por Fabiola Czubaj
Hace quince años, las inundaciones de Santa Fe causaron oficialmente 23 muertos. Pero las pérdidas y el proceso de reconstrucción multiplicaron casi siete veces aquella cifra en los meses posteriores: 154 personas fallecieron por infarto, depresión grave y suicidio, como recuerda Enrique Stein, psiquiatra especializado en catástrofes que en 2003 trabajó en el lugar.
Esto demuestra la importancia que tendrá en adelante la contención de los damnificados de las inundaciones en 40 localidades del norte bonaerense y el sur de Santa Fe para prevenir las secuelas de una tragedia que se caracterizó por una respuesta tardía y la falta de coordinación, como se pudo conocer al recorrer los centros de evacuados. Ahí, había una mezcla de bronca contenida, resignación y naturalización de lo vivido, con el miedo a que todo se repita.
"Estos eventos adversos generan no sólo pérdidas materiales, sino que enfrentan a los damnificados con pérdidas humanas y simbólicas. Su impacto, como la valoración y el significado, dependerá de los recursos personales, la historia vivida y el sostén familiar y social que se disponga. Se interrumpe el curso habitual de la vida y eso se traduce en efectos como irritabilidad, problemas de concentración, abatimiento, apatía, desgano, falta de iniciativa, insomnio y trastornos somáticos", explica Claudia Gómez Prieto, licenciada en psicología especializada en políticas de reducción de desastres y secretaria académica de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica Argentina (UCA).
El coordinador de Salud Mental de Emergencias Socioambientales de Médicos del Mundo, que está relevando las necesidades médicas y psicológicas en los sitios afectados, comentó que las más inmediatas son los problemas en la piel, las enfermedades respiratorias y los episodios de angustia. Están utilizando técnicas grupales de "descarga" de lo vivido, según dijo Hugo Leale. "Hay quienes nos dicen que antes les gustaba oír las gotas de lluvia en las chapas -cuenta-. Pero, ahora, les da miedo. Sobre todo, los chicos. Nos pasó en La Plata, tras la inundación de 2013; cuando empezaba a llover, había chicos que salían corriendo a preguntarles a los papás si se iba a inundar de vuelta".
Los especialistas coinciden en que lo urgente es resolver las necesidades básicas y recomponer el tejido familiar y social, pero que sigue pendiente la organización de un plan de respuesta inmediata y organizada desde los primeros minutos de un desastre. Además, Gómez Prieto señala la relevancia de que la población perciba que las autoridades "se hacen cargo y controlan la situación" con una recuperación progresiva del orden. Consideró clave la confianza en las instituciones y sus funciones en una emergencia.
"Ahora, hay que contener la ansiedad y la tristeza en el regreso a casa -indica Stein, del Capítulo de Psicotrauma de la Asociación de Psiquiatras Argentinos y de la Sección de Intervención en Desastres de la Asociación Mundial de Psiquiatría-. Esta vez, al mantenerse más tiempo el agua en las casas, cada vez es más difícil volver a la normalidad, reconstruir lo que se tenía."
Es que la pérdida de lo logrado con sacrificio y los recuerdos "impone una desestructuración profunda que deja una huella traumática por mucho tiempo, que se manifestará a través de angustia, depresión, ansiedad o alteración de los vínculos", agrega Stein, que dirige el Proyecto de Red de Universidades Nacionales en Salud y Desastres. Dijo que no más de un 10 o 15 % desarrollará estrés postraumático, ya que lo más común son aquellos síntomas junto con el consumo de alcohol.
Desde su experiencia (la OMS editó su informe sobre las inundaciones de Santa Fe) adelantó que "si no se adoptan medidas estructurales y planes de contingencia para contener a la población desde el principio, con profesionales técnicamente capacitados en desastres, esto se va a repetir. La intervención temprana, que en la mayoría de los casos no ocurrió, es clave para evitar que los síntomas negativos se vuelvan crónicos". Y finalizó: "Como en otros desastres, el pueblo argentino mostró una enorme solidaridad, factor importante de recuperación".
Fuentes:
Fabiola Czubaj, Advierten sobre fuertes secuelas psicológicas tras las inundaciones, 18/08/15, La Nación. Consultado 18/05/15.
La obra de arte que ilustra esta entrada es "El dolor de la inundación", del artista mexicano Faustino Franco Ramón, que exhibe el dolor de los damnificados por las catastróficas inundaciones de Tabasco de 2007.

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