domingo, 9 de septiembre de 2018

Centrales nucleares: el declive de una tecnología costosa

La Central Nuclear Embalse se encuentra en parada de largo plazo desde el 31 de diciembre de 2015. Argentina operó 2 reactores en 2017, ubicados en el sitio Atucha, que proporcionaron 5,7 TWh, el 4,5 % de la electricidad del país. La producción cayó más de un 25 % respecto del 2016. Foto: Nucleoeléctrica Argentina SA.

Las centrales nucleares enfrentan problemas económicos insalvables, que se suman a las preocupaciones ambientales y de seguridad.

por Cristian Basualdo

Hay 413 reactores nucleares en operación en el mundo, 10 unidades más que a mediados de 2017, y 25 menos que el pico histórico de 2002 con 438 reactores. El conteo excluye las unidades en paradas de largo plazo, como la Central Nuclear Embalse.

Son los números de la edición 2018 del World Nuclear Industry Status Report (Informe del Estado de la Industria Nuclear - WNISR), presentado en Londres el martes 4 de septiembre. En 289 páginas brinda una descripción minuciosa de los últimos cambios en la industria nuclear a nivel mundial, enriquecida con información específica para regiones y países individuales. Mycle Schneider es el editor principal del informe, mientras que Julie Hazemann es el gestor de datos.

Durante 2017 se pusieron en marcha 4 reactores, 3 en China y 1 en Pakistán (construido por empresas chinas). A su vez se cerraron 3 reactores: uno en Alemania (Gundremmingen-B, 33,5 años); otro en Corea del Sur (Kori-1, 40 años); y otro en Suecia (Oskashamn-1, 46 años). En la primera mitad de 2018 se pusieron en marcha 5 unidades, entre las que se encuentran los primeros 2 reactores de tercera generación del mundo, que fueron estrenados por China: un reactor presurizado europeo (EPR) y un AP1000 de Westinghouse.

La edad promedio de la flota mundial de reactores nucleares operativos continúa en aumento, y a mediados de 2018 era de 30 años. Hay 77 reactores que tienen 41 años o más de operación.

En 2017 se comenzaron a construir 5 reactores y 2 en la primera mitad de 2018, muy por debajo del pico histórico de 1976 con 44 unidades. "Si la nuclear fuera un organismo vivo, se clasificaría como en extinción, porque la tasa de renovación es insuficiente para su supervivencia", observa Mycle Schneider.

Actualmente hay 50 reactores en construcción, de los cuales 16 están en China, el número de unidades en construcción en todo el mundo disminuyó por quinto año consecutivo (en 2013 eran 68). El tiempo promedio de construcción es de 6,5 años.

China no comienza una nueva construcción de un reactor comercial desde diciembre de 2016, debido a que “la desaceleración del crecimiento de la demanda de electricidad, en combinación con el rápido desarrollo de la energía eólica y solar, así como la "excesiva" capacidad instalada de las centrales térmicas a carbón, ha disminuido considerablemente la necesidad de un mayor desarrollo de la energía nuclear”, señalaron Han Wenke y Zhou Jie, coautores del WNISR.

Entre 1970 y mediados de 2018, 94 proyectos de construcción fueron cancelados en distintas etapas de avance. Los últimos fueron 2 unidades AP1000 en Virgil C. Summer, Estados Unidos, abandonadas en 2017 después de gastar unos 5000 millones de dólares. Lo que precipitó la quiebra de Westinghouse Electric Company, una subsidiaria del grupo Toshiba e históricamente la mayor constructora de centrales nucleares en el mundo, que solicitó la quiebra el 29 de marzo de 2017.


En Francia, el recipiente de presión del EPR de Flamaville no cumplió con los estándares de seguridad y deberá ser reemplazado después de tan solo 6 años de operación. Esta central lleva más de 10 años en construcción y su puesta en marcha se retrasó una vez más debido a unas soldaduras defectuosas en el sistema principal de suministro de vapor. Por su parte, la empresa Areva quebró y fue disuelta; con el rescate gubernamental cambió de nombre a Orano, esta nueva compañía siguió funcionando con la misma estructura y en el 2017 su balance arrojó pérdidas.

En Estados Unidos, varios reactores no pueden competir en el mercado y pende sobre ellos el cierre antes de que expiren sus licencias. El lobby nuclear plantea esquemas de subsidios estatales para evitar "cierres prematuros" de reactores antieconómicos. Science Daily tituló un documento "La desaparición de la industria nuclear", en la bajada se pregunta "¿Podrá la energía nuclear contribuir significativamente a descarbonizar el sistema energético de los Estados Unidos en las próximas tres o cuatro décadas?", la respuesta es "probablemente no". En mayo de 2018, William Von Hoene, un directivo de Exelon, la operadora nuclear más grande del país, dijo "no creo que haya más plantas nucleares en los Estados Unidos”, la razón que dio el alto ejecutivo es fácil de entender: son demasiado caras de construir. Como así también, un artículo del Proceedings of the National Academy of Sciences concluyó que "debido a su gran costo y complejidad, parece poco probable que se construyan nuevas centrales en las próximas décadas".

Argentina operó 2 reactores en 2017 que proporcionaron 5,7 TWh, el 4,5 % de la electricidad del país (en comparación con un máximo del 19,8 % en 1990), la producción cayó más de un 25 % respecto del año anterior. Un tercer reactor (Embalse) se encuentra en una parada de largo plazo. En abril de 2018, la autoridad reguladora otorgó una licencia para permitir que Atucha-1 continúe operando hasta el 2024, lo que permite una vida útil de 50 años. Además, el WNISR informa que un pequeño reactor prototipo está en construcción en el sitio Atucha. Se trata obviamente del CAREM, un pequeño reactor modular cuyo proyecto fue presentado en 1984, y es publicitado como el último grito de la moda por el lobby nuclear argentino. Si embargo un informe de la Union of Concerned Scientists concluyó que "a menos que se den una serie de suposiciones optimistas, es poco probable que los pequeños reactores modulares sean una solución viable a los problemas económicos y de seguridad con que se enfrenta la energía nuclear".

El agua de Fukushima

Desde que se conectó la central nuclear de Obninsk a la red eléctrica soviética el 27 de junio de 1954, al país que peor le fue con la industria nuclear fue a la misma Unión Soviética, los costos del accidente de Chernóbil de 1986 la dejaron en bancarrota y aceleraron su disolución. El siguiente en la lista fatal es Japón, 7 años después del accidente de Fukushima, se han reiniciado tan solo 9 reactores, mientras que 26 permanecen en paradas de largo plazo. Las poblaciones locales y el público en general se oponen en forma abrumadora al reinicio de estos reactores.

En la accidentada central de Fukushima se continúa bombeando agua para enfriar los restos de combustible en los reactores accidentados, a razón de 3 metros cúbicos por hora por reactor. El agua altamente contaminada se escapa de las contenciones agrietadas hacia los sótanos, donde se mezcla con el agua que penetra proveniente de un río subterráneo. Tecnología mediante, se ha reducido la afluencia de esta agua de unos 400 a unos 140 metros cúbicos por día, y se descontamina una cantidad equivalente, aunque contiene niveles muy altos de tritio (más de 500.000 Becquerelios por litro) y debe ser almacenada en grandes tanques. La capacidad de almacenamiento en el sitio se incrementó a 1,1 millones de metros cúbicos.

Unos 8.000 trabajadores están involucrados en el trabajo de desmantelamiento; ya se reconocieron 4 casos de enfermedades oncológicas ocupacionales. El gobierno japonés no ha proporcionado una estimación global del costo total del accidente; sin embargo, según el Ministerio de Medio Ambiente, hasta el año fiscal 2017, se destinaron 26.600 millones de dólares a la descontaminación. Se espera que la operadora de la central, TEPCO, pidia prestados al gobierno alrededor de 119 mil millones de dólares para los gastos relacionados con Fukushima.

Un dato significativo que remarcó la agencia Reuters, es que en el mundo 115 unidades están siendo decomisadas a medidados de 2018, es el 70 % de los 173 reactores en parada permanente. Tan solo 19 unidades fueron completamente decomisadas: 13 en los Estados Unidos, 5 en Alemania y 1 en Japón. De estas, en solo 10 casos han sido remediados los sitios a nuevo.

A nivel mundial, la producción de energía eólica creció un 17 % en 2017, y la solar un 35 %, en el mismo período la nuclear creció un 1 %, y si excluimos a China disminuyó por tercer año consecutivo. La participación nuclear en la generación de energía mundial permaneció casi estable en los últimos 5 años, con 10,3 % en 2017, con una tendencia a la baja en el largo plazo desde el pico histórico de 1996 con aproximadamente el 17,5 %.

Los precios de la energía renovable siguen a la baja: eólica terrestre (menos de 20 dólares por megavatio hora), eólica marina (menos de 45 dólares por megavatio hora), y solar (menos de 25 dólares por megavatio hora). Esto se compara con el precio para el proyecto Hinkley Point C en el Reino Unido (120 dólares por megavatio hora). El profesor John Loughhead, científico jefe del Business, Energy and Industrial Strategy Ministry, declaró en una conferencia de la Royal Society realizada en octubre de 2017, que “actualmente hay problemas claros con la tecnología nuclear. La industria nuclear ha creado un producto que nadie puede comprar”.

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