La oposición a la energía nuclear
ha aumentado significativamente en Taiwán en los últimos años
debido a los potenciales riesgos de seguridad y al espinoso problema
de la eliminación de residuos.
Por
Juan Vernieri
Hace
muchos años, junto con cientos de otros activistas indígenas Tao,
Hsieh Hsing-ching organizó una protesta contra la energía nuclear
en la isla más oriental de Taiwán, Lanyu.
Al
volver al lugar en 2025, mantiene sus reservas sobre la experiencia,
pero su compromiso con la causa parece más firme que nunca. Hsieh
también conserva carteles antinucleares colgados en su casa, décadas
después de la manifestación.
Todo
empezó en 1978, cuando el gobierno taiwanés anunció un plan
aparentemente inofensivo para construir una fábrica de conservas de
pescado en Lanyu, hogar de miles de taoístas. Pero en lugar de una
fábrica de conservas, el lugar se convirtió en un lugar para
almacenar residuos nucleares de baja actividad, lo que muchos
taoístas calificaron de “malvado”.