Desde hace unos días, contamos por primera vez con la presencia de Vandana Shiva en Argentina. Convocada por el Festival Internacional de Cine Ambiental (FINCA), hace una semana fue entrevistada por la periodista Soledad Barruti, autora del libro Malcomidos. Shiva, luchadora contra el agronegocio en India, se convirtió en una referente del ecologismo a nivel planetario. En este artículo, Martín Dalla Zorza nos comparte los pasajes más relevantes de este diálogo público sobre nuestras soberanías alimentarias.
por
Martin Dalla Zorza
Con
el anuncio del Tribunal contra Monsanto convocado para el próximo 16
de octubre en La Haya, la misma ciudad que es sede de la Corte
Internacional de Justicia, daban la bienvenida a Vandana Shiva, la
reconocida filósofa, científica y escritora india. Su obra entera
está dedicada a la defensa de la biodiversidad y la soberanía
alimentaria de los pueblos, y precisamente será una de las
personalidades más destacadas de las que estarán presentes en el
juicio simbólico contra la multinacional. Por eso su paso por Buenos
Aires fue un acontecimiento especial.
La
entrevista que le hizo Soledad Barruti fue parte del reciente
Festival Internacional de Cine Ambiental (FINCA), que además de la
competencia de films organizó algunas actividades especiales.
Vandana Shiva marcó la agenda, por eso el aula magna de la Facultad
de Medicina estaba llena esperando por su testimonio. Comenzó
recordando el trabajo de Andrés Carrasco, el científico argentino
que comprobó los efectos del glifosato. Luego contó su inicio en la
defensa medioambiental y realizó un análisis de la lucha contra el
agronegocio en nuestro país y en el mundo.
- ¿Qué
fue lo que te llevó a generar un pensamiento y una manera de
comunicar todas las problemáticas?
- Los
bosques siempre fueron el lugar donde aprendí, y cuando vi que
estaban desapareciendo me uní a un movimiento en la década del
setenta con un grupo de mujeres que decidió hacer frente a este tema
y abrazó a los árboles para evitar que sean derribados. Ese fue el
movimiento conocido como Chipko. De mis hermanos y compañeros del
Himalaya aprendí entonces cómo el hecho de abrazar puede ser una de
las herramientas fundamentales para frenar la destrucción. De ellos
también aprendí de biodiversidad porque sabían mucho más que los
conocidos expertos, y aprendí a respetar el conocimiento indígena y
el conocimiento de los que aún no habiendo ido a la universidad
tenían mucho por enseñar. Pero lo más importante es que aprendí
el poder de trabajar todos juntos.
En
1984 sufrimos el desastre de Bhopal y muchos niños nacieron con
malformaciones. En el mismo año se empezaron a levantar plantas de
químicos, lo que se conoció como revolución verde, que de verde no
tenía demasiado. La revolución verde trajo prosperidad pero no
trajo paz, por eso empecé a dedicarme a esto y me di cuenta de que
muchas cosas de las que decían no eran ciertas. La primera mentira
es que los químicos producen más alimentos: la realidad es que los
tóxicos producen muchas enfermedades. La industria de la
biotecnología y ese modelo industrial comenzaron a definir que
necesitaban este tipo de ingeniería genética, obviamente para
generar mayores ganancias, y la única manera de hacerlo fue a través
de las patentes. Generaron más acuerdos vinculados al comercio, como
el derecho de la propiedad intelectual, y ahí es donde me di cuenta
que debía involucrarme.
- Uno
de los discursos que más se debate es la posibilidad de que los dos
sistemas convivan, de que el agronegocio y la agricultura de pequeña
escala conserven sus espacios. ¿Qué pensás sobre la coexistencia
de los dos modelos?
- En
primer lugar la agricultura industrial es un modelo completamente
ineficiente. Ineficiente en términos de energía, financiero,
ecología, económicos. Utiliza diez veces más la cantidad de
insumos de lo que realmente necesita para producir. Está requiriendo
un montón de subsidios y de hecho se gastan más de 400 mil millones
en subsidios. La idea de la coexistencia es hermosa si pensamos en
alimentos que sí pueden coexistir, como por ejemplo el trigo y el
maíz en el campo. Pero sería un fraude científico pensar en hacer
coexistir una agricultura industrial y la agricultura orgánica.
Cuando uno ha definido fumigar campos con Roundup no hay manera de
que los pequeños campesinos puedan sobrevivir, porque el Roundup
está diseñado y elaborado para matar. No podemos hablar de una
coexistencia entre los genéticamente modificados y los orgánicos,
además, porque familias que han sido dañadas no han podido demandar
a Monsanto sino que Monsanto los ha demandado a ellos. Promover los
transgénicos significa ignorar a la agricultura orgánica. Todas las
leyes y los cambios que se están llevando a cabo están a favor del
daño y reprimen a los cultivos orgánicos.
- ¿Qué
relación se establece entre el avance del agronegocio y la violencia
en las ciudades, en el campo, en distintos lugares?
- La
agricultura industrial significa guerra, no metafóricamente sino
materialmente. Todo tipo de tóxico tiene sus raíces en los químicos
que se han utilizado para la guerra. Por eso hay muchas bombas hoy en
día que están hechas de fertilizantes. Pero también significa
guerra en lo que refiere a cómo nos hace pensar a nosotros en
términos de biodiversidad, en cuanto al planeta. Se nos hace creer
que cualquier insecto es una plaga y hay que matarlo. Cada planta que
no es una commodity es una maleza, hay que matarla. Los campesinos,
que trabajan por y para una soberanía alimentaria, es el enemigo.
Por supuesto eso contribuye a la violencia. Estamos hablando
violencia a todo nivel. Y cuando hablamos de agroecología y
soberanía alimentaria estamos hablando de paz a todo nivel.
- Hoy
en día la ciencia se tornó en algo bastante poco científico en la
medida que niega las interconexiones que existen, en la medida que se
vuelve más parcial, y en la medida que es cada vez más
comercializada. ¿En qué momento pasó eso y cómo puede
modificarse?
- La
ciencia simplemente significa saber, esa es su raíz en latino. En el
sentido auténtico del término, todo aquél que conoce es un
científico. Comenzó a ser definida como objetiva necesariamente a
partir de la revolución industrial y la utilización de los
combustibles fósiles, con el desarrollo del capitalismo. En el
momento en que Bacon, Newton y Descartes la comenzaron a definir como
mecanicista y empezaron a rechazar todo tipo de ciencia más
ecologista. De hecho Bacon escribió un libro que se llamó El
nacimiento masculino del tiempo. Habría una era del superhéroe que
sería hombre y recibiría el conocimiento desde arriba. Y aparte de
la tierra. Todavía están tratando esa parte [risas].
Monsanto
obviamente destina miles de millones de dólares a declarar quiénes
son los verdaderos científicos. Esta propia facultad sería víctima
de esta declaración, de ser anticientífica. Por eso es un buen
momento para plantarse y oponer resistencia a la propaganda que se
vende como ciencia y que no lo es. Contra la ignorancia que se vende
como ciencia.
- Es
importante destacar que la otra ciencia está en creación y expasión
permanente: ustedes crearon la Universidad de la Tierra que hace
investigaciones.
- Creo
que estamos en un momento ideal porque la conjunción de los
conocimientos milenarios, que tienen más de 10.000 años, con las
nuevas ciencias de la ecología hace que sea un momento muy próspero.
Estamos viendo que la salud va del suelo hasta las plantas y luego a
nuestra propia salud. Y nos está haciendo dar el salto del
reduccionismo que implica la ciencia mecanicista. Por eso fundamos la
Universidad de la Tierra en Navdanya. El tribunal contra Monsanto no
será solamente un juicio contra ellos y las otras compañías por
llevar más de un siglo de ecocidio, sino también será una
celebración de los otros conocimientos que emergen. Gracias a ellos
estamos construyendo un futuro que no esté basado en la violencia.
[Al
inicio de la charla se proyectó un cortometraje sobre un banco de
semillas en Brasil. Para Vandana Shiva ese es un acto político que
permite enfrentar un modelo de patentes pernicioso para el medio
ambiente y la sociedad. Así se ha manifestado a lo largo de todos
los países que visita, liderando su lucha contra las multinacionales
que lideran este modelo].
- ¿Viste
en México similitudes con lo que pasa en India o en otros países de
Latinoamérica?
- Cada
lugar es distinto, y esa es la riqueza de la diversidad, pero la
lucha es la misma. Nosotros tenemos una lucha contra Monsanto para
que deje de cobrar regalías, ustedes tienen el mismo problema con
las regalías de la soja. Monsanto y otras compañías se creen
dueños de la tierra. Obviamente a través de la mentira, diciendo
que ellos son dueños de la semilla, buscan hacerse más poderosos. Y
ahora que el nombre Monsanto se ha convertido en algo tan malo para
todos están tratando de modificarse a ellos mismos genéticamente
-por la intención de Bayer de comprarla-. Cuando los gobiernos
intervienen para defender a los agricultores, los atacan también. En
las área obreras de India perdimos 300 mil agricultores por las
deudas en que incurrían. Miren la cantidad de niños en este país
que nacen con malformaciones. Brasil perdió un caso: es ese país
Monsanto estaba juntando 2.200 millones de dólares en regalías.
Simplemente lo que hicieron fue deshacerse del ministerio que
promovía la agroecología. Los lugares pueden ser distintos pero
todas las luchas son parecidas. Por eso tenemos que organizarnos
colectivamente y declarar un movimiento mundial de resistencia.
Para leer el resto del artículo dirigirse a ComAmbiental
Entradas
relacionadas:

No hay comentarios:
Publicar un comentario