El científico Andrés Carrasco hizo llegar este artículo a la
agencia lavaca, que plantea un debate sobre el actual rol de la ciencia y las
políticas en la materia, el rol de las corporaciones y la diferencia que
implica poner al mercado, y no a la sociedad y la democracia como ejes de las
políticas científicas.
El PLACTED
En octubre de 2010 se creo en el ámbito del Mincyt, el
“Programa de Estudios sobre el Pensamiento Latinoamericano en Ciencia,
Tecnología y Desarrollo” (PLACTED) con el pomposo objetivo de promover la
difusión, debate y producción de conocimientos sobre el Pensamiento
Latinoamericano en Ciencia, Tecnología y Desarrollo, en referencia a la
corriente de fines de los años sesenta y la década del setenta que agrupo a un
conjunto de científicos y tecnólogos que “coincidían en el cuestionamiento a la
neutralidad y a la universalidad del desarrollo científico y tecnológico”.
Postulando “la necesidad de desarrollar una ciencia y una tecnología a escala
nacional vinculadas con los problemas productivos y sociales locales, y de
adquirir autonomía de las desarrolladas en los países centrales”
Los objetivos del PLACTED proponen “recuperar, promover y
difundir la producción académica del Pensamiento Latinoamericano en Ciencia,
Tecnología y Desarrollo en nuestro país y la región. Analizar los desafíos
actuales del sector CTI a la luz del Pensamiento Latinoamericano como insumo
estratégico para la definición de políticas públicas que promuevan la autonomía
científica, tecnológica e innovativa. Promover la vinculación entre las
actividades científicas, tecnológicas e innovativas con las demandas
productivas y sociales locales.
Porque se crea el PLACTED
La política de concentración de recursos y la concepción de
generar conocimiento destinado a ser tratado como mercadería transferible al
sector privado, acompañada de la paulatina privatización de los centros del
aparato científico universitario y no universitario requirió crear un lugar
desde donde se propusiera una explicación legitimadora de la política del
Mincyt partiendo de las líneas del pensamiento latinoamericano que Varsavsky y
Rolando García sostuvieron. Es justo decir que acompañan de distinta manera en
esta empresa oficial, de recupero del ideario del 70, Universidades como la de
Quilmes y Lanus.
Pero lo cierto es que el pensamiento latinoamericano de los
60 y 70, en plena efervescencia revolucionaria, estaba precisamente intentado
superar la discusión de la etapa desarrollista
jaqueando al cientificismo.
Imaginaba un modelo de ciencia que no miraba al mercado sino
al pueblo y su relación con la producción del conocimiento. Había una crítica
incipiente a lo que llamamos modernidad cuando proponía una ciencia emancipada
y fundamentalmente, democéntrica opuesta a las de la política que hoy
desarrolla el Mincyt de cuño mercadocéntrico.
Pasado y presente
Oscar Varsavsky, uno de los referentes de aquel pensamiento,
decía: “la posibilidad de que el simple desarrollo científico y tecnológico a
la manera del hemisferio norte, facilitara el cambio, a la larga era muy
atractiva frente a la escasez de alternativas” [1] se esbozaba aquí una
explícita crítica al modelo de desarrollo subordinado que ya era ineludible en
aquellos años y que no pintaba tener la intención de revisar las bases del
paradigma de sentido que exploraba Varsavsky.
A tal punto que en Varsavsky en 1972, distinguía dos estilos
culturalmente dependientes en ciencia, el desarrollista y el neocolonial creados
a imagen de la ciencia del hemisferio norte. Ciencia universal, única, neutra,
libre, con el objetivo de buscar la certeza. Mientras el desarrollismo veía en
la ciencia el instrumento para lograr sus objetivos, para el neocolonialismo,
la ciencia, era un artículo suntuario destinado a sus élites Y sostenía que la
ciencia es un instrumento indispensable pero además un fin en sí misma ya que
es la manera de satisfacer la necesidad vital de comprender el mundo.
Estaba convencido que la crítica al cientificismo -todavía
no reciclado en el neodesarrollismo como hoy- debía ser acompañada por una
transformación de instrumentos, estrategias, rupturas epistémicas que pusieran
al trabajador científico en el lugar de transformación social. No el de
proveedor de conocimientos para la industria privada. Su crítica era a la
neutralidad y universalidad de la ciencia y a mercantilizar el conocimiento y
no incluía privatizar sus objetivos primero y luego sus instituciones. Advertía
así que el desarrollismo era incompatible con los objetivos de la liberación
nacional porque producía dependencia encandilado por el fetiche del consumo y
la tecnología de punta.
Por eso Varsavsky señala que “la ciencia no crea todos los
instrumentos” para que el científico pueda explorar la realidad con
objetividad, “sino solo aquellos que el sistema le estimula a crear”. Varsavsky
intuía que los fuertes intereses internacionales en juego, desplegarían las
formas de conocimiento tecnológico necesario y más apto para suplir sus
demandas y no necesariamente las requeridas para la transformación de la
sociedad lejos de la idea del Mincyt que cree que desafiar la universalidad,
neutralidad y certeza de la ciencia es aplicar la lógica de las transnacionales
y sus sucursales locales.
Ciencia, cientificismo y corporaciones
Todavía más explícitamente dice al respecto que: “la ciencia
deja de ser una aventura creativa para transformarse en una inversión rentable
que figura en la cuenta de capital de las empresas con su etiqueta masificadora
y se hace con empleados, con subsidios a universidades o con institutos y
universidades propias”.
Desde aquella percepción, hemos “mejorado”. Tal como plantea
el discurso oficial, hoy parece virtuoso alquilar universidades y/o institutos
pagados por la sociedad toda para que provean sobre pedido el conocimiento que
incremente oportunidades de negocios para las empresas. Esta mercantilización
del conocimiento es el corazón de la política promovida desde el gobierno.
Insinuada en los liberales 90. Se perfecciona en los últimos años y es donde
mejor se ve la pátina neoliberal aggiornada con un discurso neodesarrollista de
cara a satisfacer el mercado global. Aunque esto implique hipotecar lo que
queda del sistema científico argentino.
Esta lógica trae y atrae la colonización de grandes
organizaciones o fundaciones. Así como en los 60 veíamos a la Ford , Rockefeller, Carnegie,
NSF, NIH, BID, AID, que subsidiaban directa o indirectamente a investigadores,
hoy son Harvard, Max Planck, entre otras, que ligadas a intereses y demandas
centrales desembarcan físicamente para direccionar el desarrollo de sentido y
programas de nuestra colonia científica.
Nadie en su sano juicio pensará que esas organizaciones son
organizaciones de ayuda humanitaria. Son instrumentos de control de la matriz
colonial del poder en la que estamos inmersos. El aparato científico esta
desintegrado y es dependiente al punto que un 70 % se financia todavía con
deuda externa. Mas allá de la o las Tecnópolis que quieran inventar, qué autonomía
puede esperarse cuando la demanda la conducen las gigantes empresas
transnacionales y sus testaferros locales?
Varsavsky y otros plantearon todo lo contrario. Ellos creían
en una ciencia creativa, crítica, que diera lugar a la ruptura de marcos
epistémicos que estuviera al servicio del camino emancipatorio de los pueblos,
no el de las empresas.
El cientificismo, fue fuertemente criticado en los 60 y 70.
Sin embargo hoy el cientificismo mientras se desentiende convenientemente de la
“verdad” es absolutamente necesario para que la tecnociencia sostenga la
ilusión de la “certeza” y la “neutralidad” del conocimiento técnico, como
sucede con el discurso oficial elaborado alrededor de la virtud indiscutible de
las biotecnologías entre otras. Desde allí aborta el pensamiento crítico y la
revisión permanente de la dirección y conveniencia del desarrollo científico y
rol político del conocimiento y desarrollo disciplinar. Mientras por otro lado
adopta la posición dominante internacional del poder político y económico que
sostiene el desarrollo neocapitalista. De manera que al cerrar en que la
tecnociencia es neutral, -ahora se llama sustentable- contradice el punto
central de la posición de Varsavsky.
En la real politik del Mincyt, el maquillaje que proponen
los funcionarios del PLACTED, ha resultado insuficiente. Lo denuncia el diseño
del desarrollo disciplinar y las estrategias ajustadas a la demanda de las
corporaciones, la concepción empresarial de la gestión durante la producción de
conocimiento, la internacionalización y globalización de la ciencia, ambas
anticipadas por Varsavsky, la adopción en las instituciones científicas
públicas de la lógica propia de sociedades anónimas y la apropiación por
patentamiento de la naturaleza, y el desembarco de instituciones científicas y
los convenios con universidades extranjeras en función de modelos y necesidades
foráneas que vienen atraídas por las ventajas que generan los agujeros
normativos y regulatorios. El propósito del Mincyt aparece sin filtros en
distintas expresiones del Ministro del área:
“Creo que estamos ante un cambio muy importante porque
prácticamente todos los días hay una cita –hablando- de un investigador del
Conicet en algún medio hablando sobre economía, política y un largo etcétera”.
“Yo creo que tenemos dos alternativas, o nos incorporamos
dignamente en esta economía globalizada o pasamos a ser una especie de reserva
ecológica de la
Costanera Sur del continente latinoamericano”.
“Hoy un chico que estudia ingeniería, química, biología
tiene no solo la posibilidad de ser empleado sino también de tener su propia
empresa”.
“pero si vos a un adolescente le decís que a los 25 años
puede tener empresa auto casa, creo que es un estimulo mas adecuado”.
Bloqueo de la crítica decolonial
La invisibilización que aplica el PLACTED apela al
reclutamiento de “expertos” que den conferencias confinando la palabra autorizada
a los saberes disciplinares específicos que reafirmen el discurso oficial e
impidiendo la libre circulación de miradas de todos aquellos críticos u
objetores que exploran las complejidades del desarrollo, sus emergentes y
consecuencias. Esto de arrinconar en los saberes específicos los instrumentos
de análisis y comprensión, es también un viejo truco del reduccionismo
cientificista tendiente a preservar una vez más la “certeza” y la “neutralidad”
del conocimiento científico.
El PLACTED no es un lugar de debate ni una plataforma
emancipadora y heredera de ideales de los 60-70 sino que confirma que la
política de ciencia y tecnología actual, no responde a la historia de las ideas
que circularon en aquellos décadas. Necesita legitimarse tomando prestadas ideas
y gestas que probablemente ni siquiera son comprendidas por los tecnócratas que
lo dirigen.
Sí es una usina de “adoctrinamiento y cooptación” de
individuos y grupos medianamente críticos. Recurriendo a un relato que apela a
la palabra indiscutida de Varsavsky, el Mincyt avanza en la decisión política
de acomodar el conocimiento a la necesidad del sector privado y la oportunidad
de negocios. Ese maquillaje que asocia las ideas de Varsavsky con la política
científica actual se desvanece cuando escribe:
“La ciencia actual, en resumen, está adaptada a las
necesidades de un sistema social cuyo factor dinámico es la producción
industrial masificada, diversificada, de rápida obsolescencia; cuyo principal
problema es vender -crear consumidores, ampliar mercados, crear nuevas
necesidades o como quiera decirse- y cuya institución típica es el gran
consorcio, modelo de organización y filosofía para las fuerzas armadas, el
gobierno y las universidades.(…) Esto se refleja, hemos visto, en la ciencia
actual de todo el mundo: en los países desarrollados por adaptación, y en los
demás por seguidismo, por colonialismo científico. El que aspire a una sociedad
diferente no tendrá inconvenientes en imaginar una manera de hacer ciencia muy
distinta de la actual. Más aún, no tendrá más remedio que desarrollar una
ciencia diferente”.
La idea opuesta a esta idea aparece en un reportaje en el
Diplo de Junio 2011, donde el ministro Barañao insistía en su concepción
empresarial globalizante:
“queremos vender ciencia como se les ha vendido cerveza a
los jóvenes. Sabemos que la ciencia sin Hollywood no va a ningún lado. A la
ciencia argentina le hace falta marketing”.
“Sabemos que la ciencia sin Hollywood no va a ningún lado.
Si no hay un cambio de los arquetipos que se transmiten no hay financiamiento
ni planificación que vaya a funcionar. Lamentablemente, sigue perdurando la
idea del científico como el viejito loco. A la ciencia argentina le hace falta
marketing”
“Nuestra lógica no es “¿qué es importante saber?” sino “¿qué
conocimiento necesito yo para obtener un determinado resultado?”.
Es necesario insistir en que Varsavsky no celebra el modelo
tecnocientífico masificado y hoy globalizado que usa la tecnología como
elemento de dominación y saqueo extractivista. Lo que sugiere es que nuestros
países necesitaran, si quieren tener sociedades diferentes (mas justas, mas
soberanas, mas libres y comprometidas con el sentido de la ciencia),
desarrollar, inventar, descubrir formas y sentidos de ciencia que dirija su
mirada a la sociedad no a las demandas de apropiación y control de los
conjuntos corporativos que determina el mercado global y su inserción en el.
El neodesarrollismo extractivista de nuestro país, no apuesta
a la liberación del pueblo ni siquiera piensa en el control social en la
política de ciencia y técnica ideal de los 70. Apuesta a una decisión
surperestructural -el Estado- como instrumento que permite participar de la
globalización más allá de buscar y promover aquello que sería necesario para el
bienestar popular.
Apuesta a seguir las líneas del hegemonía liberal por miedo a
desembarcarse de la globalización mientras atempera los efectos neoliberales
con políticas de descompresión. Reduciendo a la ciencia a una idea
salvacionista con su infinita capacidad remediativa. Pero el episteme de lo
neocolonial está allí instalado desde hace mucho, incólume y mas pleno que
nunca. Como dice Colin Crouch, el neoliberalismo que nutre lo colonial, ya no
se consagra exclusivamente al libre mercado, sino que esta más bien dedicado al
dominio de la vida pública por parte de las grandes corporaciones
transnacionales. Estas compran territorio y regímenes, mientras los gobiernos
residuales tercerizan actividades que le son propias a empresas privadas
involucrándolas en el diseño de las políticas públicas.
Fuente:
Simulación y política, 07/01/13, lavaca.
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