Santiago, 3 nov
2016 (IPS). La explotación de una mina de carbón a cielo abierto
en la austral isla de Riesco, un paraíso de diversidad biológica
ubicado en la Patagonia de Chile, se ha convertido en un paradigma de
la debilidad de la legislación ambiental que critican pobladores,
activistas, científicos y parlamentarios.
Riesco, la cuarta
isla más grande del país, en el extremo meridional de América,
posee un ecosistema marino y terrestre donde conviven especies como
la ballena jorobada, cuatro tipos de delfines, elefantes marinos y
pingüinos. También cuenta con al menos 24 especies de mamíferos y
136 de aves.
“Yo no me voy
de aquí. Pero veo los drásticos cambios”, dijo preocupado a IPS
uno de los 150 habitantes de la isla, Gregor Stipicic, en un diálogo
telefónico desde Riesco.
Con 36 años,
Gregor es el menor de los tres hermanos Stipicic, dueños de una
estancia (hacienda dedicada principalmente a la ganadería) de 750
hectáreas donde pastan unas 6.000 ovejas que están amenazadas por
las explosiones con dinamita.
Médico cirujano
de profesión, Gregor vive en la hacienda agropecuaria desde 2006,
cuando se encargó del predio tras la muerte de su padre. El abuelo,
inmigrante croata, fue el primero de la familia que llegó a la isla,
en 1956, atraído por la rica calidad de la tierra.
La isla Riesco
posee 5.000 kilómetros cuadrados y está ubicada a 3.000 kilómetros
al sur de Santiago en la comuna de Río Verde, en la región de
Magallanes, la más austral del país.
Sus habitantes se
distribuyen en 30 estancias, que se dedican principalmente a la
crianza de ovejas.
Un tercio de la superficie de la isla conforma la Reserva Nacional Alacalufe, una de las más grandes de Chile, con cerca de 2,6 millones de hectáreas de tierras vírgenes que forman parte del sistema de áreas protegidas del país.
La mina Invierno,
la mayor a cielo abierto de carbón del país, pertenece a la
Sociedad Minera Isla Riesco, propiedad de las compañías chilenas
Copec y Ultramar, que invirtieron 600 millones de dólares en la
explotación y poseen otros cuatro yacimientos en la isla, hasta
ahora inactivos.
El objetivo es
explotar, durante 12 años, reservas de 73 millones de toneladas de
carbón sub-bituminosos B y C, de muy bajo poder calorífico (4.100
kilocalorías por kilógramo) y alto en metales pesados. Ese carbón
lo venden a las centrales termoeléctricas de Huasco, Tocopilla,
Mejillones y Ventanas, en el norte y centro de Chile. Además lo
exportan hacia China, India y Brasil y otros destinos.
La sostenida baja
en el precio internacional del carbón afectó los planes de la
compañía que disminuyó temporalmente la producción y también su
personal.
La instalación
de la mina Invierno significó cortar 400 hectáreas de bosque
nativo, secar una laguna y modificar todo el funcionamiento hídrico
cercano al tajo minero. Hoy tiene tres depósitos de material
estéril de 60 metros de altura cada uno.
“Todo está
siendo contaminado. Hay 1.500 hectáreas de afectación directa que
incluyen 500 con un hoyo que es el rajo de explotación que ya
alcanzó 100 de los 180 de profundidad proyectados”, contó Ana
Stipicic, vocera del movimiento social y ecológico Alerta Isla Riesco.
“La última
denuncia de contaminación que generamos fue por la afectación del
río Chorrillo Invierno Dos. Ahora nos enteramos que también fueron
contaminados los ríos Cañadón y Chorrillo Los Coipos. Existen
piscinas de decantación para abatir sólidos, pero no funcionan”,
relató a IPS en Santiago la activista, hermana de Gregor.
Agregó que los
ríos afectaron un humedal y que “a lo largo del borde costero hay
pedazos enormes de carbón. El puerto minero y las chancadoras
(trituradoras) que muelen el mineral lanzan carboncillo al mar. Eso
nadie lo ha estudiado”.
Ana Stipicic
precisó que la dispersión de material en partículas “cae en los
campos de pastoreo, en los bosques y cuerpos de agua circundantes
donde hay una fauna riquísima”. Añadió que la explotación
minera provocó “un enorme desplazamiento de fauna, desde pájaros
carpinteros hasta huemules y coipos”.
Por su parte, el
biólogo Juan Capella, de la Fundación Yubarta, denunció que el
traslado del carbón en barcos por el golfo de Otway, el canal
Gerónimo y el estrecho de Magallanes, afecta a ballenas jorobadas y
delfines que ocupan esa zona, donde se emplaza el Parque Marino
Francisco Coloane.
“Hay casos
registrados de choques de cargueros con ballenas. Mientras más
carbón y más tráfico de barcos por un canal tan estrecho, la
probabilidad de choques y de muerte de ballenas es mayor. El mejor
registrado es uno ocurrido en marzo donde un barco chocó a una
ballena y la mató”, relató a IPS desde Punta Arenas, capital de
la región de Magallanes.
El especialista
en clima Nicolás Butorovic acotó que durante el Estudio de Impacto
Ambiental de la mina Invierno “probamos que la modelación estaba
mala con respecto al material ‘particulado’ sedimentable. Ellos
predijeron 60 microgramos por día y las estaciones midieron hasta
158”.
La compañía
indicó entonces que no usaría explosiones de dinamita pues buscaba
una minería sustentable y que los vientos en la zona alcanzaban una
media de 39 kilómetros por hora cuando en realidad a veces superan
los 180 kilómetros.
Fernando Dougnac,
presidente de la organización de abogados ambientalistas FIMA,
presentó un recurso de protección ante la Corte de Punta Arenas
para frenar las detonaciones y adjuntó una orden de no innovar que
el tribunal acogió paralizando las tronaduras.
En su recurso,
Dougnac detalló a IPS en Santiago que incluyó una serie de informes
veterinarios del año 1998 que demuestran que las ovejas en momentos
de cruzamiento, apareamiento y destete -de cuatro a cinco meses en
distintos períodos- son muy susceptibles al ruido al punto que se
pide que los trabajadores no entren adonde hay animales.
“Tenemos
expectativas que las tronaduras sean suspendidas en esos meses. Mina
Invierno necesita abaratar sus costos de operación, por tanto van a
insistir en detonar las cuatro veces a la semana, que es lo que está
aprobado”, reconoció Ana Stipicic.
El director
nacional de Greenpeace Chile, Matías Asún, aseveró a IPS que la
compañía minera “engañó a la población y abusó respecto de
las normativas para permitir luego un sistema de explotación por
medio de tronaduras (explosiones de dinamita)”.
A su juicio, “la
autoridad ambiental en Chile opera con criterios económicos y
comerciales. Su discurso oficial no es la protección del medio
ambiente sino la protección de las inversiones y del medio
ambiente”.
Agregó que “es
anacrónico que en un país donde las energías renovables están
viviendo un despegue con ribetes mundiales y donde el carbón va
francamente de salida, además asociado a múltiples conflictos
territoriales, demos un subsidio violando la normativa ambiental de
facto y los compromisos que la propia empresa sostuvo con la
comunidad”.
“Isla Riesco no
es sustentable si no es abaratando los costos con consecuencias
ambientales”, enfatizó.
El diputado
independiente Gabriel Boric, representante de la región de
Magallanes, aseguró a IPS que la compañía fragmentó su proyecto
de explotación del carbón de Riesco para lograr su aprobación.
“Que se permita
que un proyecto se presente fragmentadamente, y de esta manera su
impacto ambiental nunca sea evaluado integralmente, es una de las
principales debilidades que tiene la institucionalidad ambiental que
debe ser subsanada en una próxima reforma al sistema”, afirmó.
Editado por
Esrella Gutiérrez
Fuentes:
Fuentes:
Orlando Milesi, Mina de carbón amenaza paraíso ecológico en Patagonia chilena, 03/11/16, Inter Press Service. Consultado 04/11/16.
La obra de arte que ilustra esta nota es “Entrada a la mina”, un mural del artista mexicano Diego Rivera.

No hay comentarios:
Publicar un comentario