Era
la mañana del 18 de septiembre de 2013 cuando un grupo de activistas
de Greenpeace a bordo de gomones lanzados por el barco “Arctic
Sunrise” comenzaron una protesta no violenta contra la plataforma
petrolera rusa Prirazlomnaya, en el mar de Pechora: la única
plataforma petrolífera en alta mar en el Ártico.
El
Ártico es la nueva frontera de extracción de petróleo que,
paradójicamente, aprovecha la extracción del hielo ártico (cuya
superficie se ha reducido en tres millones de kilómetros cuadrados
desde 1980) debido al calentamiento global causado en gran parte por
la extracción y la combustión. de los combustibles fósiles. Para
salvar el clima, y a todos nosotros, estos fósiles deben permanecer
donde están: ese fue el mensaje de los activistas.
La
reacción de las autoridades rusas fue violenta: disparar contra los
activistas y arrestar a las 30 personas a bordo del barco de
Greenpeace Arctic Sunrise (a quienes los medios de comunicación
llamaron “los 30 del Ártico”. Luego los mantuvieron durante más
de dos meses en prisiones rusas.
Detrás
de la paradójica acusación inicial de “piratería” por parte de
las autoridades rusas, hubo una flagrante violación del derecho
marítimo internacional y el derecho a una protesta pacífica y no
violenta. El primer capítulo de un asunto judicial finalmente se ha
cerrado desde el pasado 17 de mayo, pero no está completamente
concluido.
El
Arctic Sunrise, como todos los barcos de Greenpeace, ondea la bandera
holandesa (la sede de Greenpeace Internacional está en Amsterdam) y,
valientemente, el gobierno holandés ha librado una batalla en estos
años para confirmar los principios de la Ley del Mar: connfiscar un
barco y arrestar a la tripulación y a los pasajeros en medio de una
protesta pacífica no es admisible.
En
agosto de 2015, la Corte Internacional de Arbitraje sobre el Derecho
del Mar condenó el abuso de las autoridades rusas, quienes sin
embargo, ignoraron la decisión.
Después
de largas negociaciones, la semana pasada los gobiernos de los Países
Bajos y Rusia emitieron una declaración conjunta que, además de
compensar los daños al barco y a las personas involucradas,
establece un principio fundamental como el reconocimiento mutuo del
derecho a la protesta no violenta en el mar.
Es
este, mucho más allá de la suma que el gobierno holandés ha
declarado entregar a Greenpeace (aproximadamente 2,7 millones de
euros), el punto más importante en la declaración que agrega que la
respuesta a una acción no violenta debe ser razonable y
proporcionada.
Aunque
esta declaración conjunta cierra la disputa entre los Países Bajos
y Rusia, el proceso sobre la violación de los derechos humanos
continuará (con una decisión que no se espera antes del próximo
diciembre) en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Para
Greenpeace, esta declaración es importante porque reafirma el valor
de las convenciones internacionales. Por otro lado, con los impactos
cada vez más evidentes del cambio climático, las protestas no
violentas como las de los 30 del Ártico son cada vez más
necesarias : la suya es un legado que debe empujarnos a una
movilización cada vez más amplia contra todas las empresas
petroleras en cualquier parte del mundo.
Fuentes:
Justicia para los 30 del Ártico: acuerdo entre los Países Bajos y Rusia, 20 mayo 2019, Greenpeace Argentina.
La obra de arte que ilustra esta entrada fue realizada por el italiano Riccardo Guasco. El artista creó esta ilustración inspirada en los 30 del Ártico.

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