Ya
son más de 13 mil juicios iniciados contra Monsanto (ahora propiedad
de Bayer) por haber causado cáncer a los demandantes o a sus
familiares con el uso del herbicida glifosato, a sabiendas de los
peligros que implicaba y sin informar de los riesgos a las personas
expuestas. Son, en su mayoría, personas que aplicaban el agrotóxico
sea en su trabajo agrícola, de jardinería o parques. En 2015, la
Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que el glifosato es
cancerígeno para animales y probable cancerígeno en humanos.
El
primer juicio que ganó una víctima, en agosto de 2018, fue la
demanda de D. Lee Johnsson, un jardinero que aplicó glifosato por
dos años en una escuela, a partir de lo cual contrajo el cáncer
linfoma no-Hodgkin. (https://tinyurl.com/y5umrtt3). Un juez de San
Francisco condenó a Monsanto-Bayer a pagar 289 millones de dólares
en primera instancia, pero luego de que Bayer apelara quedó en 78
millones. En otro juicio, en marzo 2019, se dictaminó que
Monsanto-Bayer debe pagar 80 millones de dólares a Edwin Hardeman
por ser responsable de su enfermedad. Está a punto de concluir en
Oakland el tercer juicio similar, iniciado por el matrimonio Pilliod
contra Monsanto. Tienen 70 años y ambos padecen cáncer. Se espera
que nuevamente sea un dictamen multimillonario en favor de las
víctimas (https://usrtk.org/monsanto-papers/).
Paralelamente,
en Europa, Monsanto perdió por tercera vez, en abril de 2019, el
juicio iniciado por el agricultor francés Paul François, quien
sufre daños neurológicos por el uso del herbicida Lasso, con otro
componente agrotóxico.
Bayer,
que finalizó la compra de Monsanto en 2018, ha perdido hasta el
momento más de 30 mil millones de dólares por la disminución del
valor de sus acciones, por el impacto negativo de los resultados de
los juicios sobre glifosato. El 26 de abril 2019, 55 por ciento de
accionistas de Bayer votó contra las estrategias del directorio,
liderado por Werner Baumann, que defendió la compra de Monsanto.
El
glifosato, inventado por Monsanto en 1974, es uno de los herbicidas
más usados en el mundo. Se vende bajo muchas marcas, como Faena,
Rival, RoundUp, Ranger y otras. Las cantidades aplicadas aumentaron
exponencialmente con la liberación de cultivos transgénicos
resistentes a herbicidas. El aumento de su uso produjo resistencia en
más de 25 tipos de malezas, creando un círculo vicioso de aplicar
cada vez más glifosato. Se han encontrado cantidades elevadas de
residuos de glifosato en alimentos, fuentes de agua y test de orina,
sangre y leche materna en varios países y continentes,
fundamentalmente en los mayores productores de transgénicos.
En
todos los casos de juicios nombrados, los jueces dictaminaron en
favor de las víctimas porque hallaron que Monsanto sabía de los
riesgos y no lo explicó en etiquetas ni estrategia de venta de los
productos. El punto es central, ya que el argumento de Monsanto es
que las agencias regulatorias, como la Agencia de Protección
Ambiental en Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) anuncian
el glifosato como un herbicida de bajo riesgo.
No
obstante, en el curso de los juicios Monsanto ha tenido que liberar
documentos internos que prueban que tenía estudios propios muy
tempranos que mostraban el potencial carcinogénico del glifosato y
que pese a ello se dedicó durante décadas a escribir artículos que
lucieran como si fueran científicos negando la toxicidad del
glifosato, que luego acordaron con diferentes autores supuestamente
científicos que los publicaran en su nombre sin mencionar a
Monsanto.
Varios
de esos artículos fueron listados por la EPA para determinar que el
glifosato era casi inocuo a la salud. La organización US Right To
Know ha publicado en su sitio dedicado a los juicios contra Monsanto
documentos desclasificados hasta 2019 con pruebas y nombres de varios
autores y artículos falseados (https://usrtk.org/monsanto-papers/).
En
un reciente artículo de Nathan Donley y Carey Gillam en The
Guardian, denuncian que Monsanto nunca realizó estudios
epidemiológicos del uso de glifosato para ver su potencial
cancerígeno, y en su lugar dedicó enormes sumas de dinero (hasta 17
millones de dólares en un año) para hacer campañas de propaganda,
artículos de opinión de periodistas sesgados y actuar como escritor
fantasma de artículos científicos que afirman que el glifosato es
inocuo o no tiene grandes riesgos. Esto aumentó luego de la
declaración de la OMS en 2015 (https://tinyurl.com/yxkrw4l9).
También
dan a conocer correos electrónicos de Monsanto con la consultora de
"estrategia e inteligencia política" Hakluyt, en julio de
2018, que revelan que la Casa Blanca afirma que "le guardará la
espalda a Monsanto" en cualquier caso y que pese a los estudios
que muestran toxicidad no votarán nuevas regulaciones (https://tinyurl.com/yxcbswp5).
Son
abrumadoras las evidencias de que se debe prohibir el glifosato.
Varias ciudades estadunidenses y algunas latinoamericanas ya lo han
establecido. El tema no es solamente este tóxico o sólo
Monsanto-Bayer. Todas las trasnacionales de agronegocios tienen
estrategias parecidas para vender veneno a costa de la salud y el
medio ambiente. Hay que avanzar en la eliminación de todos los
agrotóxicos.
Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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