
Dos instalaciones de 1975 aportan casi la mitad de la electricidad de Bélgica. Los expertos no se ponen de acuerdo sobre el riesgo que suponen. En caso de accidente, sería una catástrofe.
por Ezequiel Mendoza
La seguridad en
las plantas nucleares de Bélgica recuerda al gato de Schrödinger:
por momentos, existe y no existe al mismo tiempo. Por un lado,
diversos estudios y acontecimientos recientes ponen en duda la
fiabilidad de las mismas. Por otra parte, el Gobierno belga y la
Asociación Federal de Control Nuclear mantienen una postura común:
no existe riesgo alguno.
El riesgo parece
evidente para algunas instituciones internacionales, mientras que
desde el Gobierno se muestran confiados con el estado de sus
centrales. La manera en que el ejecutivo belga intenta convencer de
su postura por momentos resulta confusa: mantiene su confianza en la
seguridad de las plantas y, al mismo tiempo, planea el reparto de
pastillas de yodo a modo de prevención, ante un posible accidente
nuclear. ¿Existe o no riesgo de accidente nuclear en Bélgica?
En 2012 se
encontraron fisuras en los reactores de Tihange y Doel. La empresa
asegura que "no tienen ningún impacto sobre su
funcionamiento" Las plantas nucleares de Tihange y Doel llevan en
funcionamiento desde 1975 y son las protagonistas de esta polémica.
En agosto de 2012, tras algunas investigaciones debido a ciertos
errores en el funcionamiento de las plantas, se encontraron varias fisuras en ambos reactores, por lo que se procedió a la detención
de los mismos mientras se investigaban las causas. Finalmente, la
compañía Electrabel achacó estos “daños” a “errores de
producción.” “Se trata de ‘señales debidas al hidrógeno’
presentes tras la fabricación del tanque, y no de ‘fisuras’, y
no tienen ningún impacto sobre el funcionamiento de los reactores”,
aclara Serge Dauby, portavoz de Electrabel, en una entrevista con El
Confidencial. Tras un estudio de la AFCN de las “fisuras” y el
estado de Tihange 2 y Doel 3, ambos vuelven a ponerse en
funcionamiento al poco tiempo. Posteriormente, en marzo de 2014, uno
de ellos vuelve a pararse de nuevo debido a una “anomalía” en el
reactor.
Fueron muchos los
que empezaron a dudar de la seguridad de las centrales y los
movimientos para cerrarlas empezaron a tomar más fuerza. La clausura
final de Tihange y Doel estaba planeada para 2015, una opción que
parecía la más lógica. Sin embargo, y pese a los antecedentes,
tras el análisis de la AFCN se decidió que su cierre podía esperar diez años más. “Hay que decir que el sector nuclear es uno de los
más supervisados del mundo, con cerca de una revisión por semana”,
argumenta Serge Dauby frente a las críticas. “Muchos países han
decidido que la vida de sus plantas sea de entre 60 y 80 años, como
los Estados Unidos”, añade el portavoz de Electrabel. En este
caso, Tihange y Doel alcanzarán los 50 años en 2025 cuando,
técnicamente, deben cerrar finalmente.
Más de 16.000
fisuras
Tanto el ISR
vienés (Instituto de Seguridad y Riesgos) como Greenpeace denuncian
irregularidades en los reactores y advierten de las altas
probabilidades de sufrir un accidente nuclear. Diversas fisuras
encontradas en Tihange 2 y Doel 3 desde 2012 a 2015 -más de 3.000
pequeñas grietas en la primera y hasta 13.000 en la segunda, algunas
de casi 2 cm de largo- hacen que se dude de la fiabilidad de los
estudios por parte de la gestora, Electrabel, y de la AFCN, encargada
de evaluar la situación.
Aunque desde ésta
se asegura con firmeza que la seguridad y fiabilidad es
incuestionable. No opina lo mismo el ISR que, tras unos estudios
publicados recientemente, cree que existen altas probabilidades de
que ocurra una catástrofe en nuclear en el país. “Hasta ahora una
central nuclear con fisuras era un escenario que no se había dado”,
declara Wolfgang Renneberg, ex gestor del organismo de supervisión
en Alemania y profesor del ISR. “La peligrosidad de Tihange 2 y
Doel 3 es incalculable”.
Las plantas
llevan en funcionamiento desde 1975, y su cierre estaba previsto para
2015. Las autoridades han extendido su uso por otra década más. Aún
así, son muchos los que confían en los estudios que certifican que
no existe riesgo alguno, pese a las advertencias continuas desde
diversas instituciones internacionales. “Ahora mismo no hay nada
que me permita afirmar que existe un riesgo en Tihange, aunque el
riesgo cero no existe, por supuesto”, afirma Christophe Collignon,
alcalde de Huy, lugar donde se encuentra Tihange. “Como alcalde me
preocupa no solo la central sino cualquier sitio sensible de la
región, sea industrial o no. En lo que se refiere a Tihange estoy en
continuo contacto con la gestora”.
Bélgica es un
país muy pequeño, y aunque sus dos centrales nucleares están
situadas en las fronteras, el radio de alcance de una catástrofe
nuclear cubriría no sólo la extensión del propio estado sino que
además tendría consecuencias directas en los países vecinos. Según
un estudio del ISR (Instituto de estudio de Seguridad y Riesgos en Viena), existe entre un 40 y un 60 % de probabilidades de que queden
inhabitables ciudades como Namur, Lieja o Limburgo, alcanzando
incluso la ciudad de Aquisgrán en Alemania y gran parte de la
frontera con Holanda.
Esta situación
ha alarmado a la comunidad internacional debido a la proximidad de
ambos reactores con los países vecinos: Tihange está situado junto
a la frontera alemana y cerca de Luxemburgo, y Doel se encuentra al
norte de la frontera belga, a un paso de los Países Bajos. Hasta un
total de 90 ciudades alemanas, holandesas y luxemburguesas,
colindantes con la frontera belga, han decidido acudir a la justicia
para forzar a Electrabel a cerrar las plantas debido al alto riesgo
existente. A esta petición se suma el colectivo Stop Tihange-Doel,
una asociación que recoge el apoyo de diversos participantes: desde equipos de fútbol hasta partidos políticos.
Pastillas
anticáncer para la población
Se estima que
entre el 40 y el 50 % de la electricidad que se produce en el país
depende directamente de estas plantas de energía nuclear, por lo que
no todos están de acuerdo en el cierre de las mismas. Muchas de las
ciudades que rodean a Tihange y Doel dependen directamente de los
trabajos que esta empresa les proporcionan. “Son alrededor de dos
mil personas los que trabajan en nuestras plantas, a los que hay que
añadir más de mil quinientos subcontratas”, explica Serge Dauby,
portavoz de Electrabel. ¿Qué pasaría entonces con todos esos
trabajos si ambas centrales cerraran? “Eso habría que
preguntárselo a la gestora”, afirma Christophe Collignon.
Algunos medios,
siguiendo estos estudios, comparan las posibles consecuencias con las de la ciudad de Chernóbil, en Ucrania. En 1986, en aquella ciudad
entonces perteneciente a la URSS, se produjo el mayor accidente
nuclear de la historia debido a un fallo en una simulación de
seguridad en uno de los reactores. Éste se sobrecalentó y terminó
causando la muerte de unas 200.000 personas según las últimas
estimaciones. Ahora se teme que algo así pueda ocurrir en Bélgica.
Ante este posible
escenario, la AFCN recomendó al Gobierno de Charles Michel la
distribución, a modo de prevención, de pastillas de yodo en un
radio de 100 km alrededor de las centrales. Lo que, a efectos
prácticos, abarcaría todo el país. En la elaboración de los
presupuestos el Gobierno belga se planteó la posibilidad de repartir
pastillas de yodo siguiendo esta recomendación.
En un accidente
nuclear, el yodo radiactivo pasa a la sangre y de ahí a la glándula
tiroidea. Tomar yodo no radiactivo como medida preventiva permite que
la glándula tiroides se sature y, por tanto, el yodo radioactivo no
se adhiera a ella, eliminándolo de nuestro cuerpo a través de la
orina. De esta manera se consiguen prevenir miles de casos de cáncer
de tiroides ante una catástrofe nuclear. “Deben saber que sobre
los millares de trabajadores que hay todos los días en nuestras
centrales muy pocos han ido a buscar su pastilla de yodo, siendo la
mayoría de ellos habitantes de ciudades a menos de 10 km de nuestras
plantas”, indica el portavoz de Electrabel.
Finalmente,
debido a los recortes que ha tenido que hacer el Gobierno belga para
conseguir negociar y aprobar las cuentas para el próximo año, se llevará a cabo un reparto de pastillas de yodo, pero solo entre las mujeres y los niños que vivan a menos de 20 km de distancia de las centrales. El Gobierno se ciñe así a una “campaña de prevención
de los grupos prioritarios” que se pretende llevar a cabo
progresivamente a lo largo de 2017, junto con una campaña
informativa sobre los riesgos de un accidente nuclear y las medidas
de prevención que se deben tomar en dicho escenario. “Cualquier
riesgo que exista, por mínimo que sea, debe ser tenido en cuenta.
Por lo que el reparto de estas pastillas me parece una medida más
que adecuada”, afirma Christophe Collignon.
¿Objetivo
yihadista?
A esta polémica
sobre la fiabilidad de los reactores hay que añadir la controversia
del último año en la seguridad de las mismas. En una de las
investigaciones llevadas a cabo en diciembre de 2015, tras los
atentados de París, se descubrió material vinculado a una de las
centrales nucleares en Bélgica en uno de los pisos relacionados con
la célula yihadista autora de los ataques. El material incautado era
una grabación de uno de los agentes de seguridad de una de las
plantas en su hogar. La Policía descartó la hipótesis de un plan
contra Tihange o Doel, aunque nunca se llegó a dar explicaciones
sobre el material encontrado.
Además,
distintos medios han establecido conexiones entre el “fallo en el
reactor” que tuvo lugar en 2014 en Tihange 2 con un posible ataque
terrorista. Investigaciones posteriores han determinado que dicho
fallo fue una “manipulación deliberada” que derivó en una fuga
masiva de aceite que paró en seco las turbinas del reactor.
No termina ahí
la gravedad de las sospechas, pues dos días después de los
atentados en Bruselas, se produjo el asesinato de uno de los guardias
de seguridad en una de las plantas. La tarjeta de identificación de
dicho agente, que daba pleno acceso a la central, nunca fue
encontrada. Lo que dio lugar a una inhabilitación temporal de todas
las tarjetas de identificación hasta que se restaurase el sistema de
seguridad con normalidad.
Varios días
después de los atentados de Bruselas, el New York Times publica un artículo donde afirma que dos de los antiguos empleados de Doel
habían abandonado el país para unirse al Estado Islámico en Siria.
A pesar de todo, la Policía belga niega que haya relación alguna
con la célula yihadista en Bélgica o que exista una preocupación
real sobre un posible ataque terrorista en las centrales.
Entradas relacionadas:
Fuente:
Ezequiel Mendoza, Miedo a un posible 'Chernóbil belga' por las plantas nucleares de Tihange y Doel, 17/11/16, El Confidencial. Consultado 19/11/16.
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