Debido al fenómeno conocido como “inversión térmica”, la contaminación del aire aumenta en la antesala del invierno. Con los años, el problema tiende a agravarse por el continuo crecimiento del parque automotor.
por Héctor Brondo
Una
inspiración profunda no es algo provechoso para quienes transitan
por el Centro de la ciudad de Córdoba y sus alrededores durante las
primeras horas de la mañana o al anochecer, sobre todo en las
estaciones frías. Mucho menos lo es para quienes viven o trabajan en
el área de mayor densidad poblacional de la Capital: el Centro.
Ello
porque la calidad del aire que se respira en el “pozo” urbano de
Córdoba capital es mala desde hace rato. “En las mañanas frías,
secas y sin viento del invierno, se produce en nuestra ciudad la
acumulación de contaminantes a pocos metros del suelo debido a la
inversión térmica”, explica Federico Kopta.
El
presidente del Foro Ambiental Córdoba advierte que “este fenómeno
tiene origen en el enfriamiento nocturno del suelo que hace descender
la temperatura del aire próximo, que, por ser más pesado, queda
estacionado abajo, hasta que, por irradiación solar, se calienta y
asciende”.
El
biólogo dice que el problema es “particularmente nocivo en
Córdoba, ya que la ciudad está en un valle que corre de oeste a
este, lo que limita el ‘barrido’ de los vientos norte y sur”,
apunta.
Kopta
acota que por este motivo se observa con frecuencia una “nube
marrón” que cubre el Centro de la Capital.
El
estrato pardusco -apunta- “está compuesto por contaminantes que en
una altísima proporción despiden los vehículos” que circulan por
la ciudad durante la noche y en las primeras horas de la mañana.
Cabe
acotar que, según datos oficiales, entre 2007 y 2017 (último dato
disponible) se duplicó la cantidad de vehículos que circulan por la
ciudad: pasaron de 450.500 a 888.018 unidades.
Rogelio
Alburrá, licenciado en Química Orgánica, coincide en que “los
altos niveles de polución tienen incidencia en distintas
enfermedades. La calidad del aire en Córdoba es sumamente crítica y
eso impacta directamente en la salud”, razona.
El
experto sugiere “reflotar el Observatorio Ambiental creado por el
intendente Rubén Martí, en 1997”. Él integró el equipo de
profesionales que proyectó el observatorio con el propósito de
monitorear “la calidad del aire, el agua y el suelo, de manera
sostenida y permanente”, valoró.
“Las
últimas mediciones que se hicieron en Córdoba con la precisión de
las normativas internacionales son del año 2000”, asegura el
químico.
Volver
al ruedo
El
año pasado, la Municipalidad de Córdoba volvió a medir la calidad
del aire luego de 17 años. Para ello firmó un convenio con la
Facultad Regional Córdoba de la Universidad Tecnológica Nacional
(UTN). En virtud del acuerdo, se instaló un equipo de monitoreo en
la Casona Municipal (La Rioja y General Paz).
Héctor
Macagno, director del Centro de Investigación y Transferencia en
Ingeniería Química Ambiental de dicha universidad, explicó que el
instrumental disponible cumple con todos los requerimientos
internacionales y puede medir partículas menores que 10 micrones
(PM10) de óxido de azufre, de óxido de nitrógeno, de ozono y de
monóxido de carbono.
No
obstante, el índice de calidad de aire que produce es más sencillo
“para que la Municipalidad lo publique en su página web y sea más
comprensible para los vecinos”, aclaró en el arranque de los
trabajos el subsecretario de Ambiente de la ciudad, Sebastián Roca.
Ayer
La Voz intentó ubicar al funcionario para consultarlo sobre el
problema de la polución en la ciudad, pero se informó desde el área
de Comunicación que se encontraba de vacaciones. “El único que
habla del tema es el ingeniero Roca”, se aclaró.
Índice
de calidad del aire (ICA) en Córdoba
El
nuevo índice de calidad del aire (ICA) medido por la Municipalidad
comenzó a publicarse, con frecuencia semanal, en septiembre de 2018.
El último que se puede consultar on line en el sistema de Gobierno
Abierto es el de la cuarta semana de enero de este año.
En
ese lapso, sólo la presencia de dióxido de nitrógeno mostró
niveles de concentración en el aire insalubres para grupos
sensibles, aunque sin afectar a las personas en general, según la
valoración nomenclada. El monitoreo se hizo en un tramo del año en
el que la inversión térmica es infrecuente y, por ende, la
contaminación atmosférica es menos crítica.
Niños
y enfermos crónicos, más expuestos a padecer una infección
El
frío y la contaminación ambiental facilitan la circulación de las
infecciones respiratorias. Especialistas advierten que los niños y
los enfermos crónicos son los más propensos a sufrir una
descompensación.
“En
esta época del año, las partículas contaminantes se encuentran en
capas más bajas. Estas sustancias pueden alterar las defensas
locales del sistema respiratorio”, indicó el neumonólogo
Bartolomé Lungo.
Las
bajas temperaturas facilitan además la circulación de las
infecciones respiratorias, especialmente cuando están relacionadas
con la humedad. “Los virus aumentan su viabilidad en el ambiente y,
además, la gente se reúne en lugares cerrados”, agregó Juan
Pablo Casas, neumonólogo del sanatorio Allende Cerro.
Las
personas con menos capacidad de respuesta inmunológica están más
expuestas a padecer una infección o broncoespasmo. En primer lugar,
los lactantes, ya que su sistema defensivo se encuentra en
desarrollo. Además, las personas con afecciones respiratorias, como
asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (Epoc).
“En
el microcentro se concentra la mayor cantidad de esmog. En invierno,
puede verse la capa de contaminación, muy cerca de la tierra. Las
moléculas se condensan con el frío y flotan muy bajas”, agregó
Lungo.
Para
prevenir, los profesionales recomiendan ventilar los ambientes, al
menos una vez al día -dejar que ingrese el sol, por más que esté
frío-, y completar los esquemas de vacunación.
El
lavado de manos, el uso de pañuelos descartables y el abrigo son
medidas complementarias.
Fuente:
Con la llegada del frío, una nube de esmog reaparece en el Centro, 29 mayo 2019, La Voz del Interior.
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