viernes, 12 de octubre de 2018

En el Reino Unido, la población lucha contra el plástico desechable

En el Reino Unido, la protección medioambiental a menudo comienza a pequeña escala y se convierte en un movimiento nacional. Así, el número de personas que no utilizan plástico desechable aumenta constantemente.

por Greg Norman

Lo primero que llama la atención de las playas de Tynemouth es su limpieza. No se ve nada de basura, ni suciedad que es habitual en cualquier otro lugar. No puede ser una coincidencia. Así, se me acercan dos paseantes, en cuanto mi perro deja una "sorpresa” en la arena. Me ofrecen bolsas para limpiarlo.

El pueblo, que, como su nombre indica, se encuentra en la desembocadura del río Tyne, está cerca de Newcastle, al noreste de Inglaterra, y se toma en serio el estado impecable de sus playas y bahías.

Regularmente, los habitantes y visitantes de la ciudad dedican algo de su tiempo a limpiar las playas. A finales de octubre comienza la temporada. Aunque, en realidad, todo el mundo puede y debe tomar la iniciativa en cualquier momento y participar en una limpieza de tan sólo 2 minutos. Detrás de ello hay una campaña, que se está extendiendo por todo el mundo, y que pide a la gente que emplee dos minutos de su tiempo en recoger desperdicios cada vez que va a la playa.

A principios de 2018, Tynemouth se convirtió en la primera ciudad de la zona, y la segunda a nivel nacional, en recibir el estatus de "libre de plástico" como parte de una campaña de la organización benéfica verde Surfers Against Sewage (SAS)

También hay una buena razón para la dedicación de Tynemouth. Cada día se emplean más de 35 millones de botellas de plástico en el Reino Unido y se producen cientos de millones de toneladas de plástico al año. Algunas estimaciones sugieren que casi la mitad de esas botellas no se reciclan. El resto termina en vertederos, o en océanos y playas.

¿Qué significa libre de plástico?

Dada la omnipresencia del material, el término "libre de plástico” funciona principalmente como un impulso motivacional, reflejando el intento de reducir el plástico.

Para obtener el título, al menos seis empresas locales tienen que comprometerse a retirar tres productos plásticos desechables de su cadena de suministros y reemplazarlos por alternativas ecológicas. También tienen que sensibilizar a la población, por ejemplo, a través de las escuelas y obtener el apoyo de las autoridades locales.

Varias comunidades de todo el Reino Unido luchan ahora por conseguir el título "libre de plástico”. Penzance, al sureste de Inglaterra, la otra ciudad a la que se le ha concedido el estatus, ya cuenta con 70 empresas locales involucradas.

En Tynemouth, por ejemplo, el acuario ha prohibido las pequeñas bolsitas de la cafetería en la que se sirve kétchup o mostaza. Las tapas de plástico y las pajitas también se han eliminado. Incluso para el cuidado de los dientes de las focas del acuario, se emplean cepillos que no están hechos de plástico.

Otro ejemplo es el restaurante Riley's Fish Shack, una institución local situada en la pintoresca playa de King Edward's Bay, donde los visitantes pueden ahora disfrutar de sus calamares a la parrilla en platos que se pueden compostar y no en platos de poliestireno o plástico.

"Tynemouth es una de los pueblos costeros más bonitos del país y el medio ambiente es fundamental para la regeneración de las playas”, dice Alan Campbell, representante de Tynemouth en el Parlamento del Reino Unido. "Lo bueno de este proyecto es que ha surgido desde abajo, involucrando a toda la sociedad ya sean surfistas, residentes o empresas, que se unen para acelerar el cambio”, explica.

Concienciación creciente

La campaña de SAS es sólo un ejemplo del interés, aparentemente repentino, hacia el plástico. Según los ecologistas, los medios de comunicación conservadores y liberales que adoptan la cruzada contra el plástico son parte del motivo para esta transformación.

En 2016, The Daily Mail, un tabloide no famoso por su cobertura ambiental, publicó cuatro portadas en las que pedía la prohibición de las micro-esferas en los cosméticos. El gobierno anunció rápidamente que prohibiría el uso de las diminutas partículas.

Sky Television lanzó su campaña "Rescate del océano” en enero de 2017 con el compromiso de eliminar gradualmente los plásticos de un solo uso en sus comedores y oficinas para 2020 y la promesa de destinar más de 20 millones de libras esterlinas (22,8 millones de euros o 26 millones de dólares estadounidenses) a programas de protección de los ecosistemas marinos.

Pero el momento que realmente impactó al público llegó a finales del año pasado con la emisión de la serie documental "Planeta Azul II” narrada por el locutor y naturalista Sir David Attenborough, que mostraba el verdadero impacto de los desechos plásticos en el océano y su vida silvestre.

"Creo que Planeta Azul se emitió en un momento idóneo. De repente, había campañas en marcha sobre las que la gente podía preguntar e involucrarse”, dice McCallum, jefe de campaña por los océanos de Greenpeace UK. "Pero a medida que pase el tiempo, el problema del plástico se irá olvidando. Así que tenemos que mantenerlo vivo el mayor tiempo posible”, cuenta.

El poder de empezar desde abajo

Las campañas de base, como la practicada por SAS, son otro motivo del creciente interés. Natalie Fee es un ejemplo de cómo la lucha contra la contaminación plástica ha crecido desde las campañas populares hasta convertirse en una acción nacional más amplia.

Fee fundó el grupo "City to Sea” durante una reunión con amigos y voluntarios de ideas afines en un pub de Bristol en 2014. Dos años más tarde, entraron en la escena nacional con la campaña "Switch the Stick”, pidiendo a los minoristas que cambiaran los bastoncillos de algodón hechos de plástico por bastoncillos de papel.

"Realmente no tenía ninguna expectativa, estaba harta de la situación del bastoncillo de algodón y pensé que podía intentarlo y hacer algo al respecto”, explica Fee a DW.

Premios y charlas TED

La campaña ganó varios premios y llevó a Natalie Fee a los escenarios de las charlas TED, una serie de conferencias donde se presentan conceptos innovadores. El grupo cuenta ahora con 17 empleados a tiempo completo y acaba de celebrar el primer Día Nacional de Recarga del Reino Unido, que consiste en conseguir que la gente recargue sus botellas con agua del grifo gratis de las empresas participantes en lugar de comprar botellas nuevas.

Hasta ahora, 12.500 restaurantes, estaciones de tren y otras empresas se han adherido al programa y se pueden realizar búsquedas mediante una aplicación de móvil. No obstante, Fee admite estar sorprendida por cómo se ha extendido el tema del plástico.

"Es una forma sencilla de adentrarse en el ecologismo”, dice Fee. "Recientemente hemos realizado una encuesta que muestra que el 85 por ciento de la gente en el Reino Unido está preocupada por la contaminación plástica y está tratando de hacer algo al respecto”, cuenta.

McCallum, que acaba de escribir una nueva guía para aquellas personas que tratan de vivir sin plástico debido a la explosión de interés en el tema, comparte la opinión. "Tiene sentido porque es algo tangible. Hay una clara conexión entre lo que tengo en la mano y lo que me encuentro en la playa”, dice a DW.

Un largo camino por delante

Sin embargo, los viejos hábitos son difíciles de erradicar y, a pesar de los planes de reducción de plástico de las empresas, como los supermercados, todavía queda mucho camino por recorrer.

David Potts, director ejecutivo de la cadena de supermercados Morrisons, admitió recientemente que sólo uno de cada diez clientes utilizaba envases propios en los mostradores de alimentos frescos de las tiendas. Aunque no parezca mucho, el consumo de plástico en las más de cien tiendas de la cadena está disminuyendo. Pero muestra cuánto queda por recorrer antes de que los hábitos de compra cambien permanentemente.

De regreso al pintoresco pueblo de Tynemouth "libre de plástico”, compruebo que los refrescos en botellas de plástico de un solo uso son fáciles de encontrar. Incluso Riley's Fish Shack sigue vendiendo agua en botellas de plástico.

"No hay un material alternativo que podamos utilizar en la medida que empleamos el plástico y que vaya a resolver el problema”, explica McCallum. Asimismo, afirma que no hay una infraestructura de reciclaje adecuada para hacer frente al volumen de plástico que producimos.

"Así que la única forma de salir de este caos, es producir menos”, concluye McCallum.

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