jueves, 2 de junio de 2016

Un derecho reconocido en todo el mundo

Raly Barrionuevo se solidarizó con el reclamo de agua potable en Embalse, el 10 de enero de 2016. Foto: Luis Isla

Diversos instrumentos internacionales han reconocido el derecho humano al agua para toda la población.

Especialmente la Declaración Universal de los Derechos Humanos (París, diciembre de 1948), la Convención sobre los Derechos del Niño (Nueva York, noviembre de 1989) y el informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Ginebra, marzo de 2011).


A comienzos de este milenio, el Comité de las Naciones Unidas sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales estableció que este derecho es indispensable para vivir dignamente y es condición previa para la realización de otros derechos humanos.

En consecuencia, se considera este derecho humano como el derecho de todos a disponer de agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y asequible para el uso personal y doméstico -agua para beber, para higiene personal, para preparación de los alimentos y limpieza del hogar-, con el propósito de asegurar el derecho a la salud (higiene ambiental). Y se concluye que el agua debe tratarse como un bien social y cultural, además de económico.

El agua, tan buena como ausente de la dieta infantil

La mayoría de los niños y adolescentes argentinos (78 %) consume agua de modo ocasional y no en todos los dominios de la vida cotidiana considerados necesarios.

Según las Guías Alimentarias para la Población Infantil, la bebida ideal para garantizar una hidratación saludable es el agua potable.

Está comprobado y no hay que darle muchas vueltas: una hidratación saludable constituye parte importante de una alimentación adecuada, fundamental durante la infancia y la adolescencia para promover un óptimo crecimiento y mejores condiciones de salud en la vida adulta.

Sin embargo, la mayoría de la infancia y adolescencia en la Argentina (78 %) consume agua de modo ocasional y no en todos los dominios de la vida cotidiana considerados: las comidas, la escuela o actividades deportivas y físicas.

Los datos se desprenden del último informe presentado por el Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, de la Universidad Católica Argentina (UCA), que aborda la temática del derecho al acceso al agua segura en la infancia y adolescencia en cantidad y calidad. El boletín fue desarrollado con base en los microdatos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina, del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA).

De allí se desprende, también, que la ingesta de agua de canilla o envasada en la escuela es ocasional en el 17 % de los niños/as y adolescentes escolarizados de la Argentina, mientras que el siete % nunca lo hace.

Además, apenas el 22 % de los chicos/as suele consumir habitualmente agua en circunstancias festivas; el 32 % sólo lo hace en ocasiones; y el 41 % nunca lo hace.

Balance
Para estar adecuadamente hidratado y asegurar el funcionamiento correcto de todos los órganos, el cuerpo necesita mantener el equilibrio hídrico; es decir, mantener un balance neutro entre los ingresos y egresos de agua.

Los ingresos de agua provienen de:

Ingesta de líquidos. Es la principal forma de incorporar agua.

Contenido de agua de los alimentos. Los alimentos contienen agua en distinta proporción, algunos en forma natural, como las frutas, las verduras, la leche y las carnes; y otros la incorporan durante la cocción, como el arroz, los fideos y las pastas.

Agua metabólica. Es el agua producida en pequeña proporción (300 a 400 ml) por el organismo durante la oxidación de los nutrientes.

Egresos
En condiciones normales, el agua corporal se pierde sobre todo a través de la orina y la piel, y en menor medida por los pulmones y la materia fecal.

Orina. Es la principal forma de eliminar agua. Se produce una reducción del volumen de orina cuando disminuye la ingesta de líquidos, de la cual dicho volumen depende.

Piel. Las pérdidas de agua por la piel se producen a través del sudor, mecanismo activo basado en la excreción de agua y otros componentes mediante las glándulas sudoríparas a efectos de mantener la temperatura corporal normal. La pérdida de agua por sudor disminuye a temperatura ambiente moderada y en un estado sedentario, y la producción de sudor es menor en la infancia que en la adultez. Estas diferencias dependen de la etapa de desarrollo: en la prepubertad se suda menos que en la pubertad media o tardía.

Pulmones. Esta pérdida consiste en la evaporación de agua por el tracto respiratorio al exhalar.

Materia fecal. Se pierden entre 100 y 200 ml de agua a través de las heces.

Sin acceso
En la República Argentina, según datos del último Censo Nacional de 2010, el 16 por ciento de las viviendas no tiene acceso a agua corriente de red. Las provincias con mayor cantidad de viviendas que carecen de agua corriente son: Misiones (28 %), Buenos Aires (25 %), Santiago del Estero (24 %), Chaco (23 %) y Formosa (23 %).

Las estimaciones realizadas desde la Encuesta de la Deuda Social Argentina indican que el déficit en el acceso al agua de red para niños/as y adolescentes afectaba al 17,8 % en 2010 y al 15,8 % en 2015.

En números
40 % sufre la escasez. Es el porcentaje de la población mundial que padece la falta de agua. Y se prevé que los problemas aumenten.

35 % de los niños. Consumen agua sólo en algunas ocasiones durante las comidas. A su vez, el siete por ciento de ellos nunca lo hace.

28,5 % se hidrata. Son los chicos que hacen deportes o alguna actividad física, y durante la práctica consumen agua.

Fuentes:
Un derecho reconocido en todo el mundo, 02/06/16, La Voz del Interior. Consultado 02/06/16.
El agua, tan buena como ausente de la dieta infantil, 02/06/16, La Voz del Interior. Consultado 02/06/16.

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