. Y realizar las clásicas preguntas de todo debate energético ¿Cómo deberíamos producir energía? ¿Para qué? ¿Para quién?

Gerardo Mesquida, de Ecoingeniería El Telar, señaló una potencial salida: “las energías renovables y el ahorro de energía, nos permite liberarnos de la encrucijada bipolar instalada entre el carbón y la energía nuclear. El empoderamiento de las comunidades organizadas hacia la autogestión de las energías renovables, nos ofrece no solo la energía suficiente para el confort del hábitat humana, sino también nos permite pensar el decrecimiento ante la industrialización que fomenta el consumo”.

Cecilia Carrizo es profesora de Teoría Política de la Universidad Nacional de Córdoba y propone comenzar a pensar en un proceso de transición justa en el sector energético, ir a una matriz renovable por sobre una fósil o nuclear, y encontrar caminos de democratización energética como una herramienta indispensable que nos puede garantizar la participación ciudadana.

Para hablar de estos temas visita la provincia de Córdoba Bernard Cottier, ciudadano francés, ingeniero en Energías eléctricas, y docente en ramas superiores en Electrotécnica y Energías renovables. Además es uno de los administradores de la red francesa Sortir du Nucléaire (Salir de lo Nuclear), una federación formada con más de 600 organizaciones en toda Francia, que va a cumplir 20 años.

Quedan todos invitados al Conversatorio, con entrada libre y gratuita:

Hacia una democracia energética, políticas para salir de la energía nuclear”

¿Cuándo?
Lunes 11 de febrero de 2019, a las 16 hs

¿Dónde?
Rondeau 467, Nueva Córdoba.

Área Estado, Ciudadanía y Justicia Ambiental. Instituto de Investigación y Formación en Administración Pública de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba (IIFAP-FCS-UNC).


Participan: Ecoingeniería El Telar, Asamblea ¡Córdoba Despierta!, Fundación Natura y Movimiento Antinuclear de la República Argentina.

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