En el taller de fundición es evidente el proceso de desmantelamiento. Los pasillos y salas aparecen como abandonados, hay zonas precintadas, hierros sueltos, escombros y un frío casi similar a la temperatura exterior de 25 grados bajo cero.
por Virginia Hebrero
Situada en el
Ártico ruso, la ciudad siberiana de Norilsk debe su existencia a la
presencia de valiosos minerales como el níquel, su principal fuente
de riqueza pero también la causa de una situación medioambiental
catastrófica.
Desde que a
principios del siglo XX el geólogo Nikolái Urvantsev descubriera
importantes yacimientos de cobre, níquel y platino en la remota y
fría península de Taimir, la actividad minera ha convertido a esa
ciudad de 170.000 habitantes levantada por los prisioneros del GULAG
soviético en una de las diez más contaminadas del mundo.
Planta de
fundición de níquel
En 1942 se creó
la primera planta de fundición de níquel, que un año después ya
producía el primer metal para los tanques soviéticos y que durante
décadas estuvo emitiendo anualmente a la atmósfera 380.000
toneladas de dióxido de sulfuro.
El pasado verano,
el gigante minero metalúrgico Nornickel, primer productor mundial de
níquel y paladio, y uno de los mayores productores de platino y
cobre, echó el cierre a esta instalación, la más antigua de las
tres plantas que tiene en la zona.
“Por decisión
de la dirección de la empresa, la planta tenía que ser cerrada. En
julio empezamos a recibir la maquinaria para el desmontaje y
actualmente en el taller donde nos encontramos las cuatro fundidoras
ya están paradas”, dice a Efe Alexánder Sumarokov, ingeniero jefe
de la instalación.
En el taller de
fundición es evidente el proceso de desmantelamiento. Los pasillos y
salas aparecen como abandonados, hay zonas precintadas, hierros
sueltos, escombros y un frío casi similar a la temperatura exterior
de 25 grados bajo cero.
“Antes de
finales del año deberán estar retirados los restos de metales no
ferrosos y ferruginosos, todo va según el plan previsto”, agrega.
Con el cierre de
la planta de níquel más antigua de Norilsk la empresa espera
reducir las emisiones de dióxido de sulfuro un 30 % a partir del año
próximo en el perímetro de la ciudad, aunque la producción seguirá
en las otras plantas que tiene en las cercanías, como la más
moderna “Nadezhda” (Esperanza).
Repercusiones en
la población
“Esta fábrica
está en el interior de la ciudad y eso repercutía negativamente en
la salud” de la población y “además empleaba un sistema de
producción obsoleto“, señala Sumarokov para explicar los motivos
de un cierre que fue muy positivamente acogido por los habitantes.
A unos 30
kilómetros de esta ciudad cerrada para los extranjeros -se necesita
un permiso especial para visitarla- la actividad minera que da
sentido a Norilsk continúa imparable en medio de la gélida tundra a
pocas semanas de que comience la larga noche polar.
La mina
Skalístaya, abierta en 1971, es una de las dos que forman el
complejo Komsomolski y está en pleno proceso de modernización.
“Cuando esté
finalizada, tendrá 2 kilómetros de profundidad, será la más
profunda de Eurasia”, nos dice Iván Grinchuk, ingeniero jefe de
producción.
La mina más
grande de la región
Con 63 millones
de toneladas de reservas de minerales suficientes para cien años,
como níquel, plata, paladio y platino “y casi todos los elementos
de la tabla periódica de Mendeléyev”, es la mina más grande de
la región, agrega.
Tiene capacidad
para producir este año 1,3 millones de toneladas de mineral, que se
espera ampliar en 2027 a 1,7 millones de toneladas.
Tras explicar las
medidas de seguridad -las más importantes cómo hacer frente a un
incendio- nos dirigimos con el uniforme, el casco, la linterna y la
botella de oxígeno de emergencia al ascensor que nos llevará a 800
metros de profundidad.
El mismo
recorrido que hacen cada día los 2.400 trabajadores de esta mina,
200 de ellos mujeres que realizan sobre todo labores auxiliares, como
conducir algunos de los vehículos que circulan por las oscuras
galerías.
Los trabajadores
de esta mina ganan un sueldo medio de 90.000 rublos (1.200 euros al
cambio actual), se jubilan a los 45 años y tienen de vacaciones
entre 60 y 90 días, dependiendo de su situación.
El ingeniero
Alexander Ramonov nos guía por las galerías, donde enormes
taladradoras y excavadoras arañan el mineral de la roca.
Al salir a la
superficie, aún queda algún rastro de luz reflejada por la nieve
blanca, aunque desde finales de noviembre los mineros saldrán de las
profundidades para pasar a la oscuridad polar.
Fuente:
Virginia Hebrero, El níquel, riqueza y desgracia de la ciudad minera rusa de Norilsk, 23/11/16, EFEverde. Consultado 23/11/16.

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