viernes, 14 de agosto de 2015

"Hay que prohibir nuevas urbanizaciones tipo Nordelta"

Los barrios cerrados y countries como Nordelta ya ocupan casi la mitad de la superficie de Tigre

Reportaje a Patricia Pintos. La especialista pide frenar el avance inmobiliario en humedales, como primera medida ante las inundaciones.

por Florencia Halfon-Laksman

"Para evitar estas inundaciones se deben encarar obras hidráulicas que resuelvan los problemas estructurales de los últimos años. Pero hay una primera medida inmediata que se podría tomar, que es la prohibición definitiva de la habilitación de nuevas urbanizaciones en humedales." La sentencia es de Patricia Pintos, geógrafa, investigadora del Centro de Investigaciones Geográficas de la Universidad Nacional de La Plata y autora del libro La privatopía sacrílega. Efectos del urbanismo privado en humedales de la cuenca baja del Río Luján.

Durante los últimos años, la especialista estudió el comportamiento de este río desde la Ruta 8 hasta su desembocadura, y hoy sostiene que en Campana, Tigre, Escobar y Pilar hay "un modelo de urbanización que avanza sobre ecosistemas que no tienen las condiciones naturales para recibir esa urbanización".

- ¿Cuáles serían esas condiciones?
- Los humedales, lo que se llama "las planicies de inundación", son las áreas adyacentes al río y forman parte de él. En época de crecida, se desborda hacia allí. Si la ciudad avanza sobre eso, transforma al río y es un obstáculo para el escurrimiento del agua en temporales como el de estos días. Las propuestas tipo Nordelta, no cualquiera, sino ese modelo urbanístico que combina barrios con lagunas artificiales, requiere del alteo del terreno, el relleno. Las planicies son, por definición, inundables. Entonces, hay que rellenarlas y cambiarles la morfología y el escurrimiento del sistema fluvial. En Pilar, Campana, Escobar y Tigre, sobre todo en los dos últimos, hablamos de 9200 hectáreas de humedales transformados en estas urbanizaciones, desde 1999. Es el equivalente a 9200 manzanas. Es mucho. Y son más de 65 urbanizaciones cerradas a lo largo de la cuenca baja. La sumatoria de estas urbanizaciones ha supuesto una transformación drástica del sistema de escurrimiento en el ramo final de Río Luján.

- ¿Puede no ser advertido por quienes realizan los emprendimientos?
- Por supuesto que se advierte. El humedal se inunda. Casi de manera permanente tiene agua aflorando. Para poder construir una vivienda tenés que llevar el terreno tres o seis metros sobre la altura natural. En grades superficies, eso modifica su morfología. Cuando viene una situación de crecida como esta, lo que hacen es funcionar como un dique, que obstaculiza el escurrimiento del agua. Eso podría ser una explicación para la retención del excedente hídrico durante tantos días. En las últimas inundaciones, Luján permanece con un tercio del agua de la ciudad. La permanencia del agua, es decir, el agua que tiene dificultad con el escurrimiento, incide en la duración del anegamiento en los barrios más afectados.

- ¿Estos emprendimientos son el principal motivo de las inundaciones?
- Es una convergencia fatal de factores, pero no hay que desdeñar la razón atrópica. El cambio climático, sin dudas, es un factor causal principalísimo, que las precipitaciones se hayan intensificado y aumentado en frecuencia, pero está fatalmente combinado con intervenciones humanas que lo complejizan. La combinación fatal cierra con, por un lado, el aporte de los canales clandestinos del campo en la cuenca alta, que aportan un volumen de agua adicional a lo que normalmente llevaría; y, en la cuenca baja, la transformación drástica del humedal para la satisfacción de un mercado desarrollador inmobiliario de naturaleza especulativa rentista, que busca aproximarse al cauce del Río Luján a los fines de ofrecer una oferta paisajística con visuales asociadas al agua. Todo eso lo hace mucho más complejo.

- ¿Cuál es la solución a este panorama?
- Encarar obras hidráulicas para resolver los problemas estructurales que se vienen sucediendo en los últimos años. Pero la primera medida inmediata que se podría tomar es la prohibición definitiva de la habilitación de nuevas urbanizaciones en humedales. Me gustaría mucho escuchar a intendentes y gobernador referirse a eso en términos de dar una señal. Tal vez, muchas de las obras no serían necesarias de no existir esta transformación drástica de los humedales, que amortizan el impacto de las inundaciones. Y, por otro lado, que se concrete también el poder de policía, controlando los canales clandestinos, que no están permitidos por la autoridad del agua.

Fuente:
Florencia Halfon-Laksman, "Hay que prohibir nuevas urbanizaciones tipo Nordelta", 14/08/15, Tiempo Argentino. Consultado 14/08/15.

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