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| Raly Barrionuevo se solidarizó con el reclamo de agua potable en Embalse, el 10 de enero de 2016. Foto: Luis Isla |
Diversos instrumentos internacionales han reconocido el derecho humano al agua para toda la población.
Especialmente
la Declaración Universal de los Derechos Humanos (París, diciembre
de 1948), la Convención sobre los Derechos del Niño (Nueva York,
noviembre de 1989) y el informe de la Oficina del Alto Comisionado de
las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Ginebra, marzo de
2011).
A
comienzos de este milenio, el Comité de las Naciones Unidas sobre
los Derechos Económicos, Sociales y Culturales estableció que este
derecho es indispensable para vivir dignamente y es condición previa
para la realización de otros derechos humanos.
En
consecuencia, se considera este derecho humano como el derecho de
todos a disponer de agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y
asequible para el uso personal y doméstico -agua para beber, para
higiene personal, para preparación de los alimentos y limpieza del
hogar-, con el propósito de asegurar el derecho a la salud
(higiene ambiental). Y se concluye que el agua debe tratarse como un
bien social y cultural, además de económico.
El
agua, tan buena como ausente de la dieta infantil
La
mayoría de los niños y adolescentes argentinos (78 %) consume agua
de modo ocasional y no en todos los dominios de la vida cotidiana
considerados necesarios.
Según
las Guías Alimentarias para la Población Infantil, la bebida ideal
para garantizar una hidratación saludable es el agua potable.
Está
comprobado y no hay que darle muchas vueltas: una hidratación
saludable constituye parte importante de una alimentación adecuada,
fundamental durante la infancia y la adolescencia para promover un
óptimo crecimiento y mejores condiciones de salud en la vida adulta.
Sin
embargo, la mayoría de la infancia y adolescencia en la Argentina
(78 %) consume agua de modo ocasional y no en todos los
dominios de la vida cotidiana considerados: las comidas, la escuela o
actividades deportivas y físicas.
Los
datos se desprenden del último informe presentado por el Barómetro
de la Deuda Social de la Infancia, de la Universidad Católica
Argentina (UCA), que aborda la temática del derecho al acceso al
agua segura en la infancia y adolescencia en cantidad y calidad. El
boletín fue desarrollado con base en los microdatos de la Encuesta
de la Deuda Social Argentina, del Observatorio de la Deuda Social
Argentina (UCA).
De
allí se desprende, también, que la ingesta de agua de canilla o
envasada en la escuela es ocasional en el 17 % de los
niños/as y adolescentes escolarizados de la Argentina, mientras que
el siete % nunca lo hace.
Además,
apenas el 22 % de los chicos/as suele consumir habitualmente
agua en circunstancias festivas; el 32 % sólo lo hace en
ocasiones; y el 41 % nunca lo hace.
Balance
Para
estar adecuadamente hidratado y asegurar el funcionamiento correcto
de todos los órganos, el cuerpo necesita mantener el equilibrio
hídrico; es decir, mantener un balance neutro entre los ingresos y
egresos de agua.
Los
ingresos de agua provienen de:
Ingesta
de líquidos. Es la principal forma de incorporar agua.
Contenido
de agua de los alimentos. Los alimentos contienen agua en distinta
proporción, algunos en forma natural, como las frutas, las verduras,
la leche y las carnes; y otros la incorporan durante la cocción,
como el arroz, los fideos y las pastas.
Agua
metabólica. Es el agua producida en pequeña proporción (300 a 400
ml) por el organismo durante la oxidación de los nutrientes.
Egresos
En
condiciones normales, el agua corporal se pierde sobre todo a través
de la orina y la piel, y en menor medida por los pulmones y la
materia fecal.
Orina.
Es la principal forma de eliminar agua. Se produce una reducción del
volumen de orina cuando disminuye la ingesta de líquidos, de la cual
dicho volumen depende.
Piel.
Las pérdidas de agua por la piel se producen a través del sudor,
mecanismo activo basado en la excreción de agua y otros componentes
mediante las glándulas sudoríparas a efectos de mantener la
temperatura corporal normal. La pérdida de agua por sudor disminuye
a temperatura ambiente moderada y en un estado sedentario, y la
producción de sudor es menor en la infancia que en la adultez. Estas
diferencias dependen de la etapa de desarrollo: en la prepubertad se
suda menos que en la pubertad media o tardía.
Pulmones.
Esta pérdida consiste en la evaporación de agua por el tracto
respiratorio al exhalar.
Materia
fecal. Se pierden entre 100 y 200 ml de agua a través de las heces.
Sin
acceso
En la
República Argentina, según datos del último Censo Nacional de
2010, el 16 por ciento de las viviendas no tiene acceso a agua
corriente de red. Las provincias con mayor cantidad de viviendas que
carecen de agua corriente son: Misiones (28 %), Buenos Aires
(25 %), Santiago del Estero (24 %), Chaco (23 %) y Formosa (23 %).
Las
estimaciones realizadas desde la Encuesta de la Deuda Social
Argentina indican que el déficit en el acceso al agua de red para
niños/as y adolescentes afectaba al 17,8 % en 2010 y al
15,8 % en 2015.
En
números
40 %
sufre la escasez. Es el porcentaje de la población mundial que
padece la falta de agua. Y se prevé que los problemas aumenten.
35 %
de los niños. Consumen agua sólo en algunas ocasiones durante las
comidas. A su vez, el siete por ciento de ellos nunca lo hace.
28,5 %
se hidrata. Son los chicos que hacen deportes o alguna actividad
física, y durante la práctica consumen agua.
Fuentes:
Fuentes:
Un derecho reconocido en todo el mundo, 02/06/16, La Voz del Interior. Consultado 02/06/16.
El agua, tan buena como ausente de la dieta infantil, 02/06/16, La Voz del Interior. Consultado 02/06/16.

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