domingo, 10 de junio de 2018

Reactores de fusión: no son lo que prometían ser



por Daniel Jassby

Durante mucho tiempo se ha venido ensalzando los reactores de fusión como la fuente energética perfecta. Sus defensores afirman que una vez se hayan desarrollado reactores de fusión comerciales viables, producirán enormes cantidades de energía con pocos residuos radiactivos, generando muy pocos subproductos de plutonio que puedan utilizarse para fabricar armas atómicas. Estos abogados de la fusión dicen asimismo que dichos reactores no podrían dar lugar a la peligrosa reacción en cadena susceptible de provocar el tipo de accidentes catastróficos que encierran los sistemas actuales de fisión en las centrales nucleares. Además, al igual que la fisión, un reactor nuclear de fusión tendría la enorme ventaja de producir energía sin emitir ni pizca de carbono, el principal culpable del calentamiento de la atmósfera de nuestro planeta.

Sin embargo, hay un problema: mientras que es más bien fácil -hablando en términos relativos- dividir un átomo para producir energía (es lo que ocurre en la fisión), supone un “gran reto científico” fusionar dos núcleos de hidrógeno para crear isótopos de helio (como ocurre en la fusión). Nuestro Sol realiza constantemente reacciones de fusión quemando hidrógeno ordinario en condiciones de enorme densidad y temperatura. Para reproducir este proceso de fusión aquí en la Tierra -donde no tenemos la enorme presión generada por la gravedad del núcleo solar- necesitaríamos una temperatura de por lo menos 100 millones de grados Celsio, unas seis veces más que la que impera en el Sol. En experimentos realizados hasta ahora, la energía necesaria para alcanzar la temperatura y la presión que permiten reacciones de fusión significativas para crear isótopos de helio ha superado de lejos la energía de fusión generada.

No obstante, mediante el uso de tecnologías de fusión prometedoras, como el confinamiento magnético y el confinamiento inercial con láser, la humanidad se acerca mucho más a la solución del problema y a ese punto de inflexión en que la cantidad de energía obtenida de un reactor de fusión supere la cantidad aportada, generando energía neta. Los proyectos multinacionales colaborativos en curso incluyen el Reactor Termonuclear Experimental Internacional (International Thermonuclear Experimental Reactor, ITER), que está construyéndose en Francia desde que se crearon las primeras estructuras de apoyo en 2010. Se espera que los primeros experimentos en su máquina de fusión, llamada tokamak, comiencen en 2025.

A medida que nos acercamos al objetivo, sin embargo, es hora de preguntarnos si la fusión es realmente la fuente de energía perfecta. Después de haber estado trabajando en experimentos de fusión durante 25 años en el laboratorio de física del plasma de la Universidad de Princeton, comencé a contemplar menos apasionadamente toda la cuestión de la fusión. Concluí que un reactor de fusión no sería ni mucho menos perfecto, y en ciertos aspectos estaría incluso más cerca de todo lo contrario.

El Sol en miniatura

Como ya he señalado, las reacciones de fusión en el Sol queman hidrógeno ordinario en condiciones de enorme densidad y temperatura, sostenidas por un tiempo de confinamiento efectivamente infinito, y los productos de la reacción son isótopos de helio benignos. Los sistemas de fusión artificiales (terrestres), por otro lado, se limitan a unas densidades de partículas mucho más bajas y un confinamiento energético mucho más fugaz, por lo que no pueden emplear más que los isótopos de hidrógeno más pesados y ricos en neutrones, llamados deuterio y tritio, que son 24 órdenes de magnitud más reactivos que el hidrógeno ordinario. (Pensemos en un numeral uno con 24 ceros detrás.) Esta enorme ventaja de reactividad permite que los dispositivos de fusión artificiales operen con una densidad de partículas mil millones de veces más baja y un confinamiento de energía un billón de veces más bajo que los niveles de que disfruta el Sol. Los defensores de los reactores de fusión afirman que cuando estén desarrollados, los reactores de fusión constituirán una fuente de energía perfecta que no presentará ninguno de los defectos significativos de los tan denostados reactores de fisión.

Pero a diferencia de lo que ocurre en la fusión solar -que utiliza hidrógeno ordinario-, los reactores de fusión terrestres que queman isótopos ricos en neutrones generan subproductos que son todo menos inocuos: los flujos energéticos de neutrones contienen un 80 % de energía de fusión proveniente de reacciones de deuterio-tritio y un 35 % de reacciones de deuterio-deuterio. Ahora bien, una fuente de energía consistente en un 80 % de flujos energéticos de neutrones tal vez sea la fuente de neutrones perfecta, pero es realmente curioso que jamás se la haya calificado de fuente ideal de energía eléctrica. De hecho, estos flujos de neutrones causan directamente cuatro problemas lamentables de la energía nuclear: daños por radiación en las estructuras; residuos radiactivos; la necesidad de un blindaje biológico; y el potencial para la producción de plutonio 239, susceptible de ser utilizado para armamento, agravando de este modo la amenaza de proliferación de armas nucleares, y no reduciéndolo, como les gustaría a quienes defienden la fusión.

Además, si los reactores de fusión fueran realmente factibles, tal como se supone, compartirían algunos de los otros problemas graves que afectan a los reactores de fisión, entre ellos la liberación de tritio, enormes necesidades de refrigeración y elevados costes de explotación. También habrá inconvenientes adicionales, propios de los sistemas de fusión: el empleo de un combustible (tritio) que no se encuentra en la naturaleza y ha de reponerse en el propio reactor; y el inevitable consumo de electricidad en el propio lugar de producción, que reduce drásticamente la electricidad disponible para la venta.

Todos estos problemas son endémicos de cualquier tipo de reactor de fusión por confinamiento magnético o inercial que se alimente con deuterio-tritio o deuterio solo. (Como su nombre indica, en la fusión por confinamiento magnético se utilizan campos magnéticos y eléctricos para controlar el combustible de fusión caliente, un material que adopta una forma difícil de manejar, llamada plasma. En el confinamiento inercial se emplean rayos láser o iónicos para comprimir y calentar el plasma.) El ejemplo más conocido de fusión por confinamiento magnético es la tokamak en forma de rosquilla que está construyéndose en la sede del ITER; la fusión por confinamiento inercial la ejemplifican las microexplosiones inducidas por láser que se producen en la Planta Nacional de Ignición de Estados Unidos.

El combustible tritio no puede reponerse completamente

La reacción deuterio-tritio es la preferida por los impulsores de la fusión porque es veinte veces más reactiva que la reacción deuterio-deuterio, y además alcanza su mayor efectividad a una temperatura equivalente a un tercio de la requerida para la fusión de deuterio exclusivamente. De hecho, una mezcla aproximadamente a partes iguales de deuterio y tritio puede constituir el único combustible de fusión factible dentro de un futuro previsible. Mientras que el deuterio está disponible en gran cantidad en el agua corriente, el tritio apenas existe en estado natural, ya que este isótopo es radiactivo y tiene una vida media de tan solo 12,3 años. La principal fuente de tritio son los reactores nucleares de fisión.

Si se adopta, la fusión basada en deuterio-tritio sería la única fuente de energía eléctrica que no utiliza un combustible existente en la naturaleza ni convierte una energía generada naturalmente como la radiación solar, el viento, la caída de agua o la geotermia. Lo que ocurre es que el componente tritio del combustible de fusión ha de generarse en el propio reactor de fusión. Teóricamente, el tritio consumido en la fusión puede regenerarse completamente a fin de sostener las reacciones nucleares. Para que esto se cumpla es preciso crear alrededor del medio reactivo un manto que contenga litio, un gas extremadamente caliente, totalmente ionizado, que se denomina plasma. Los neutrones producidos en la reacción de fusión irradiarán el litio, incubando de este modo el tritio.

Pero existe una dificultad importante: el manto de litio solo puede rodear parcialmente el reactor debido a los espacios libres necesarios para el bombeo de vacío y la inyección de combustible en los reactores de fusión con confinamiento magnético y para los rayos láser y la eliminación de los restos del blanco en los reactores de confinamiento inercial. No obstante, los análisis más completos indican que puede haber hasta un 15 % de excedente en la regeneración de tritio, pero en la práctica, todo excedente se requerirá para acomodar la extracción incompleta y el procesado del tritio generado en el manto.

Sin embargo, la sustitución del tritio consumido en un reactor de fusión solo aborda una parte menor de la cuestión importantísima de la reposición del suministro de combustible tritio. Menos del 10 % del combustible inyectado se quemará realmente en un dispositivo de fusión con confinamiento magnético antes de escapar de la zona de reacción. La mayor parte del tritio inyectado, por tanto, debe extraerse de la superficie y del interior de los miles de subsistemas del reactor y volver a inyectarse de 10 a 20 veces antes de consumirse totalmente. Si no se recupera y reinyecta tan solo el 1 % del tritio no consumido, ni siquiera el mayor excedente del proceso de regeneración en el manto de litio puede compensar la pérdida de tritio. A título comparativo, en las dos instalaciones de fusión con confinamiento magnético en que se ha utilizado tritio (el reactor de fusión experimental tokamak de Princeton y el Joint European Torus), nunca se recuperó aproximadamente el 10 % del tritio inyectado.

Para cubrir los inevitables déficit de recuperación del tritio no consumido para su uso como combustible en un reactor de fusión, es preciso seguir utilizando reactores de fisión para producir suficientes reservas de tritio, una situación que implica una dependencia perpetua con respecto a los reactores de fisión, con todos sus problemas de seguridad y de proliferación nuclear. Dado que la producción externa de tritio es carísima, es probable que desde el punto de vista de la disponibilidad de combustible solo serán viables los reactores de fusión alimentados exclusivamente con deuterio. Esta circunstancia agrava el problema de la proliferación nuclear que se abordará más adelante.

Enorme consumo de electricidad parasitaria

Además del problema del combustible, los reactores de fusión se enfrentan a otra dificultad: consumen buena parte de la misma energía que producen, o lo que en el sector de generación eléctrica se denomina pérdida de electricidad parasitaria, de una magnitud desconocida en cualquier otra fuente de energía eléctrica. Los reactores de fusión han de soportar dos clases de pérdidas de electricidad parasitaria: en primer lugar, es preciso mantener continuamente, incluso cuando el plasma de fusión no está operativo (es decir, durante desconexiones previstas o imprevistas), una multitud de sistemas auxiliares esenciales externos al reactor. Continuamente se consumen de 75 a 100 MWe (megavatios eléctricos) en refrigeradores de helio líquido, bombas de agua, bombas de vacío, calefacción, ventilación y aire acondicionado para numerosos edificios; en el procesado de tritio, etc., como muestran las instalaciones del proyecto de fusión ITER en Francia. Cuando se interrumpe el proceso de fusión por cualquier motivo, esta energía debe adquirirse de la red regional a precio minorista.

La segunda categoría de pérdida parasitaria es la electricidad necesaria para controlar el plasma de fusión en los sistemas de fusión por confinamiento magnético (y para encender las cápsulas de combustible en los sistemas de fusión por confinamiento inercial pulsado). Los plasmas de fusión por confinamiento magnético exigen la inyección de una cantidad significativa de electricidad en haces atómicos o energía electromagnética para estabilizar el proceso de fusión, mientras las bobinas magnéticas que ayudan a controlar la ubicación y estabilidad del plasma consumen electricidad adicional. La pérdida total de energía eléctrica con este fin asciende por lo menos al 6 % de la energía de fusión generada, y la energía eléctrica requerida para bombear el refrigerante del manto suele ser del 2 % de la energía de fusión generada. La cantidad bruta de energía eléctrica producida puede ser del 40 % de la energía de fusión, de manera que la energía circulante asciende a alrededor del 20 % de la energía eléctrica producida.

En la fusión por confinamiento inercial y en los reactores híbridos de fusión por confinamiento inercial/magnético, después de cada pulso de fusión, la corriente eléctrica ha de cargar los sistemas de almacenamiento energético como los bancos de capacitores que alimentan los rayos láser o iónicos o las fundas de implosión. La demanda de energía circulante es por lo menos similar a las de la fusión por confinamiento magnético.

Las pérdidas de energía descritas más arriba se restan de la energía eléctrica producida por el reactor y determinan los límites inferiores del tamaño de los reactores. Si la potencia de fusión es de 300 megavatios, la producción eléctrica de 120 MWe apenas cubre las necesidades de la propia instalación. A medida que se incrementa la energía de fusión, el consumo interno pasa a ser una proporción decreciente de la producción eléctrica, descendiendo a la mitad cuando la energía de fusión es de 830 megavatios. Para tener alguna posibilidad de operar económicamente y cubrir la devolución del capital invertido y los costes de explotación, la energía de fusión deberá incrementarse a miles de megavatios, de manera que la pérdida total de energía parasitaria resulte relativamente pequeña. En suma, por debajo de un determinado tamaño (alrededor de 1.000 MWe), la pérdida de energía parasitaria hace que resulte antieconómico operar una central eléctrica de fusión.

Los problemas de la pérdida de electricidad parasitaria y de reposición del combustible son en sí mismos significativos. Pero los reactores de fusión encierran otros problemas graves que actualmente también afligen a los reactores de fisión, incluidos los daños por radiación de neutrones y los residuos radiactivos, la carga de los recursos de refrigeración, los costes de explotación exorbitantes y los mayores riesgos de proliferación de armas nucleares.

Daños por radiación y residuos radiactivos

Para producir calor utilizable, los chorros de neutrones que transportan el 80 % de la energía de fusión de deuterio-tritio deben desacelerarse y refrigerarse dentro de la estructura del reactor, en el manto que lo rodea, que contiene litio, y con ayuda del refrigerante. Se considera que los daños por radiación de neutrones en la pared de la vasija sólida serán peores que en los reactores de fisión, debido a las mayores energías de los neutrones. Los neutrones procedentes de la fusión expulsan los átomos de su habitual posición reticular, provocando la hinchazón y fracturación de la estructura. Asimismo, las reacciones inducidas por los neutrones generan grandes cantidades de helio e hidrógeno intersticial, formando bolsas de gas que agravan la hinchazón, la fragilización y la fatiga. Estos fenómenos constituyen un peligro para la integridad de la vasija del reactor.

En los reactores alimentados exclusivamente con deuterio (que es más difícil de hacer reaccionar que una mezcla de deuterio-tritio), el producto de reacción tiene una energía cinco veces menor y los chorros de neutrones son sustancialmente menos dañinos para las estructuras. No obstante, sus efectos nocivos serán igual de ruinosos en un plazo más largo.

El problema de la degradación de la estructura por los neutrones puede mitigarse en determinados reactores de fusión en los que la cápsula del combustible de fusión está encerrada en una esfera o cilindro de litio líquido de un metro de grosor. Sin embargo, los sistemas de combustible se convertirán en toneladas de residuos radiactivos que deberán extraerse cada año de cada reactor. El litio fundido también encierra un peligro de incendio y explosión, una dificultad propia, asimismo, de los reactores de fisión de metal líquido.

El bombardeo de los neutrones de fusión expulsa los átomos de sus posiciones estructurales, convirtiéndolos en radiactivos y debilitando la estructura, que debe renovarse periódicamente. Esto da lugar a enormes cantidades de material radiactivo que finalmente tiene que transportarse al exterior para su enterramiento. Muchos componentes no estructurales del interior del contenedor de reacción y del manto también se volverán altamente radiactivos a causa de la activación por los neutrones. Pese a que el grado de radiactividad por kilogramo de residuos sería mucho menor que en el caso de los residuos de reactores de fisión, el volumen y la masa de los mismos serían muchas veces más grandes. Es más, parte del daño por radiación y de la generación de residuos radiactivos tiene lugar inútilmente, pues una proporción de la energía de fusión se crea exclusivamente para compensar el consumo de energía en la propia central.

Los científicos de materiales tratan de desarrollar aleaciones estructurales de baja activación que permitan calificar los desechos de los reactores de residuos radiactivos de baja actividad y enterrarlos a baja profundidad. Por mucho que tales aleaciones estén alguna vez disponibles a escala comercial, muy pocos municipios o comarcas están dispuestas a aceptar vertederos para residuos radiactivos de baja intensidad. En cada país no existen más que uno o dos de tales cementerios, lo que significa que los residuos radiactivos de los reactores de fusión tendrían que transportarse de un lado a otro del territorio a un coste elevado y bajo vigilancia para impedir su desvío.

Para reducir la exposición del personal de la central a la radiación se requerirá un blindaje biológico incluso cuando el reactor no esté funcionando. En el entorno altamente radiactivo se precisarán equipos de control remoto y robots para todas las labores de mantenimiento en componentes de los reactores y para su sustitución por causa de los daños por radiación, la erosión de partículas o la fusión. Estos trabajos darán lugar a largos parones incluso para reparaciones menores.

Proliferación de armas nucleares

En un reactor de fusión es posible producir -abierta o clandestinamente- plutonio 239 colocando simplemente óxido de uranio natural o desgastado en algún lugar en que estén circulando neutrones con cualquier nivel de energía. El océano de neutrones en desaceleración que resulta de la dispersión de los neutrones liberados en el proceso de fusión en el contenedor de reacción invade todos los recovecos del interior del reactor, incluidos los accesorios del contenedor. Los neutrones más lentos serán absorbidos fácilmente por el uranio 238, cuya sección transversal de absorción aumenta a medida que decrece la energía de los neutrones.

Vistas las dudosas perspectivas de reposición del tritio, puede que los reactores de fusión tengan que operar con las dos reacciones deuterio-deuterio que tienen sustancialmente la misma probabilidad, una de las cuales produce neutrones y helio 3, mientras que la otra genera protones y tritio. Dado que no hace falta reponer tritio, todos los neutrones de fusión están disponibles para cualquier fin, incluida la producción de plutonio 239 a partir de uranio 238.

Es sumamente difícil acercarse al punto de equilibrio energético con las reacciones deuterio-deuterio, porque su reactividad total es 20 veces más reducida que la de deuterio-tritio, incluso a temperaturas más elevadas. Ahora bien, un reactor experimental a base de deuterio de 50 megavatios de potencia de calefacción que produzca tan solo 5 megavatios de energía de fusión deuterio-deuterio podría generar unos 3 kilogramos de plutonio 239 en un año, absorbiendo en uranio 238 únicamente un 10 % de los neutrones generados. La mayor parte del tritio de la segunda reacción deuterio-deuterio podría recuperarse y quemarse, y los neutrones de deuterio-tritio producirán aún más plutonio 239, hasta un total de quizás 5 kilogramos. En efecto, el reactor transforma la energía eléctrica alimentada en neutrones libres y tritio, de manera que un reactor de fusión que funciona exclusivamente con deuterio puede ser un instrumento especialmente peligroso para la proliferación nuclear.

Un reactor alimentado con deuterio-tritio o con deuterio exclusivamente tendrá unas reservas de muchos kilogramos de tritio, ofreciendo la oportunidad de desviarlas para su uso en armamento nuclear. Del mismo modo que en el caso de los reactores de fisión, se requerirá la vigilancia por parte de la Agencia Internacional de Energía Atómica para impedir que se produzca plutonio o se desvíe tritio.

Inconvenientes adicionales comunes con los reactores de fisión

Se dispersará tritio sobre las superficies del contenedor de reacción, los inyectores de partículas, los conductos de bombeo y otros accesorios. La corrosión del sistema de intercambio de calor o la rotura de uno de los conductos de vacío del reactor podrían dar lugar a la fuga de tritio radiactivo a la atmósfera o a los recursos hídricos locales. El tritio reacciona con hidrógeno, produciendo agua tritiada, que es biológicamente peligrosa. La mayoría de reactores de fisión contienen cantidades insignificantes de tritio (menos de 1 gramo), frente a los kilogramos de los eventuales reactores de fusión. Sin embargo, incluso la fuga de cantidades mínimas de tritio de los reactores de fisión al agua subterránea provoca alarma social.

Impedir que el tritio atraviese ciertas clases de sólidos sigue siendo un problema irresuelto. Durante algunos años, la Administración Nacional de Seguridad Nuclear -perteneciente al Ministerio de Energía de Estados Unidos- estuvo produciendo tritio en por lo menos un reactor de fisión, perteneciente a la Administración del Valle de Tennessee, mediante la absorción de neutrones en varillas de control que contenían litio. Hubo fugas significativas y por lo visto imposibles de reducir de tritio de las varillas al agua de refrigeración del reactor, que se libera al medio ambiente, hasta el punto de que la producción anual de tritio se ha recortado drásticamente.

Además, hay problemas en relación con las exigencias relativas al producto refrigerante y la escasa eficiencia del agua. Un reactor de fusión es una central eléctrica térmica que requerirá una enorme cantidad de agua para el circuito de refrigeración secundario, que genera vapor, y para eliminar el calor de otros subsistemas del reactor, como refrigeradores criogénicos y bombas. Es más, los varios cientos de megavatios o más de electricidad térmica que habrá que generar tan solo para cubrir las dos clases de pérdidas de electricidad parasitarias requerirá cantidades adicionales de agua de refrigeración, que no es el caso de cualquier central termoeléctrica de otro tipo. De hecho, un reactor de fusión tendría la menor eficiencia del agua de todos los tipos de centrales termoeléctricas, sean de energía fósil o nuclear. Dadas las condiciones de sequía que se intensifican en diversas regiones del mundo, muchos países no podrían mantener físicamente grandes reactores de fusión.

Se han estudiado numerosos refrigerantes alternativos para el circuito primario de extracción de calor, tanto para reactores de fisión como para los de fusión, y tal vez se precisen muros de litio líquido de un metro de grosor para asegurar el confinamiento inercial y resistir la carga de impulsos. Sin embargo, en los reactores de fisión comerciales se ha utilizado casi exclusivamente agua durante los últimos 60 años, incluidos todos los que están construyéndose actualmente en el mundo. Este hecho indica que la aplicación de cualquier sustituto del refrigerante a base de agua, como helio o metal líquido, será irrealizable en los sistemas de fusión con confinamiento magnético. Y todo lo anterior implica que cualquier reactor de fusión tendrá que afrontar unos costes desorbitados.

El funcionamiento de un reactor de fusión exigirá contar con personal cuya experiencia se base en el trabajo en centrales de fisión, como expertos en seguridad para supervisar los sistemas de prevención y trabajadores especializados para manipular los residuos radiactivos. También se requerirá personal cualificado para hacer funcionar los subsistemas más complejos de un reactor de fusión, como el sistema criogénico, el procesado del tritio, los equipos de calentamiento del plasma y la elaboración de diagnósticos. Los reactores de fisión en Estados Unidos requieren normalmente por lo menos 500 empleados permanentes en cuatro turnos semanales, y los reactores de fusión precisarán más bien un millar. En cambio, para el funcionamiento de una central hidroeléctrica o de gas natural, turbinas eólicas, huertas solares y otras fuentes de energía solo se precisa un puñado de personas.

Otro coste de explotación gravoso será el correspondiente a los 75 a 100 megavatios de corriente eléctrica parasitaria consumida de modo continuo en las instalaciones auxiliares, energía que habrá que adquirir de la red regional cuando el reactor de fusión no esté en funcionamiento.

Entre los múltiples costes recurrentes se incluye el de la sustitución de los componentes dañados por la radiación y erosionados por el plasma en la fusión con confinamiento magnético, y el de la fabricación de millones de cápsulas de combustible al año para cada reactor de fusión con confinamiento inercial. Y toda central nuclear de cualquier tipo debe asegurar la financiación del desmantelamiento al final de su vida útil y del vertido periódico de residuos radiactivos.

Es imposible que el coste de explotación de un reactor de fusión sea inferior al de un reactor de fisión, y por tanto el coste de inversión de un reactor de fusión viable tendrá que ser casi nulo (o estar copiosamente subsidiado) en lugares en que el coste de explotación de los reactores de fisión no es competitivo frente a la electricidad generada a base de energía no nuclear, y en los que por tanto se ha procedido al cierre de centrales nucleares.

Para resumir, los reactores de fusión se enfrentan a algunos problemas específicos: la falta de combustible disponible en la naturaleza (tritio) y pérdidas de energía eléctrica importantes, que no podrán reducirse y tendrán que compensarse. Dado que el 80 % de la energía en cualquier reactor que funciona con deuterio y tritio aparece en forma de flujos de neutrones, es inevitable que estos reactores compartan muchos inconvenientes con los reactores de fisión, incluida la producción de gran cantidad de residuos radiactivos y graves daños por radiación de los componentes del reactor. Estos problemas son endémicos de cualquier tipo der reactor de fusión alimentado con deuterio-tritio, de modo que el abandono del tokamak a favor de algún otro sistema de confinamiento no aportará solución alguna.

Si se logra que los reactores funcionen con deuterio solo, desaparece la necesidad de reponer el tritio y los daños por radiación de neutrones son menores. Sin embargo, los demás inconvenientes permanecen, aparte del hecho de que los reactores que funcionan exclusivamente con deuterio incrementarán mucho el potencial de proliferación de armas atómicas. Estos impedimentos, junto con el colosal desembolso de capital y otras desventajas adicionales, comunes con los reactores de fisión, harán que los reactores de fusión resulten más complejos de construir y operar -si alcanzan la viabilidad económica- que cualquier otro tipo de generador de energía eléctrica.

La dura realidad de la fusión desmiente la afirmación de sus defensores de que aportará “energía ilimitada, limpia, segura y barata”. La energía de fusión terrestre no es la fuente energética ideal ensalzada por sus impulsores, sino todo lo contrario: hay que evitarla.

Daniel Jassby fue investigador principal del Laboratorio de Física del Plasma de la Universidad de Princeton hasta 1999.

Traducción Viento Sur

La obra de arte que ilustra esta entrada es "El Doctor Richter realiza sus experimentos en la isla Huemul" de Daniel Santoro. En junio de 1949 el gobierno impulsó la construcción de un complejo de laboratorios en la isla Huemul, provincia de Río Negro, a cargo del físico austríaco Ronald Richter, que logró convencer a Perón sobre la posibilidad de obtener energía por el proceso de fusión controlada. Si bien Richter fracasó en su intento, "el nombre del físico austríaco  parece estar disputando un lugar como exótico pionero en la temprana historia de la fusión controlada" sostiene el investigador Diego Hurtado, y agrega que "En 2003, un físico teórico de la Uiversidad de Nevada publicaba en la revista Physics Today un análisis acerca de cuáles habían sido las intenciones de Richter (...) Algunas de las ideas de Richter -como el calentamiento iónico acústico de plasma- eran realmente novedosas para la época: "Inserto en un anillo cerrado, el dispositivo de Richter se convierte en una configuaración de tipo tokamak". (Diego Hurtado, El Sueño de la Argentina atómica - Política, tecnología nuclear y desarrollo nacional (1945-2006), pg 60, Editorial Edhasa, abril 2014).

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