viernes, 29 de noviembre de 2024

Ya son notorios los efectos del cambio climático en la Antártida y el Ártico | 2.° parte

Por Juan Vernieri

En nota anterior desarrollamos algunos efectos en la Antártida, decíamos que el Ártico se está calentando cuatro veces más rápido que el promedio mundial y que de ahora en adelante serán los peligros del deshielo, no de la congelación, los que enfrentarán las personas, incluyendo mosquitos, barro, caminos agrietados, inundaciones, edificios que se parten por la mitad y enfermedades.

El científico Vladimir Romanovsky tuvo una experiencia típica del nuevo Ártico. Geofísico emérito de la Universidad de Alaska Fairbanks, estudia la termodinámica del permafrost. En una excursión reciente cerca de la bahía Prudhoe de Alaska, donde el permafrost todavía está casi congelado, pero tiene una capa superior líquida cada vez más profunda, cometió un error clásico de camino a un sitio donde quería tomar mediciones.

Sabía que no debía ir por allí, pero era un buen atajo”, dice. Sus botas se atascaron no en arenas movedizas, sino en un nuevo tipo de trampa que él llama “arena limosa”, mucho más viscosa y adhesiva que la arena empapada.

No fue un momento heroico de vida o muerte, caerse habría significado perder las botas y arrastrarse por la arena hasta el borde del estanque. Su compañero de campo estaba a media hora de distancia.

Esta anécdota ilustra cómo la gente se enfrenta a nuevos ecosistemas con riesgos desacostumbrados. No tuvo que luchar contra los gérmenes después, pero los estanques de deshielo en el permafrost están desarrollando rápidamente sus propios microbiomas nuevos, y no está claro hasta qué punto pueden volverse benignos o malignos. Las condiciones que protegían al Ártico de muchas amenazas para la salud, tanto locales como provenientes del sur, se están derritiendo.

Ningún organismo, salvo posiblemente los microbios, está preparado para adaptarse al inestable régimen climático en el que ha entrado la Tierra.

Los seres humanos están muy atrasados en la adaptación al cambio climático que han provocado con sus emisiones de dióxido de carbono, en particular en lo que respecta a la propagación de patógenos provocada por el clima.

Los trópicos han sido un foco de preocupación en relación con el clima y las enfermedades, ya que el calentamiento hace que los insectos y otros vectores de enfermedades se propaguen más allá del ecuador.

Pero, si bien las enfermedades del sur, como el dengue, el ébola y el zika, son peligros claros que ocupan la mayor parte de la atención de los epidemiólogos especializados en enfermedades infecciosas, pocos investigadores están buscando patógenos nuevos o antiguos del Ártico a los que las generaciones actuales de humanos nunca han estado expuestas.

Un equipo de investigación describió el permafrost como “un reservorio de vida microbiana mínimamente caracterizada” que puede albergar miles de especies, muy pocas de las cuales han sido estudiadas. Debido a que hay tan poca información, la mayoría de los expertos advierten que tratar de evaluar el riesgo microbiano en y desde el Ártico, es especulativo.

Los cuerpos de personas y animales enterrados en el permafrost hace unos siglos contenían variantes potencialmente infecciosas de la viruela, el ántrax y la gripe, pero debido a este riesgo, la mayoría de los científicos han expresado poco interés en estudiar los virus zombi, especialmente la viruela, en un laboratorio.

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