viernes, 26 de octubre de 2018

Proyecto bosque serrano: Un vivero muy especial

por Daniel Díaz Romero
Sala de Prensa Ambiental

La Escuela Especial Juana Manso está ubicada en Villa Allende, a unos 22 kilómetros de la ciudad de Córdoba. Allí, cursan sus estudios alumnos que tienen diferentes trastornos en su desarrollo intelectual. Chicos de diferentes edades, algunos de ellos judicializados o con entornos familiares complicados. Adolescentes -con algunas discapacidades y con capacidades infinitas- que desde hace 9 años llevan adelante el Proyecto “Bosque Serrano”, que tiene como objetivo principal producir árboles autóctonos para remediar zonas degradadas por incendios, inundaciones o extracción de áridos en la geografía local.

Allí, trabajan en un Vivero Escolar que es referente en la región de Sierras Chicas. Incluso, han comenzado a transitar un camino relacionado con tareas educativas en el que los alumnos de la Juana Manso son requeridos para capacitar a niños de un Jardín de Infantes de la zona, donde los chicos transfieren sus conocimientos a los más pequeños de la localidad.

Una escuela inundada de árboles

¿Qué significa para ustedes un árbol?, preguntamos a los estudiantes de la escuela Juana Manso, reunidos para esta entrevista.

Los árboles son muy importantes, porque nos dan oxígeno, sombra y evitan las inundaciones. También nos dan el material para hacer muebles, leña, frenan el viento y la tierra y disminuyen los ruidos también”.

El 15 de febrero de 2015, la Escuela que colinda con un arroyo, fue víctima de las inundaciones que asolaron a la región. Perdieron maquinarias de trabajo, muchas aulas quedaron inutilizables y el predio donde funcionaba el vivero quedó bajo el agua.

Cuenta uno de los chicos que sufrió la inundación que al ver el panorama desolador que había dejado el paso enfurecido del agua en la Escuela “pensamos que no íbamos a poder trabajar más. Tuvimos que rescatar lo que pudimos entre el barro que quedó y reconstruir el vivero. Perdimos casi todo. Dentro de la tragedia, nos dimos cuenta que con las hojas que juntamos podíamos preparar humus, así que comenzamos a trabajar con eso”.

Yo empecé produciendo árboles en 1993”, cuenta Eduardo Funes, Ingeniero Agrónomo y profesor de Producción Vegetal, un docente de 34 años de trayectoria en la Escuela. Funes, continúa diciendo: “En esa época teníamos en funcionamiento el vivero y en el año 2009, Eli me propuso hacer un proyecto con árboles autóctonos en el Nivel Medio”. Eli, es Elizabeth Castaño, profesora de Educación Especial que desde hace 12 años trabaja en la escuela.

Desde esa época, continúa diciendo el profe Funes, está funcionando este proyecto que se llama “Bosque Serrano” y que tiene como objetivo principal producir árboles para remediar las zonas degradadas por incendios, inundaciones o la extracción de áridos en la geografía local. Es decir, nos enfocamos en los problemas que nos afectan a nosotros, con la idea de producir árboles autóctonos de Córdoba”.

Al ser consultados, los chicos reunidos en ronda dicen: “Estudiamos la provincia y, después de la inundación, llegamos a la conclusión que una de las causas de ésta, habían sido los desmontes y la falta de árboles. Por eso, empezamos a trabajar con la producción forestal y, en los últimos tiempos, estamos produciendo ejemplares para aportarlos a una nueva Reserva Natural en las sierras de Villa Allende”, comentan con marcado entusiasmo los alumnos.

En el Vivero Escolar, hace 5 años que están produciendo árboles autóctonos. Pero su labor no se agota solo en la producción.

¿Por qué se dedicaron a producir plantines de especies autóctonas, específicamente?

Nos costó tomar esa decisión porque el árbol autóctono es más lento para crecer, entonces era una medida difícil de implementar pero al final dijimos que sí, porque decidimos que lo íbamos a hacer por la importancia que esto tiene para recuperar el bosque nativo”, reflexiona Eli mirando a sus alumnos. “…Y no ver sólo al árbol por sí mismo, sino como parte de un sistema natural para proteger el suelo y como fuente de reservorios de agua en la montaña”, dice el profesor Eduardo y agrega que “también, como fuente de alimentos. Los propios chicos han hecho actividades de cocina con harina de algarroba, por ejemplo, para incorporarlas como recursos alimenticios e ir descubriendo la potencialidad que tiene el bosque serrano como proveedor de comestibles y darnos cuenta de cuantas cosas hemos desaprendido con respecto a la alimentación o la medicina. Se trata, también, de recuperar la identidad serrana; de comer un fruto de piquillín o chañar para recuperar eso que se está perdiendo. No se trata solo de hacer el árbol, sino revalorizar todo lo que implica un bosque autóctono”. Eli agrega que “ayuda a reconocernos dentro de un ecosistema: hace poco preguntamos a los niños de un Jardín de Infantes si vivíamos en las sierras y los pequeños, para nuestra sorpresa, respondieron que no y eso nos dejó pensando”, señala la profesora de la Juana Manso.

Los restauradores

Eduardo cuenta que “en esto de trabajar con árboles, conocimos una Reserva Natural que está en nuestra localidad y aprendimos sobre la fauna también, que está íntimamente ligada con nuestro trabajo por la interacción de los animales con las plantas en la vida del bosque. Este aspecto de la fauna que no lo habíamos considerado, lo incorporamos en el trabajo áulico. Empezamos con los árboles y fueron emergiendo diferentes inquietudes. Esta cuestión de trabajar con el árbol es así de rica”, sostiene el profesor Funes.

Uno de los alumnos toma la palabra y dice: “Yo antes veía distintos los árboles, hay gente que los saca o los tala. Por eso, está bueno esto de producir plantines y llevarlos para la Reserva. Por lo menos, para hacer algo de a poco”, reflexiona en voz alta.

¿Qué se siente ver crecer a los árboles?

Está bueno porque va a servir para el futuro”, responde uno de los adolescentes y el profesor Eduardo agrega: “Nuestro producto, a diferencia de otros talleres como Carpintería o Huerta, está pensado a largo plazo, lo hacen ahora pero lo van a ver los hijos de los hijos de ellos. No es una actividad que deje ver sus frutos en lo inmediato pero va a beneficiar a gente que ni sabemos quiénes son, trasciende en el tiempo”, dice Eduardo tras lo cual agrega: “Esa es la importancia de lo que están haciendo estos chicos”.

¿Ustedes creen que es importante lo que hacen?, preguntamos a los estudiantes.

Sí, hace unas semanas nos vinieron a buscar de un Jardín de Infantes porque ellos querían hacer una “cancha de cría” y también, deseaban aprender como se hacía, así que fuimos y les enseñamos a los más chiquitos y a los padres, también”.

¿Y qué sienten cuando hacen eso?

Está bueno porque aprendés vos y les enseñás a los más chicos que no saben, nos sentimos muy bien después de eso”, responden los jóvenes, tras lo cual siguen contando su experiencia como capacitadores: “Cuando íbamos camino al Jardín en nuestra primera experiencia, la verdad es que estábamos muy nerviosos y al volver le dijimos al profe Eduardo: ¡Qué lindo es enseñarles a los más chicos y encima nos invitaron a mostrarles más sobre cómo hacer canchas de cría!”.

En ese sentido, dice Eduardo, algunos de nuestros alumnos hicieron una experiencia en diferentes viveros, por lo que la capacitación que tuvieron en la Escuela, sirvió como formación laboral”.

¿Cuántos plantines producen por año?

Cuando empezamos en 1993, producíamos cerca de 600 árboles por año, pero teníamos el problema que llegaba el verano y nos enfrentábamos con la complicación de cómo movilizar esa cantidad de ejemplares, una vez producida. Mucha de esa producción se perdía y eso nos desorientaba. Entonces, empezamos a planificar para no perder más ejemplares, fundamentalmente, porque un árbol es un ser vivo. Planificamos y tras ello, si bien producimos menos, cumplimos el objetivo que no se pierdan.

Así también, empezamos a trabajar con la Fundación Vertientes de Saldán y ellos se ocuparon de llevarlos para remediar zonas de aquella localidad”.

¿Qué destino les dan hoy a los árboles que produce el Vivero?

Trabajamos con ONGs para que ellos se encarguen de distribuirlos en zonas apropiadas. Nuestro enfoque es que los árboles son para remediar todas estas zonas”, dice la profe Eli y agrega:“Cuando uno se maravilla genuinamente con este trabajo, los chicos también se enganchan. No debe pasar desapercibida esa magia tan especial”, concluye la docente ante la atenta mirada de los chicos que ya se muestran inquietos por salir al patio, armados de regaderas y palas que los dignifican e integran a una sociedad que tiene mucho que aprender de ellos.

Fuente:
Daniel Díaz Romero, Proyecto bosque serrano: Un vivero muy especial, 16/10/18, Sala de Prensa Ambiental. Consultado 26/10/18.

No hay comentarios:

Publicar un comentario