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| Anna Magri, con una foto de su hijo Ricardo, fallecido el 17 de noviembre de 2009, con 22 meses. Foto: Mónica Bernabé |
por Mónica
Bernabé
Marcello Cafasso
muestra una fotografía en que su mujer y él aparecen con el cabello
casi rapado al cero para así asemejarse a su hija y contentarla. La
pequeña Giada, de seis años, sufre leucemia y se le había caído
completamente el pelo a causa de la quimioterapia. "Salimos del
hospital en diciembre y ahora hacemos quimio intravenosa una vez al
mes", explica la madre, Rita Cappiello, que utiliza la primera
persona del plural cuando habla sobre la niña, como si no sólo la
pequeña tuviera que someterse al tratamiento.
Giada está
sentada a pocos metros. Finge distraerse con el móvil, pero sigue la
conversación de reojo. La familia vive en una bonita casa de dos
plantas en Giuliano, una localidad a 15 kilómetros de Nápoles, en
el sur de Italia, que compró con "mucho esfuerzo" en 1991 para que
sus hijos "crecieran en el campo, lejos de la contaminación",
relata Rita. Entonces no sabían que aquella zona se convertiría en
la Terra dei Fuochi, como la llaman en italiano: la tierra de los
fuegos. Otros la han bautizado como el Chernóbil italiano.
Desde los años
noventa la Camorra empezó a verter allí toneladas de residuos
tóxicos ilegalmente, procedentes de industrias de acero, pinturas,
fertilizantes, cuero y plásticos del norte de Italia. En concreto,
la mafia ofrecía a esas empresas retirar los residuos por un 10 % de
lo que costaba su eliminación por la vía legal. Toda una ganga. Y
después se deshacía de ellos enterrándolos en la provincia de
Nápoles y en la vecina de Caserta, o directamente los quemaba. De
ahí que esa zona se la pasara a denominar la Tierra de los Fuegos.
El problema es que entre los residuos había sustancias tan
peligrosas para la salud como el asbesto, el arsénico, el plomo y el
cadmio.
Se necesitaron
más de dos décadas para que el Gobierno italiano reconociera que
allí, en la área metropolitana de Nápoles, hay un serio problema.
En febrero de 2014 el ejecutivo de Matteo Renzi aprobó una ley que
por primera vez establece medidas especiales para esa zona. En la
actualidad hay 200 militares desplegados en Nápoles y Caserta para
intentar evitar nuevos incendios. Una nimiedad para dos provincias
extensas, que suman ochenta municipios y un millón de habitantes.
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| Giada, de 6 años, recibe tratamiento en un hospital de Nápoles contra la leucemia: Foto cedida por la familia |
Ahora las penas por quemar residuos en Italia son de dos a cinco años de cárcel. Y en enero el Instituto Superior de Sanidad publicó un estudio que confirma lo que ya era un secreto a voces: la hospitalización y mortalidad por cáncer en la Tierra de los Fuegos es del 7 al 10 % superior al resto de la región sureña de Campania. En el caso de bebés y niños, la incidencia de tumores se dispara: un 51 % más en criaturas hasta un año, y un 42 % más hasta 14.
Aun así, la
doctora Loredana Musmeci, una de las autoras del estudio, asegura que
eso no demuestra nada. "Los residuos pueden ser una causa del mayor
número de tumores, pero también puede haber otros factores",
aclara. Y enumera algunos: el estilo de vida, las costumbres
alimentarias... "Hay que tener en cuenta que ésa es una zona de
bajo desarrollo económico, poco trabajo, y escasa prevención y
escolarización", destaca. ¿Pero qué malos hábitos puede haber
adquirido una criatura de pecho? En esos casos, la doctora admite que "la hipótesis entre causa y efecto" podría ser mayor, pero
insiste en que "no se puede demostrar científicamente".
"Me da lo mismo
que digan que no existe relación alguna con los residuos. Es
evidente que la hay", afirma con desprecio Anna Magri, que vive en
el municipio de Afragola, también en esa maldita Tierra de los
Fuegos, y perdió a su hijo Ricardo, de 22 meses. El pequeño enfermó
de leucemia con medio año, cuando ella aún le daba de mamar.
Ricardo estuvo
hospitalizado durante más de un año, le hicieron un trasplante de
médula ósea con 16 meses, y acabó falleciendo el 17 de noviembre
de 2009, tras un calvario que Anna afirma que nadie se puede
imaginar. "No es sólo el luto, es el sufrimiento que he visto en
sus ojos", musita. Mientras él moría, nacía otra Anna, asegura.
Una Anna que no se calla, que se manifiesta en la calle contra el
Gobierno, y que ha constituido una asociación con otras madres, Noi Genitori di Tutti (nosotros, los padres de todos), para ayudar a
otras familias que están pasando ahora por su mismo mal trago.
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| Antonella Cecere, con una foto de su hijo Francesco de Crescenzo, fallecido el 30 de junio de 2013, con 8 años. Foto: Mauro Pagnano |
"Me siento una
cretina", responde Rita cuando se le pregunta por qué no coge su
familia, sus bártulos y se va lejos de esa tierra que tanto está
mermando la salud de su hija Giada. "Cuando en la televisión veía
a los vecinos que residían cerca de la fábrica de acero Ilva, en
Taranto, pensaba: 'Son tontos. ¿Por qué no marchan?", explica. "Ahora los entiendo. Para irme, necesitaría un pequeño ejército.
Aquí tengo la ayuda de mi madre, de mis amigos, que cuidan de mis
otros hijos cuando yo estoy con Giada en el hospital. Mi marido
también tiene aquí un trabajo, y esta casa nadie la compraría ni
regalada. ¿Dónde voy? Aunque nos quisiéramos ir, estamos
prisioneros", lamenta.
Rita está
proyectada ahora en la enfermedad de su hija, y tiene esperanza que
algún día llegue "un D'Artagnan al Gobierno" que cambie las
cosas, comenta con media sonrisa. "Si fueran sus hijos los que están
enfermos, los políticos hablarían de otra manera", murmura.
Pero el Gobierno italiano no nombró un D'Artagnan, sino un encargado para el fenómeno de los residuos en la región de Campania: Donato Cafagna. Ocupa el cargo desde 2013 y sostiene que la Tierra de los Fuegos ya no se puede denominar así porque "ya casi no hay incendios".
Pero el Gobierno italiano no nombró un D'Artagnan, sino un encargado para el fenómeno de los residuos en la región de Campania: Donato Cafagna. Ocupa el cargo desde 2013 y sostiene que la Tierra de los Fuegos ya no se puede denominar así porque "ya casi no hay incendios".
"Entre 2012 y
2015 se redujeron un 63 % en la provincia de Caserta, y un 41 % en la
de Nápoles", declara. También explica que se han recogido "toneladas de neumáticos abandonados" y se han reutilizado para
asfaltar calles y construir campos de fútbol. Además, se han
detenido 40 personas por la quema ilegal de residuos y se ha creado
una aplicación que cualquier ciudadano se puede descargar en su
móvil para indicar a los bomberos la localización de un fuego.
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| Luisa Crisci, con su hija Alice Aragona, que murió el 3 de abril de 2013 a los 3 años. Foto cedida por la familia |
"En todo este
tiempo el Gobierno ha hecho una mierda. Todo es pura imagen",
replica Angelo Ferrillo, un activista de Giuliano que creó el blog
La Terra dei fuochi en 2008, donde indica en un mapa interactivo los
incendios y vertidos de residuos que se producen, a partir de las
alertas que recibe de los vecinos. "El tráfico de desechos del
norte al sur de Italia ha cesado, pero ahora contaminan empresas
locales que trabajan en negro y se desembarazan de los residuos de
forma ilegal", detalla.
Según Ferrillo,
en la actualidad los incendios ocurren por la noche. "Como la gente
está durmiendo, nadie avisa a los bomberos. O a veces llamas, pero
no contestan porque no tienen suficientes recursos. Y si los bomberos
no intervienen, ese fuego no queda registrado en ninguna
estadística", se queja.
Lo cierto es que
el término municipal de Giuliano es un auténtico basurero. No sólo
hay residuos industriales, sino desperdicios de todo tipo: colchones,
ropa, restos de comida, neumáticos... Conduciendo por la localidad,
se pueden encontrar en el lugar más inesperado, hasta en el propio
arcén de la carretera.
"Es una zona
especialmente crítica", se escuda Cafagna. "Hemos reforzado los
controles militares durante las horas nocturnas, y además queremos
poner vídeo vigilancia", explica. El epidemiólogo Maurizio
Montella, del Instituto de Tumores de Nápoles Fundación Giovanni
Pascale, también opina que se trata de un problema de "educación
cívica", que hay que resolver.
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| Imma di Villo, con un retrato de su hija Mesia Nasi, fallecida el 26 de febrero de 2013 a los 3 años. Foto: Mauro Pagnano |
"Los tumores en
niños son raros", añade el experto, "y los pequeños son más
sensibles a los cambios medioambientales", insiste, dando a entender
que, sin duda, el aumento de los casos de cáncer en la zona podría
estar vinculado al vertido de residuos. Pero vuelve a lo mismo: no
hay pruebas científicas.
La Fundación
Giovanni Pascale iniciará este año un estudio que debe aportar luz
a este asunto, a iniciativa del gobierno regional de Campania. Tal
vez por eso lo han bautizado con el nombre Proyecto esperanza.
Recogerán muestras de sangre y líquido seminal a un mínimo de
5.000 personas de esta área para analizar si contiene metales
pesados, arsénico u otras sustancias cancerígenas. El problema es
que los resultados no se obtendrán hasta dentro de dos o tres años.
¿Y mientras? "Prevención. La población se debe someter a
controles médicos", responde Montella. Si es que eso sirve de algo.
"Se enfermó y
se fue con ocho años", resume Raffaella Arena para explicar lo
rápido que ocurrió todo. Ella también vive en Giuliano. Su hijo
Francesco se empezó a sentir mal en julio de 2012 y el 21 de febrero
de 2013 ya lo estaban enterrando. "Este niño bebe demasiada
Coca-cola", le decían los médicos. Pero no era la Coca-cola lo que
provocaba dolor de barriga al pequeño, sino un tumor en el hígado
que ya era demasiado grande cuando se lo detectaron. Después tuvo
metástasis en los pulmones y ya no se pudo hacer nada.
"Lo llevamos al
hospital de Palermo y allí también había otros niños enfermos de
nuestra zona. Entonces te empiezas a hacer preguntas", comenta la
madre, porque no es normal tantas criaturas con cáncer de un mismo
lugar. A Francesco lo desahuciaron. "Los 10 últimos días los pasó
con morfina en casa. ¿Cómo se puede dejar así a un niño, como si
fuera un perro?", se queja.
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| AMaría Caccioppoli, con su hijo Antonio de Michele, que murió el 2 de junio de 2013 con 9 años. Foto cedida por la familia |
Antonella Cecere
también perdió en 2013 a un hijo de la misma edad y que se llamaba
igual, pero su suplicio duró más: 18 meses. "Le cambiaron cuatro
veces el protocolo de quimioterapia", recuerda. Vive en Capodrise,
otro municipio de la Tierra de los Fuegos, y es parca de palabras. "Odio todo", masculla.
"El Gobierno no me devolverá a mi hijo, pero quiero que reconozca su culpabilidad", manifiesta indignada Marzia Caccioppoli que, como las demás, perdió a su pequeño, Antonio, de nueve años, pero a diferencia de las otras, no tiene ningún hijo más. "El Gobierno es culpable porque sabía que se estaban vertiendo residuos. Y si no lo sabía, también lo es porque demuestra que no tiene un control sobre el territorio", concluye. Marzia vivía en Casalnuovo di Napoli, pero se fue tras el fallecimiento de Antonio, porque los recuerdos la estaban volviendo loca.
"Nosotros no
podemos sacar los residuos de la tierra. Pedimos al Gobierno un poco
de humanidad, que limpie la zona. ¡Somos seres humanos, no
bestias!", implora Imma di Vilio, del municipio de Succivo. Su hija
Mesia, de tres años, también falleció en ese fatídico 2013. La
niña se cayó en el parque y, desde entonces, empezó a lamentarse.
Tras llevarla a diversos hospitales, los médicos diagnosticaron que
aquello no era un simple hematoma sino un tumor. A los nueve meses ya
le daban sepultura.
"En el
supermercado venden los productos que se cultivan en la Tierra de los
Fuegos. Dicen que no están contaminados, pero las cenizas de los
incendios caen sobre la fruta y la verdura. Todos estamos afectados",
deplora Luisa Crisci, que no vive en esa zona, sino en la ciudad de
Nápoles, pero también perdió a una hija: Alice, de tres años y
medio. Falleció el 3 de abril de 2013 a causa de un tumor cerebral.
"Se han
realizado análisis del terreno y sólo hay algunas áreas
contaminadas, pero son muy limitadas", clarifica el geoquímico
Stefano Albanese, especialista de la Universidad de los Estudios de
Nápoles Federico II, que considera que se ha exagerado la situación.
El quid de la cuestión ahora, dice, es examinar la concentración de
sustancias orgánicas en el aire. Para ello se ha puesto en marcha el
proyecto Campania Transparente: el Istituto Zooprofilattico
Sperimentale del Mezzogiorno ha instalado 150 filtros en toda la
región. Pero para conocer los resultados de sus pesquisas, habrá
que esperar, al menos, un año.
Fuente:
Fuente:
Mónica Bernabé, El Chernóbil italiano, 30/05/16, El Mundo. Consultado 30/05/16.






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