En
invierno, los reclamos por desbordes pasan de un promedio de 40
diarios a entre 52 y 55 cada 24 horas; un 30 por ciento más.
¿Por
qué las cloacas de la ciudad de Córdoba desafían las leyes de la
física y, en vez de contraerse con el frío, explotan y se desbordan
aún más que con los calores que expanden los cuerpos?
El
problema existe: en invierno, los reclamos por desbordes pasan de un
promedio de 40 diarios a entre 52 y 55 cada 24 horas; un 30 por
ciento más, según corroboran funcionarios y empleados de Redes de
la Municipalidad de Córdoba.
Aunque
la cantidad aceptable para los vecinos es 0, la proporción no parece
tan alta: Córdoba tiene 537.822 parcelas y 304.295 (56,86 por
ciento) cuentan con acceso a la red cloacal. Son más de tres mil
kilómetros de red fina y unas cuatro mil bocas de registro.
“Hay
un agravante -apunta Oscar Basáez, histórico delegado del Suoem en
Redes-, y es que la desobstrucción en un día invernal insume más
de 25 minutos en cada punto, porque se requieren más pasadas para
romper los bloques de grasa o sólidos, cuando en verano no se
requieren más de 15 minutos en cada intervención”.
Para
el director de Redes, Daniel Bardagi, hay un culpable claro: los
negocios gastronómicos. “Hacen mal uso de la red, al volcar por
los inodoros o por las piletas restos de comidas con alto contenido
de grasas. Al comenzar la época de temperaturas más bajas, la grasa
se endurece dentro de la cañería y produce tapones que obstruyen la
red”, dispara el funcionario. “No existen los controles
suficientes para exigir que pongan las trampas de grasa”, abona
Basáez, en la misma dirección.
Las
nuevas habilitaciones no se dan sin cámaras de tratamiento,
conocidas como graseras. Pero muchas veces basta con la declaración
del comerciante, sin verificación en terreno.
Un
vocero de los gastronómicos descartó la acusación. “Desde hace
varios años, los locales gastronómicos trabajan con una empresa que
recoge en bidones el aceite usado, que luego se transforma en
biodiésel. Es un servicio que presta sin costo, porque obtiene
ganancia con el combustible”, apunta. “Los gastronómicos se han
aggiornado y están haciendo un aporte sustentable; esta acusación
es falsa”, insiste.
Puede
haber otra explicación: la gran cantidad de basura que se encuentra
en las tuberías. Para poder desobstruir las cañerías, la
Municipalidad compró un nuevo aspirador con una bomba de vacío que
tiene un mayor poder para trabajar con materia sólida. Lo que
debería circular por las tuberías tendría que ser 99,5 por ciento
líquido; pero son los sólidos (basura, bloques de grasa y objetos
extraños) los que taponan las redes.
También
se incorporarán 10 nuevos empleados, ganadores de uno de los
concursos implementados por la gestión de Ramón Mestre, cuyas
incorporaciones están siendo objetadas por la oposición, aunque en
este caso los refuerzos son esperados desde hace tiempo por los 92
empleados de Redes, que cubren 24 horas, por siete días, por 365
días al año.
Las
deficiencias de la recolección podrían invitar a apuntar hacia
arriba, pero no hay exculpación posible para el vecino que usa de
esta manera la infraestructura que disfruta y de la cual carece casi
otra mitad de capitalinos, entre ellos los del sur hundido por el
colapso de los pozos negros y la elevación de las napas freáticas.
Fuente:
La grasa de las capitales y las cloacas colapsadas, 26 mayo 2019, La Voz del Interior.
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