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| Las intensas lluvias de Earl provocaron deslaves en Puebla y Veracruz a comienzos de agosto de 2016, con víctimas mortales en una zona de sierra de dfícil acceso. Foto: Hugo Ortuño/ EFE. |
Un nuevo informe asegura que las pérdidas por los eventos de la naturaleza son mayores de las esperadas y afecta desproporcionadamente a los pobres.
por María Victoria
Ojea
César, Matthew,
Stan, Mitch y Félix. Para cualquier latinoamericano no son un grupo
de nombres al azar sino la denominación de pila de algunos de los
más devastadores huracanes de los últimos 25 años.
Devastadores
porque estamos acostumbrados a medir su impacto en número de
afectados y pérdidas económicas. Con frecuencia, luego de una
inundación, huracán o terremoto, se leen titulares sobre cuánto
cuesta el daño a edificios, puentes y hasta potenciales cosechas.
Pero este cálculo
está a punto de tornarse mucho más crudo.
Aunque estas
cifras son útiles, no detallan la manera en que los desastres
afectan al bienestar de las personas. Un dólar en pérdidas no
significa lo mismo para una persona rica que para una persona pobre.
Un nuevo estudio del Banco Mundial utiliza una metodología que va más allá del
recuento tradicional de las pérdidas de activos (bienes personales,
casas, tierras). Esta capta mejor los impactos de los desastres
naturales sobre los pobres, que a menudo no tienen ningún activo que
contabilizar.
Hasta ahora, el
impacto de los desastres naturales estaba estimado solo en un 60 % de
su costo total. Con esta nueva manera de medir, se pasa de estimar
unos 300.000 millones de dólares en pérdidas a 520.000 millones de
dólares a nivel mundial. Según el informe, los desastres naturales
empujan a 26 millones de personas anualmente a la pobreza.
El análisis toma
en cuenta las diferentes capacidades de las personas pobres para
hacer frente a las pérdidas, calculando cómo se modifican sus
ingresos y sus consumos ante un evento climático extremo. Ellos son
los que están frecuentemente más expuestos a riesgos naturales,
pierden más en proporción a su riqueza y reciben menos apoyo de
familiares y amigos, de los sistemas financieros y de los gobiernos.
En América
Latina y el Caribe, las pérdidas provocadas por desastres equivalen
al doble de estimaciones anteriores y alcanzan un promedio de 84.000
millones de dólares al año. Por ejemplo, en algunos países
centroamericanos, la pobreza de las poblaciones afectadas por
huracanes se incrementó hasta en un 14 %.
Pero, ¿cómo es
que los pobres son los más afectados? De acuerdo al estudio, estas
son algunas de las razones:
- Los desastres naturales mantienen o empujan a la gente a la pobreza y son una razón por la que erradicarla es tan difícil. En Panamá, las personas pobres tienen un 50 % más de probabilidad de sufrir inundaciones. En todo el continente, los pobres están sobreexpuestos a sequías y las olas de calor. En 2014, más de 500,000 familias pobres de Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala no tenían qué comer debido a una escasez de lluvias sin precedentes.
- Cuando los pobres son víctimas de una catástrofe, su pérdida proporcional de riqueza es dos o tres veces superior a la de los no pobres debido a la naturaleza y la vulnerabilidad de sus bienes y medios de vida. Su cobertura social suele ser baja y tras verse afectados por una catástrofe, reciben menos ayuda. En Guatemala, la tormenta Stan aumentó la probabilidad de trabajo infantil más de un 7 % en las zonas afectadas.
- Existen efectos adversos en el ahorro y la inversión. Por ejemplo, los pequeños agricultores tienden a plantar cultivos de bajo rendimiento y bajo riesgo porque no pueden permitirse el costo de perder un año de producción en caso de mal tiempo.
Protección y
sistemas de alerta
Hay soluciones
esperanzadoras para blindar a la región contra los desastres
naturales.
En el informe se
evalúan, por primera vez, iniciativas implementadas para generar
resiliencia como los sistemas de alerta temprana, el acceso a
servicios bancarios personales, las pólizas de seguros y los
sistemas de protección social (como las transferencias de efectivo y
los programas de obras públicas), elementos que pueden ayudar a las
personas a responder ante las crisis y a recuperarse.
Por ejemplo, las
redes de protección social existentes tienen efectos positivos en la
recuperación después de un desastre: cada dólar gastado en
protección social después de un desastre representa 4 dólares en
beneficios en países como Bolivia, Brasil, Colombia, Honduras y
Panamá.
En México, el
programa Prospera que brinda apoyo en educación, salud y
alimentación a las familias más pobres, reduce la posibilidad de
que los niños abandonen la escuela después de un evento climático
extremo.
En Caribe, se
empleó un programa innovador de seguros contra desastres para
respaldar los esfuerzos de recuperación en Haití, Barbados, Santa
Lucía y San Vicente y las Granadinas, mediante el cual se
desembolsaron 29 millones de dólares para hacer frente a los efectos
del huracán Matthew.
Fuente:
María Victoria Ojea, América Latina: ¿cómo hacerla indestructible frente a los desastres?, 18/11/16, El País. Consultado 19/11/16.

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