En un recorrido
por el sureste provincial el fotógrafo Gustavo Levita se cruzó con
este chacarero que, ya hastiado, piensa abandonar su pequeño campo.
“Estoy cansado de renegar”, asume este vecino.
La ricas tierras
del sureste provincial han visto transformado su paisaje verde de
grandes cultivos por inmensas lagunas que parecen no tener fin. Esas
tierras que fueron el orgullo de inmigrantes que las trabajaron
pensando en dejarles un futuro a sus hijos ahora se han convertido en
grandes extensiones de agua que expulsan a las familias a otra vida,
la del ruido de las ciudades.
En la tarea
diaria de recorrer la región para reflejar esta dura realidad,
surgen historias de seres anónimos, de aquellos habitantes que
resisten ceder ante los embates del agua.
Días pasados un
fotógrafo de Arias, Gustavo Levita -quien cubrió la manifestación
de vecinos en el cruce de ruta 8 y 12 para PUNTAL- se encontró con
una de esas tantas historias, la de Luis Bresan, un pequeño
chacarero que tiene sus tierras inundadas entre Cavanagh y Arias.
Decidió Levita
hacer un descanso en el trajinar de buscar la mejor imagen y escuchar
la historia de Luis. Fue tal el impacto que le generó, porque en
realidad es el reflejo de otros cientos de historias, que decidió
este fotógrafo dejar la cámara y sentarse a escribir. Y así relata
la historia del chacarero de la gran laguna:
“Día domingo
bien temprano, regresaba de mi trabajo social como fotógrafo, fría
y triste mañana de julio. Ruta desolada, el sol apenas asomaba. Mi
auto parecía un barco que navegaba en la mar. De repente me di
cuenta de que estaba en medio de mi pampa húmeda argentina.
Cuando al pasar
por la chacra de Luis vi que se bajaba de su tractor. Le toqué
bocina y me levantó la mano e hizo seña como pidiendo que parara a
saludarlo y no sé qué más.
Me detuve, Luis
intentaba ingresar a su chacra, donde nació, creció y encontró su
lugar en el mundo , hasta lograr en este momento ser el patrón de
estas tierras.
Lo que nunca se
imaginó Luis es que la naturaleza lo iba a poner en este gran
problema de tener que abandonar este lugar. Sus palabras fueron:
‘Mirá mi casa, ¿podés creer esto? Me voy a la mierda, dejo todo
y me dedico a otra cosa, me cansé de renegar con el agua’.
La verdad, no
supe qué decir. Primero un silencio y luego lo único que me salió
fue decirle que por algo pasan la cosas y que buscara el lado
positivo: ¡Que estaba vivo! Seguimos hablando un ratito, me dijo:
‘Querés sacarme una foto?’.
Le saqué la
foto, nos dimos un fuerte abrazo, subí a mi auto, retomé la ruta y
regresé muy despacito, sin palabras y casi llorando a mi pueblo, que
quedaba apenas a unos kilómetros, mientras la imagen de Luis y su
chacra bajo el agua me daba vueltas y traía malos pensamientos al
verlo solo y casi entregado. No podía creer, pensé que estas cosas
sólo pasan en las película. Al llegar a mi casa traté de borrar
esa imagen y pensar que Luis muy pronto regresaría a su chacra.
Pero me di cuenta
de que no era todo tan fácil, Luis lo había perdido todo. Quizás
nunca regrese. Esta fotografía lo dice todo.
¡Qué cosa que
es la mente humana! La memoria se deteriora con el tiempo. Uno olvida
fácilmente la mayoría de las cosas que nos suceden. La memoria sólo
retiene lo que es importante para sí, volviéndose parcial e
incompleta. Desde que existe la fotografía esa memoria puede
fijarse, cada persona puede retener los hechos visuales que desea
conservar palpablemente, y hacer ver a mucha gente que estas
historias son reales; como en este caso la imagen de Luis, que cada
vez que mire esta foto o pase por su chacra recordaré ese encuentro
y ese fuerte abrazo que Luis necesitaba”.
Así, como la
historia de Luis, es la de tantos otros anónimos que en medio del
agua luchan por subsistir.
Fuente:
Historias de la inundación: a Luis el agua le arrebató el trabajo de toda su vida, 07/08/16, El Puntal de Río Cuarto. Consultado 08/08/16.
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