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Nueve
años después del tsunami, las autoridades japonesas se enfrentan a
la difícil eliminación del material radiactivo y a las demandas de
afectados.
por
Zigor Aldama
Han
pasado ya nueve años desde que la tierra tembló en aguas al norte
del archipiélago japonés. Aunque las zonas afectadas por el seísmo
y el posterior tsunami se han reconstruido casi en su totalidad,
queda un foco de tensión que se tardará mucho en sofocar: la
central nuclear de Fukushima, dañada gravemente por la ola gigante
que azotó la costa. A pesar de que no se aprecia desde la distancia
porque los trabajos de mayor magnitud ya se han llevado a cabo en los
edificios principales, aún representa un peligro. No en vano, las
labores para dar por concluida la crisis nuclear no han hecho más
que comenzar.
El
11 de marzo de 2011, los reactores uno, dos y tres se fundieron, la
catástrofe nuclear alcanzó niveles nunca vistos antes de Chernóbil,
y el entonces primer ministro, Naoto Kan, incluso planteó la
evacuación de Tokio. No obstante, los especialistas confiaron en la
capacidad del país del Sol Naciente para contener la radiación y
los intereses económicos prevalecieron. Ahora, el combustible
fisible continúa en las profundidades de los reactores y solo los
robots pueden acceder hasta él.
Su
extracción es tan importante como complicada, y no se tratará de
llevarla a cabo hasta el año que viene. Incluso si se realiza con
éxito, los expertos están convencidos de que esa labor se alargará
hasta mediados de siglo. Hasta entonces, el Gobierno espera que el
muro de hielo de un metro de grosor que ha erigido para evitar fugas
al mar y a los acuíferos subterráneos sirva para contener la
radiactividad que tanto preocupa a los países de toda la región.
En
cualquier caso, la central continúa generando nada menos que 170.000
litros de agua altamente radioactiva cada día. Más de un millón de
metros cúbicos están guardados en tanques de los que la empresa
operadora de Fukushima, Tepco, quiere deshacerse para hacer espacio a
un torrente que no cesa. Aunque el líquido sigue conteniendo altos
niveles de tritio, la Organización Internacional para la Energía
Atómica considera que verterlo al mar o dejar que se evapore son
buenas soluciones, algo a lo que se oponen ecologistas y pescadores.
Quién
es el culpable
De
forma paralela, los residentes de la zona de exclusión continúan
batallando para que se les compense por las elevadas pérdidas
económicas que han sufrido tras la evacuación de sus hogares. Han
llevado el caso a los tribunales y el quid de la cuestión está en
determinar quién es el culpable. De momento, los diez juzgados de
distrito en los que se han interpuesto denuncias han reconocido la
responsabilidad de Tepco, pero solo seis la del Gobierno. Y muchos
critican que no tomase medidas cuando, en 2002, un informe determinó
que la zona en la que se levanta la central corría peligro de sufrir
un terremoto o tsunami. Sin embargo, no hay unanimidad en los
tribunales al calificar la inacción de las autoridades como
negligencia.
Fuentes:
Zigor Aldama, La central nuclear de Fukushima, un problema interminable, 13 marzo 2020, Sur.
La obra de arte que ilustra esta entrada es un detalle de "Kyodaiga de Egakareru Fukushima" (Fukushima dibujado en un cuadro enorme), una acuarela de la catástrofe nuclear realizada por el artista Hiroshige Kagawa.
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