Quizás haya
escuchado hablar de decrecimiento.
Es un ataque a la
ideología del crecimiento económico.
Giorgos Kallis
días atrás publicaba un excelente artículo en el New International
Magazine, adonde hablaba de los orígenes del decrecimiento.
Señala que “se
encuentran en la ecología política francesa y europea de la década
de 1970”, cuando se comenzó a cuestionar la compatibilidad del
capitalismo con el equilibrio de la tierra.
“Mañana, el
decrecimiento” fue el título de los ensayos del rumano
norteamericano Nicholas Georgescu-Roegen, uno de los primeros
economistas ecológicos. Pero para los pensadores ecosocialistas
franceses, los límites del crecimiento eran una cuestión política,
en vez de un problema del agotamiento de los recursos, de la
superpoblación y del colapso del sistema.
El capitalismo
requiere la expansión constante, una expansión basada en la
explotación de los seres humanos y no humanos, que daña
irreversiblemente el clima y la vida de todas las gentes, basada en
ideas de la década de 1930, cuando la expansión ilimitada todavía
era imaginable.
“El crecimiento
es una idea que forma parte esencial del capitalismo. Es el nombre
que el sistema dio al sueño que estaba produciendo, el sueño de la
abundancia material. El PIB se inventó para contar la producción de
guerra y se convirtió en un indicador, midiendo y confirmando
objetivamente el éxito de Estados Unidos en la guerra fría. El crecimiento es
lo que el capitalismo, necesita, conoce y hace.”
“La gloriosa
era de reconstrucción y recuperación de la postguerra ha terminado.
Y no olvidemos que ésa también fue posible gracias a la explotación
colonial del resto del mundo.”
Recién por los
años 2000 unos activistas en Lyon, Francia hacen acciones directas
contra megainfraestructuras y publicidad, hechos que toma un profesor
de antropología económica crítico de los programas de desarrollo
en África, Serge Latouche, que lo pone en sus libros y pide el “Fin
del desarrollo sostenible” y el comienzo del decrecimiento
convivencial.
Ese mensaje se
extendió rápidamente y se empezaron a organizar grandes foros sobre
decrecimiento. Para 2014 en Leipzig se reunieron tres mil quinientos
investigadores, estudiantes y activistas, que hicieron foco en los
costos sociales, ambientales y psicológicos del crecimiento.
Todos vemos que
hay consenso en que un cambio de sistema es necesario. Que no será
fácil y que requiere de un mega movimiento.
El decrecimiento
es incompatible con el capitalismo, y está surgiendo en focos como
las redes de huertos urbanos, la autosuficiencia energética con
paneles y calefones, en las redes de productores independientes y
consumidores de alimentos orgánicos y productos artesanales,
ecocomunas, cooperativas y redes de intercambio. Y básicamente, una
vida frugal.
Como dice
Goergios Kallis, acá no hay ningún edificio de la Organización
Mundial de Comercio para tomar por asalto o un tratado de libre
comercio que detener, porque el decrecimiento es algo que da sentido
a una amplia gama de personas y movimientos. Es una red de ideas y de
acciones. Todavía no existe una ciencia de economía del
decrecimiento.
Pero una vía posible es la redistribución como cuestión central en un siglo XXI sin crecimiento.
El autor hace un
cálculo: “si los egipcios hubiesen comenzado con un metro cúbico
de material y crecieran un 4,5% anual, al final de sus 3.000 años de
civilización, habrían ocupado 2.500 millones de sistemas solares.
Incluso si pudiéramos sustituir el crecimiento capitalista por un
crecimiento socialista más bueno, más angelical, ¿por qué
querríamos ocupar 2.500 millones de sistemas solares?”
“Desde la
perspectiva del decrecimiento, la cuestión no es que el Norte Global
consuma más de lo que produce. La cuestión es que produce y consume
más de lo necesario, a expensas del Sur Global y de otros seres y de
las generaciones futuras. Producir y consumir menos reduciría el
daño infligido a los demás. Es una cuestión de justicia social y
ambiental: reducir y redistribuir al resto. Estas invocaciones a la
sencillez y a la abundancia frugal pueden parecerse a la idea común
latente de la buena vida, presente en muchas culturas de Oriente y
Occidente”.
Claro que hacer
un llamamiento al decrecimiento es un suicidio electoral en este
mundo de medios de comunicación corporativos.
El autor recuerda
que Pablo Iglesias (líder de Podemos, en España) firmó el
manifiesto decrecentista Ultima llamada. Pero… pasado un tiempo fue
abandonando esas ideas. Lo mismo pasó en nuestro continente con
Correa o Evo Morales, elegidos con el apoyo de los ecologistas y/o
indígenas, que cuando llegaron al poder, siguieron el camino del
gran capital y el crecimiento gracias al extractivismo.
“En la crisis
actual sólo podemos hablar de crecimiento” dicen. Pero si siempre
estamos en crisis. Dígame usted qué momento recuerda de que en el
seno del primer mundo no haya una crisis. Se necesita coraje e
imaginación, pero no es imposible. Impuestos verdes, reivindicación
de espacios verdes, cooperativas energéticas locales, menor uso de
recursos y menos basura, la prohibición de los megaproyectos, la
descentralización de los servicios, la salud preventiva. Se pueden
imaginar políticas fiscales y tributarias que dirijan los recursos
en favor de los que trabajamos, y hacia el llamado consumo de baja
intensidad. Kallis señala que sin crecimiento, tarde o temprano la
deuda pública tiene que ser reestructurada o eliminada.
Agrega el autor
que es poco probable que se lleve a cabo una transición política
voluntaria hacia el decrecimiento y más bien, si ocurre, será un
proceso de adaptación al estancamiento real de la economía.
El crecimiento no
sólo es ecológicamente insostenible, sino, como los economistas
admiten cada vez se va haciendo más salvaje, más autodestructivo,
más depredador, y por supuesto, a futuro, imposible de sostener.
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| Christian Seebauer "Meltdown in Fukushima" |
Contenido
- Radiación en
el mar. Pere Masque: Investigador del Departamento de Física de la
Universidad de Barcelona. Junto a otros investigadores vienen
realizando estudios con mucho esfuerzo de la radioactividad en el
océano luego del desastre de Fukushima
- Trigo
transgénico ilegal en Argentina?
Recordando
- Blas Pascal
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- Universidad
Tecnológica Nacional
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Quasimodo
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- Dr. Enrique
Tornú
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Es activista
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Premios Martin Fierro por sus trabajos en radio y 21 nominaciones. Ha
sido Premio Nacional de Periodismo en el año 2007, 1º Premio del
Congreso Tabaco o Salud 2010, 1º Premio de Periodismo en Salud de la
Asociación Médica Argentina 2010 Distinción honorífica Colegio de
Ingenieros DII por su labor en difusión ambiental, 2013.
Lleva adelante
desde 1998 ECOS ciclo de periodismo científico abocado al ambiente y
las culturas. Y CALIDAD EN VIDA, de periodismo médico, cultura y
salud. Dirige BIOS, ONG miembro de la Red Nacional de Acción
Ecologista y la Coalición Ciudadana Antiincineración. Es miembro
del Comité Consultivo de GAIA internacional. Es miembro de la Red
Argentina de Periodismo Científico y la Red Latinoamericana de
Periodismo Ambiental. Vive en Mar del Plata.

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