Vecinos
bonaerenses fueron convocados para un “estudio” sobre el impacto
de los agroquímicos. Financiado por los ministerios de Agricultura y
Ciencia de Nación, los investigadores de la UBA no analizaron los
químicos más utilizados por el agro actual, no entregaron los
estudios que pueden detectar los plaguicidas y ocultaron sus vínculos
con las empresas del sector.
por Darío Aranda
Una inédita
operación en favor de los transgénicos y agroquímicos se realizó
entre científicos de la Universidad de Buenos Aires (Facultad de
Agronomía y Farmacia y Bioquímica), funcionarios de Pergamino, el
actual ministro de Ciencia de Buenos Aires, Jorge Elustondo, y
empresas del agronegocios. Bajo la promesa de estudios científicos
en la población, omitieron buscar los químicos denunciados
(glifosato, atrazina, 2-4-D), ocultaron conflictos de intereses,
negaron resultados a la población afectada y minimizaron la
contaminación en base a análisis sesgados: “Son niveles muy bajos
de plaguicidas, no representan ningún tipo de riesgo”
Las empresas e
instituciones que celebraron la maniobra, bajo el sello de
“Agrolimpio”, son la Sociedad Rural, la Asociación de
Productores de Siembra Directa (Aapresid), la Cámara de agroquímicos
(Casafe), Consorcio Regional de Experimentación Agrícola (CREA),
empresas de aeroaplicación, la Federación de Distribuidores de
Insumos y la Asociación de Ingenieros Agrónomos del Norte de Buenos
Aires (Aiamba).
La Asamblea por
la Protección de la Vida, la Salud y el Ambiente cuestionó el
accionar de científicos y funcionarios y cuestionó la
investigación: “El estudio resulta totalmente incompleto porque no
contempla los productos de mayor uso actual. La comunidad no tuvo
acceso a los resultados escritos. Sólo se tuvo acceso a lo que los
investigadores comentaron en su visita y a los resultados
individuales de sangre. Tampoco hubo un resultado de escrito del
análisis de agua”, explicó Jorge Dauach, de la Asamblea.
Pergamino
Pampa Húmeda.
Las tierras más productivas y preciadas del país. Allí está
Pergamino, noroeste bonaerense, a 220 kilómetros de Capital Federal,
105 mil habitantes y 300 mil hectáreas. El 60 por ciento tiene soja.
El otro 20 por ciento, maíz transgénico y trigo. Desde 1997 es la
“Capital Nacional de la Semilla”. Allí están Monsanto,
Palaversich, Produsem, Sursem, Rizobacter, Dreyfus, Agronort
(distribuidor oficial de Bayer CropScience, Dow, BASF y Don Mario) y
Gesagro (representante de Syngenta). Las pocas empresas que no están
en Pergamino, se radican a 140 kilómetros, en Venado Tuerto.
La Asamblea por
la Protección de la Vida, la Salud y el Ambiente nació en 2013.
Herejes que denunciaban las consecuencias del modelo agropecuario
(desde fumigaciones hasta las consecuencias sociales) en una ciudad
donde todo se mueve a ritmo “del campo”.
Redactaron un
proyecto de ordenanza para limitar las fumigaciones. Solicitaron 500
metros para las aspersiones terrestres y 3000 metros para las aéreas.
Muy rápido salió
al cruce “Agrolimpio”, un conjunto de instituciones que son parte
del negocio: Sociedad Rural, Aapresid, Casafe, CREA, empresas de
aeroaplicación y la Federación de distribuidores de insumos.
También sumaron su apoyo la Asociación de Ingenieros Agrónomos del
Norte de Buenos Aires (Aiamba), sectores de la Universidad Nacional
del Noroeste de la provincia de Buenos Aires (Unnoba), sectores del
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la abogada,
Analía Balbarani. La propuesta de Agrolimpio: 100 metros para los
químicos más tóxicos y sin distancia para los “banda verde”
(glifosato y atrazina, entre otros).
El intendente,
Héctor Cachi Gutiérrez, y 18 concejales (de un total de 20) se
inclinaron por la propuesta empresaria pero en un intento de
“conciliación” establecieron 100 metros de distancia para todo
agroquímico. Agrolimpio pidieron el veto a la ordenanza y distancia
cero para el glifosato.
La salud en
riesgo
Desde la Asamblea
exigieron mayor distancia de protección, cuestionaron el intento de
veto y continuaron con campañas de difusión sobre los riesgos de
los agroquímicos. En junio de 2014 realizan una charla con la
investigadora Delia Aiassa, de la Universidad Nacional de Río
Cuarto. Aiassa, integrante del Grupo de Genética y Mutagénesis
Ambiental (GEMA), confirmó el daño genético en poblaciones
expuestas a agroquímicos, antesala de distintas enfermedades, entre
ellas el cáncer.
El intendente
Omar Pacini (asumió en diciembre de 2013 y finalizó el mandato en
2015) retrucó con el anuncio de “un estudio científico” que
daría cuenta del estado sanitario en Pergamino. Remarcó la
participación de la Facultad de Agronomía y de la Facultad de
Farmacia y Bioquímica (ambas de la Universidad de Buenos Aires) y de
los ministerios de Agricultura y de Ciencia de la Nación.
“Consideramos
que somos un Municipio saludable, pero de cualquier manera tenemos
que corroborar a través de estudios científicos que esto así sea.
Para nosotros es un gusto que gente como estos profesionales vengan a
trabajar a Pergamino”, explicó Leandro Peñaloza, secretario de
Salud del Municipio, cuando presentaron el inicio del trabajo.
Estuvo acompañado
de la directora de Estadísticas y Epidemiología, Adriana
Torriggino; el secretario de Producción, José Apesteguía; el
director ejecutivo del Instituto de Ética Legal de la Facultad de
Agronomía, Jorge Elustondo; y las investigadoras de la Cátedra de
Toxicología y Química Legal de la Facultad de Farmacia y
Bioquímica, Edda Villaamil Lepori y María Irigoyen.
Elustondo anunció
que contaban específicamente con el apoyo del ministro de ciencia,
Lino Barañao, y de las autoridades del Ministerio de Agricultura de
Nación.
Villaamil Lepori
explicó la metodología de trabajo: “Queremos evaluar qué es lo
que pasa y cuál es el impacto de los agroquímicos que se están
utilizando, principalmente con lo que tiene que ver con los cultivos
transgénicos, tanto en el ambiente como en la salud humana. Es
importantísimo tener datos del uso, de cómo se aplica y de los
probables niveles de exposición en la población humana. Queremos
evaluar los alimentos y algunas cuestiones en sangre y orina”.
María Irigoyen
señaló que “la estrella es el glifosato, el malo de la película
o no, pero nosotros vamos a estudiar a la gente el impacto sobre su
salud de todos los componentes, no solamente del glifosato”.
Explicaron que
tomarían muestras de suelo, agua, y analizarían sangre y orina de
la población.
Investigando la
investigación
Desde la Asamblea
comenzaron a inquietarse a mediados de 2015, cuando los resultados no
aparecían. Pidieron información al Municipio y no tuvieron
respuesta.
En diciembre de
2015, Pedro Courtial (de la Asamblea) comenzó a buscar por Internet.
Ya había pasado un año de la toma de muestras y no tenían ningún
resultado (su esposa fue una de las voluntarias del análisis de
sangre y orina). Y llegó la sorpresa: una de las científica
referentes del estudio,Villaamil Lepori, había presentado en
septiembre parte de los resultados de la investigación en el XIX
Congreso Argentino de Toxicología. Pero nunca les había informado
los resultados a la comunidad afectada.
El resumen señala
que se encontraron con mayor frecuencia los agroquímicos DDT,
endosulfán y y metilclorpirifós. En sangre se encontró DDT,
heptacloro, aldrin, endosulfán, metilclorpirifós y cipermetrina.
En agua se encontró también DDT, clorpirifós y cipermetrina, entre
otros. Todos químicos usados décadas pasadas, persistentes y con
numerosa bibliografía que da cuenta de esa presencia en las zonas
agrícolas. Por lo cual, dentro del ámbito académico, no es novedad
su aparición en estudios.
El trabajo señala
que esos fueron los “plaguicidas hallados”, pero no señala
cuáles fueron los químicos buscados.
Científicos de
cuatro universidades públicas (UBA, Río Cuarto, Litoral y La Plata)
explicaron a lavaca que es “una obviedad” buscar químicos como
el DDT porque la novedad sería no encontrarlo en tierras agrícolas
de Argentina. Por contraposición, señalaron que hay que buscar los
químicos que se usan en la actualidad.
Reclamo y
respuesta
La Asamblea
cuestionó de inmediato a las autoridades municipales. Había pasado
más de un año de la extracción de sangre y entrega de muestras de
orina, y nunca les habían dado los resultados.
A las 48 horas,
el Municipio y los científicos dieron a conocer los resultados en el
Concejo Deliberante. El diario La Opinión de Pergamino realizó una
crónica detallada. Olga Heredia, de la Facultad de Agronomía de la
UBA, inició la charla con un agradecimiento a Aapresid (empresarios
del agro) por colaborar en la toma de muestras de agua y suelo. Luego
precisó que encontraron niveles “bajos” de glifosato en agua en
base a “parámetros internacionales de nivel máximo de 700 PPB
(microgramos por litro)”. La investigadora no aclaró que no hay
consenso científico sobre el nivel máximo del herbicida en agua.
Mientras Estados Unidos acepta 700 PPB, la Unión Europea sólo
permite 0,1 PPB.
Reconoció que
hubo casos con niveles altos pero lo atribuyó a “alguna excepción
que puede atribuirse a una contaminación puntual. En general son
niveles muy bajos, no representan ningún tipo de riesgo”. Respecto
al agua de red (de consumo humano), afirmó que “se ha encontrado
(glifosato) en algunas muestras, pero a niveles bajos”.
No aclaró qué
niveles son bajos ni en cuántas muestras se detectó la
contaminación.
Edda Villaamil
Lepori explicó que utilizaron un análisis llamado
“colinesterasas”, que implica evaluar las enzimas que se inhiben
por los químicos. “Confirmamos la hipótesis de que hay una
exposición a insecticidas no relacionados con la actividad
agropecuaria y posiblemente al uso doméstico. Son niveles bajos y no
significa intoxicación”, afirmó.
Resaltó la
presencia de DDT y, respecto al agua, sostuvo que existen “niveles
bajos de plaguicidas (…) y no se han encontrado niveles elevados de
glifosato”.
Nunca se
entregaron los estudios completos a la población y tampoco
explicaron que el análisis de “colinesterasas” es principalmente
para intoxicaciones agudas (que se producen en el momento de la
manipulación) y no para afectaciones crónicas (prolongadas en el
tiempo), para lo cual debieran hacerse pruebas genéticas, como hacen
investigadores de las universidades de Río Cuarto y el Litoral,
entre otras.
Tampoco se
entregaron los estudios de orina, donde es más factible encontrar
glifosato y su metabolito AMPA, que es el principal producto de la
degradación del glifosato (el herbicida se transforma,
principalmente por acción de enzimas bacterianas del suelo, en
AMPA).
Los responsables
El principal
referente en la firma del convenio fue Eduardo Pagano, que figura
como “investigador responsable”. Es uno de los referentes del
agronegocios de la UBA, ex vicedecano de la Facultad de Agronomía y
desde su cátedra en la universidad trabaja junto a la semillera Don
Mario. Integra la Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia),
espacio responsable de la aprobación de los transgénicos en el
país, en base a estudios de las propias empresas y con expedientes
confidenciales.
También
sobresale Jorge Román Elustondo, uno de los impulsores del estudio.
Ingeniero agrónomo, oriundo de Pergamino y era -al momento de la
investigación- director del Instituto de Ética y Calidad
Agroindustrial de la Facultad de Agronomía de la UBA. Una serie de
muestras fueron tomadas en cercanías de su campo, donde impulsa el
barrio cerrado “Chacras de Pergamino”, de 76 hectáreas.
Los resultados
positivos, “niveles bajos de plaguicidas”, son otro argumento
favorable al momento de vender los lotes.
Elustondo es un
férreo impulsor del modelo de agronegocios. El 10 de diciembre
asumió en el gobierno de María Eugenia Vidal como ministro de
Producción, Ciencia y Tecnología, desde donde articula con con su
par de Agroindustria, Leonardo Sarquís (ex gerente de Monsanto).
En julio pasado,
Vidal dividió el Ministerio. Nombró al intendente de San Miguel,
Joaquín De La Torre en Producción y Elustondo quedó a cargo del
Ministerio de Ciencia.
Habla una de las
responsables: “No pudimos hacerlo por problemas de equipamiento”
Edda Villaamil
Lepori es doctora en toxicología y titular de la cátedra de
Toxicología y Química Legal de la Facultad de Farmacia y Bioquímica
de la UBA. En 2009 formó parte del cuestionado “informe sobre
glifosato”, una maniobra de Lino Barañao para mantener el uso de
glifosato. El trabajo fue denunciado por utilizar bibliografía
sesgada, equiparar estudios de Monsanto (la principal empresa
involucrada) con trabajos de científicos independientes y por la
total ausencia del principio precautorio, exigencia legal de que,
ante incertidumbre, prevenir consecuencias en la salud y el ambiente.
Villaamil Lepori
fue una de las firmantes de ese cuestionado trabajo. También tiene
relación con el Instituto Internacional de Ciencias de la Vida
(ILSI), que cuenta entre sus socios directos a las multinacionales de
agroquímicos y transgénicos Bayer, Dow Agro Sciences, Syngenta y
Monsanto. Villaamil Lepori es integranta de la Subcomisión de
Fitosanitarios de ILSI.
“¿Conflictos
de intereses? ¿Por qué? En ILSI yo tengo libertad para decir lo que
pienso”, respondió ante la pregunta de tener relaciones con
empresas químicas y realizar estudios que podrían inculparlas.
En diálogo con
lavaca reiteró los resultados de los estudios, aceptó que (en las
muestras de sangre) no buscaron glifosato, atrazina ni 2-4-D (los
químicos más utilizados en la actualidad) y reconoció que no
hicieron los análisis en orina. Lo atribuyó a un “impedimento
técnico”. La investigadora señaló que este trabajo es una
continuidad del realizado en 2009 sobre glifosato (impulsado por Lino
Barañao) y que, en este caso, también fue impulsado por el
Ministerio de Ciencia.
Los análisis que
no se pudieron hacer son estudios importantes al momento de estimar
el impacto de químicos en humanos.
Sí, pero no
pudimos hacerlos por problemas de equipamiento.
¿Por qué no se
contrató a otro laboratorio?
No estaba en el
proyecto.
¿Buscaron en
agua atrazina, 2-4-D, químicos muy usados en el agro actual?
No.
¿Buscaron
glifosato, atrazina y 2-4-D en sangre?
No.
¿Por qué?
Porque no estaba
en el diseño el proyecto buscar atrazina y 2-4-D y no contamos con
todos los equipos para glifosato.
Pero ustedes
anunciaron que buscarían glifosato en sangre y orina
Sí, pero ya le
dije que tuvimos dificultades con los equipos.
Investigadores me
han afirmado que uno de los métodos más precisos para humanos es
hacer pruebas genéticas de poblaciones. Usted sabe que a mayor daño
genético, mayor probabilidad de ciertas enfermedades, como el
cáncer.
Trabajar con
población humana que está expuesta a muchísimas cosas que son
potenciales genotóxicos y sacar conclusiones respecto a plaguicidas…
me parece poco serio. En mi opinión es muy difícil encontrar daño
genético y hacer responsable al glifosato. Quienes hacen asado y
están expuestos al humo del asadito, también están expuestos a
genotóxicos que producen daño genético…
Ciencia y mito
La Asociación de
Productores de Siembra Directa (Aapresid) es la organización de
empresarios y productores del agronegocios de mayor lobby político.
De estrecha relación con las grandes compañías semilleras y de
agroquímicos. Todos los años realiza su congreso anual, la tribuna
desde donde los defensores del modelo marcan sus líneas de trabajo y
acciones. El congreso 2016 comienza el próximo miércoles y una de
las figuras más anunciadas es Villaamil Lepori. Su disertación fue
publicitada como “los mitos del glifosato”.
Para la difusión
de la charla adelantó que “han determinado un grado muy bajo de
presencia de glifosato” en poblaciones rurales y urbanas remarca:
“Creemos que estamos en condiciones de desmitificar al glifosato y
a sus efectos; ya que no hay evidencia científica de enfermedades
cancerígenas ni otro tipo de patologías, después de todas las
investigaciones realizadas”.
El trabajo de
Villaamil Lepori no fue publicado por ninguna revista científica,
tradicional forma de validación entre pares y requisito
indispensable que los defensores del agronegocios suelen exigir a las
investigaciones que cuestionan al modelo transgénico.
“No se puede
encontrar lo que no se busca”
El viernes 29 de
julio la Asamblea por la Protección de la Vida, la Salud y el
Ambiente de Pergamino dio una conferencia de prensa y emitió un duro
cuestionamiento al estudio realizado por los investigadores de
Agronomía y Farmacia y Bioquímica de la UBA, y financiado por los
ministerios de Agricultura y de Ciencia. “No se analizaron otros
agroquímicos (además de glifosato) utilizados en la actualidad en
la agricultura, como tampoco se analizaron ninguno de los utilizados
para la optimización y eficacia del glifosato en el tratamiento de
plagas (de uso y práctica habitual en la agricultura en éste tipo
de tratamiento). Por lo que el estudio hace un análisis minimísimo
en relación a lo que es el uso de agroquímicos y su incidencia en
suelo y agua”, denuncia.
Ante la falta de
entrega del trabajo, la Asamblea reconstruyó los resultados vía
distintas fuentes. Y precisó los resultados parciales:
El glifosato
fue el único principio activo analizado por los investigadores (a
nivel ambiental). Se encontró en agua superficial, napas y agua de
consumo humano. En humanos no lo buscaron en sangre y no se
realizaron los estudios en orina.
Estudios en
suelo. Se encontró glifosato y AMPA, tanto en suelos dedicados a la
agricultura como no agrícolas.
“El principio
activo (glifosato) se encuentra durante todo el año tanto en las
muestras de suelo como en las de agua. Esto marca una presencia
continua, habitual y crónica lo que merece especial atención en
rangos de incidencia y exposición”, alertaron.
Recordaron que el
discurso empresario y oficial era que “el glifosato se degrada
fácilmente”, “no persiste en el ambiente” o “no existe
deriva”. En base los resultados, la Asamblea afirma: “Hay una
sobrecarga ambiental en relación al principio activo buscado y
analizado. Son falaces las afirmaciones respecto a su degradación.
Nos negamos a que continúe una práctica productiva que nos condena
a un mayor nivel de contaminación”.
También
destacaron que “otro dato alarmante es la presencia de glifosato en
agua de bebida. Esta circunstancia no ha sido informada a la
población que consume habitualmente el agua de red que provee la
Municipalidad de Pergamino, por ninguna autoridad pública
competente, sin que los ciudadanos hayamos tenido la posibilidad de
decidir respecto a la calidad del suministro de un elemento esencial
para la vida y que constituye un derecho humano básico”.
Cuestionaron el
sesgo no casual que tuvo el estudio. “En relación al análisis de
agrotóxicos en sangre consideramos que el estudio resulta
incompleto, porque sólo midieron algunos insecticidas
(organoclorados, ciertos organofosforados, ciertos piretroides en
plasma). La mayoría no está en uso actualmente. A su vez, no se
efectuaron mediciones en relación a los herbicidas y otros
agrotóxicos más usados en la actualidad (atrazina, 2-4-D, dicamba,
entre otros). A los fines de medir plaguicidas en humanos el estudio
resulta totalmente incompleto porque no contempla los productos de
mayor uso actual”.
No se puede
encontrar lo que no se busca. El estudio en Pergamino no buscó los
químicos más utilizados en el agro actual.
“Este estudio
no es representativo para evaluar el impacto actual en humanos en
nuestra región. Tampoco se sabe ‘a ciencia cierta’ cuáles son
los valores máximos tolerables de exposición porque no están
establecidos, razón por la cual todo lo que se pueda estimar al
respecto queda en el rango de simple conjetura”, resaltó la
Asamblea de vecinos.
Promesas no
cumplidas
Los ciudadanos de
Pergamino entregaron muestras de orina para el análisis de químicos.
La Asamblea afirmó: “Los análisis nunca fueron presentados.
Consideramos que el acceso al resultado de los mismos es muy
significativo porque constituye la vía más idónea (tal como lo
demuestran estudios realizados en nuestro país) para poder detectar
la presencia de glifosato en el cuerpo humano”.
No fue la única
promesa no cumplida. “En relación a los alimentos que consume la
comunidad, no se realizaron análisis para detectar presencia de
agroquímicos, a pesar de que esto fue anunciado en la presentación
del proyecto, tanto por funcionarios como por científicos”,
cuestionó la Asamblea de Pergamino.
También
explicitaron los conflictos de intereses de Pagano y Villamil Lepori,
por sus relaciones con empresas del sector. Y cuestionaron a la
toxicóloga: “Consideramos que las expectativas declaradas por la
doctora Villaamil Lepori al afirmar ‘queremos evaluar qué es lo
que pasa y cuál es el impacto de los agroquímicos que se están
utilizando, principalmente con lo que tiene que ver con los cultivos
transgénicos tanto en el ambiente como en la salud humana’, no han
sido contempladas en su totalidad en el estudio, al resultar un
análisis incompleto justamente en las cuestiones más críticas”.
Los asambleístas
cuestionaron que nunca les fue entregado el pre-informe científico.
Sólo obtuvieron algunos resultados en la presentación municipal de
2015 y el resto fue vía escritos académicos y por internet.
Solicitaron conocer el convenio entre la Municipalidad, las
facultades de la UBA y el Ministerio de Agroindustria y Ciencia.
Punta de lanza
“Buenas
prácticas agrícolas”, es el término impulsado por Aapresid y
Casafe (cámara empresa de agroquímicos donde están Monsanto,
Syngenta, Bayer y todas las grandes empresas de químicos) que
justifica el uso masivo de plaguicidas y culpa al “mal uso” de
las consecuencias sanitarias y ambientales del modelo. De esta
manera, el relato argumental señala que con “buenas prácticas
agrícolas (BPA)”, no habrá efectos no deseados con las
fumigaciones.
Las BPA son
cuestionadas por las organizaciones sociales y pueblos fumigados. Lo
equiparan a Barrick Gold y su promesa de “minería sustentable”,
o cuando Chevron-YPF y su eslogan de “fracking seguro”. Asambleas
y pueblos fumigados asegurar que el problema es el modelo químico
que se aplica en el agro, no las “buenas (o malas) prácticas”.
Sin embargo, los
funcionarios de distintos signos políticas hicieron propio el
discurso empresario. El 5 de julio pasado, la gacetilla de prensa del
Ministerio de Agroindustria de Buenos Aires tituló: “Buenas
prácticas agrícolas. El ministro Sarquís firmó convenio para el
correcto uso de fitosanitarios”. Se trata de un acuerdo para
promover el “uso racional” de las fumigaciones en tres
municipios: Tandil, Trenque Lauquen y Pergamino.
La iniciativa fue
impulsada por la Cámara Empresaria de Distribuidores de
Agroquímicos, Semillas y Afines (Cedasaba) y la intención es
replicar la experiencia en otros municipios. Menciona la existencia
de “áreas de amortiguamiento” para proteger a la población,
pero no precisan qué distancias.
“Queremos que
antes de fin de año exista una nueva ley de agroquímicos en la
provincia de Buenos Aires. Este es un avance importantísimo”,
señaló Sarquís, actual ministro de Agroindustria y ex gerente de
Monsanto.
Al día
siguiente, el 6 de julio, el Senado bonaerense dio media sanción a
una ley de agroquímicos que permite fumigar con glifosato, atrazina
y 2-4-D (entre otros químicos) a sólo diez metros de distancia de
las viviendas. Ninguna provincia se había animado a tanto.
Fuente:
Darío Aranda, Operación Pergamino: la verdad de la mentira, 31/07/16, Lavaca. Consultado 01/08/16.
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