Es
una de las obras de mayor impacto de los últimos años y muy
reclamada por los vecinos de Empalme. En julio empieza a funcionar.
por
Eugenia Langone
Es
quizá una de las obras de infraestructura más reclamada por los
vecinos de los barrios del noroeste, especialmente los históricos
militantes contra las inundaciones de Empalme Graneros. Y es sin
dudas, según aseguran los expertos, la construcción hidráulica de
mayor magnitud que la provincia lleva adelante en Rosario en las
últimas dos décadas. El Aliviador III es un enorme tubo de hormigón
de cinco metros de diámetro que corre por debajo de la avenida
Sorrento, tiene 2.300 metros de largo -la misma longitud que el
entubamiento del túnel subfluvial que une las ciudades de Paraná y
Santa Fe- y contará una capacidad de evacuación de 60 mil litros
de agua por segundo, el equivalente a dos camiones cisterna. A sólo
un mes de comenzar a estar operativo, las interminables lluvias de
febrero y abril pasado lo sometieron a su primera prueba de fuego
cuando el nivel del arroyo Ludueña se incrementó intempestivamente
y las aguas ingresaron por la enorme tubería que llevó casi tres
años construir. Hoy, ya sobre el final de los trabajos, un paredón
evita el ingreso de las aguas y permite recorrerla en su interior.
A la hora de explicar la obra los ingenieros y especialistas usan la metáfora de la cirugía del bypass cardíaco -la derivación de las arterias coronarias-, y aseguran que justamente se trata de derivar las aguas del Ludueña cuando su cauce crece de manera tal que desborda. "Cuando el agua sube por encima de determinado nivel, el entubamiento se la lleva directamente hacia el río Paraná", explica Fernando Gavio, jefe de obra.
Justamente,
evitar los desbordes significa nada menos que impedir las
inundaciones en los barrios de la zona noroeste de la ciudad,
fundamentalmente en Empalme Graneros, cuyos dirigentes vecinales,
luego de la histórica inundación de abril de 1986 y organizados en
Numain (Nunca Más Inundaciones), motorizaron las obras hidráulicas
que vinieron después: primero la represa del Ludueña y el Aliviador
II, y ahora el III.
Técnicamente y de acuerdo a los datos del Ministerio de Infraestructura de la provincia, se trata de 2.270 metros de túnel de hormigón de cinco metros de diámetro y ubicado 12 metros por debajo de la superficie, con una embocadura en el arroyo Ludueña aguas abajo del puente de Sorrento y una desembocadura -también llamada descarga- en el mismo arroyo entre los puentes de Nansen y Frondizi, apenas 400 metros aguas arriba del río. Un proyecto que requirió una inversión que ya alcanza los 300 millones de pesos.
Tierra
y agua. Más allá del detalle técnico, la construcción a manos de
la unión transitoria de empresas conformada por Obring SA y Edeca,
fue todo un desafío. Más de tres años llevó realizar sólo el
túnel subterráneo, una pelea constante contra el desmoronamiento de
la tierra, el agua y el barro, que llegó a necesitar a más de 150
operarios trabajando las 24 horas.
Juan
Manuel Calderón es ingeniero civil e inspector de la obra desde el
inicio, cuando el tubo comenzó a excavarse en enero de 2013. "Uno
de los principales problemas fue trabajar en una lenteja de suelo muy
desmoronable todo el tiempo, lo que generaba mucho riesgo y obligaba
a avanzar muy lentamente", recuerda.
Tanto
es así, que indica que en jornadas de entre 10 y 12 horas de trabajo
se avanzaba pocos metros. "Hubo días en que apenas se podían
hacer 50 centímetros", dice.
La
excavación se hacía a través de
retroexcavadoras de pequeño porte y es el jefe de obra el que indica
que el trabajo requería excavar y colocar hormigón inmediatamente
para evitar desmoronamientos.
"El
agua fue otro problema. Todo el tiempo es agua y más agua que brota
de todos lados", acota Calderón, y señala el lodazal sobre el
que está parado en el ingreso al conducto. La solución: unas 40
bombas a lo largo de la excavación sacaron agua constantemente.
Las
cifras. Las equivalencias dan dimensión de los trabajos. Los dos
kilómetros de túnel requirieron retirar 55 mil metros cúbicos de
suelo y utilizar 7.500 metros cúbicos de hormigón, un equivalente
al material utilizado para levantar una decena de edificios de 12
pisos (según los especialistas se usan entre 700 y 800 metros
cúbicos para hacer una torre promedio de 12 pisos).
Realizar
la embocadura del conducto obligó a avanzar sobre el lecho del
arroyo y construir allí un piso flexible de hormigón que protege
ese mismo lecho de la erosión del agua. Y la desembocadura, varios
metros bajo el agua, fue hecha por buzos tácticos que pusieron
hormigón en la descarga subacuática.
Hoy
una enorme compuerta tapa el conducto a la salida y un paredón
protege el ingreso. En un mes, la pared será derrumbada, el conducto
se llenará de agua y los buzos bajarán esta vez a abrir la
compuerta. El Ludueña tendrá su cirugía terminada. Y los vecinos
de Empalme, más tranquilos, estarán menos pendientes de las
lluvias.
Fuente:
Eugenia Langone, Aliviador III: más de dos kilómetros de hormigón que evitarán inundaciones, 12/06/16, La Capital. Consultado 13/06/16.
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