Por Laura Torres
CALI, Colombia – Estar en la playa, caminar hacia el mar, fijar la mirada en el horizonte y ver cómo se forman las olas. Imaginar los procesos físicos que hacen que el viento las eleve gradualmente, empujándolas hacia la costa, donde rompen y dejan una espuma blanca que se desliza sobre nuestros pies.
Es fácil intuir que detrás de los sinuosos movimientos de las olas hay energía, el tema de conversación que –en general– ha tomado relevancia desde que, como humanidad, comprendimos las implicaciones negativas de obtenerla, por ejemplo, de los combustibles fósiles.
En Colombia, país en el que 50 % de su superficie son océanos, hay un pequeño grupo de investigadores pensando en las diversas alternativas que puede ofrecer el océano para generar energía: las olas, las mareas, las corrientes, los gradientes térmicos y los gradientes salinos.