sábado, 7 de marzo de 2015

Generosas: el rol de cuatro mujeres en las inundaciones de Córdoba

Karina, Miriam, Daniela y Ana Celia, luchadoras contra la adversidad. Foto: Javier Ferreyra

Cuatro mujeres. Diferentes edades. Diferentes roles. Todas vivieron de cerca las inundaciones en las Sierras Chicas. Lo que aportó su "ser mujer" en el medio de la dura catástrofe.

por Lucía Pairola

Nada más difícil que juntar a cuatro mujeres de diferentes localidades en un bar de una ciudad de las Sierras Chicas. Tarea compleja, pero con la insistencia femenina lo imposible, se hace real. Y así fue. Contactamos a una por una y accedieron a formar parte de una nota diferente para este 8 de marzo, Día de la Mujer.

"Mujeres en medio de las catástrofes", dijimos como disparador. Y se desplegó un sinfín de palabras y emocionantes anécdotas.

El bar en pleno centro de Río Ceballos. Las 3 de la tarde y de a una comenzaron a llegar. Nos fuimos reconociendo, sin necesidad de una flor en el ojal.

Miriam Romero Molina, fue fácil de ubicar: vino vestida con su uniforme de bombera de Unquillo. La más joven, Daniela Farías, llegó desde Villa Allende con toda su familia. Karina Moreira preguntó mi nombre con la misma voz suave que escuché en el teléfono al citarla. Y la directora del colegio Alfredo Bravo, Ana Celia Pousa, se sumó a la charla luego de una reunión docente.

Con una gaseosa en la mesa para aliviar el calor que agobiaba a esa hora, el diálogo se disparó y en 5 minutos ya no parecíamos extrañas.

Todo para decir
Miriam rompió el hielo, como si trajera desde su corazón lo vivido ese triste 15 de febrero. "Estaba en el cuartel y empezó a llover, nos dimos cuenta que algo iba a pasar porque comenzamos a recibir llamadas", inició el relato. Ella se quedó en el cuartel para dar respuesta telefónica a la catarata de llamados que sonaba ese día.

"Lo recuerdo y fue muy duro, llamaban desde arriba de los techos, otros decían que tenían su familia inundada e incomunicada. Y cada vez que lo repetían me imaginaba a mis hijos en en ese lugar", recordó. Miriam cree que su sensibilidad y paciencia a la hora de escuchar, fue de gran ayuda para contener a quienes llamaban. "Eran todas urgencias", dijo y provocó la risa cómplice en la mesa, como quienes admiten un rasgo femenino evidente.

La humedad en los ojos de Karina nos acompañó toda la charla. Ella, asentida por las demás, sostuvo que "aún no hubo tiempo de llorar". Pero la conmoción de su propia historia y la de cientos de vecinos, se reconoce grabada en la mirada. "A nosotros no nos quedó nada luego de que el agua pasara por mi casa", comenzó contando.

Es médica hace 20 años. Pero ese día la decisión de cumplir su trabajo como directora de Desarrollo Social de la Municipalidad de Mendiolaza la llevó a dejar resguardados a sus tres hijos y salir por los vecinos. "Empezamos a relevar, a dividir tareas, a organizar y no dejar que la tristeza nos gane", relató desde la naturalidad de una "madre orquesta". Ella es la única funcionaria mujer en esa localidad. "El miedo no nos paralizó, lo vencimos para enfrentar lo que nos pasaba", agregó.

Durante el encuentro, Karina no dejó que ningún vaso de la mesa quedase vacío y como compartiendo su faceta más dulce, dijo: "Estar en los detalles fue la clave de esta historia". Al instante, Miriam, orgullosa de su labor como bombera, agregó que "un café caliente, una toalla limpia, una manta para el frío", fueron los imperceptibles que animaron en medio de la batalla.

Sensibles, fuertes
Daniela es una exitosa atleta de nuestra provincia. Algo callada durante la charla, escuchó con atención cada frase que expresaban las mujeres de la mesa. No dejó de intervenir llenando de aire joven el análisis: "A nosotros ni las paredes nos quedaron, pero yo vi a mis padres animándonos y proponiéndonos mirar para adelante", contó. Ella reconoce que las mujeres somos más sensibles en medio de situaciones extremas, pero fortalecidas por un impulso de "defender lo que es nuestro".

Corriendo tras el reloj, se sumó Ana Celia. Al instante tocó la misma cuerda en la que vibraba una profunda conversación. Se sentó. Escuchó con atención. Y como si de pronto se transformase en una leona, recordó la dureza del 15 de febrero: "Nosotros nos enteramos entrando a la ciudad de un viaje. Yo preguntaba por los barrios de mis alumnos y nadie me decía mucho".

Ella trabaja en un barrio con una realidad muy difícil. "Nosotros nos sentimos muy solos y dejados para el último, como siempre sucede", dijo y explicó: "Cuando llegué al día siguiente a ver a mis alumnos, nos abrazaban y decían que éramos las primeras personas que habían llegado con ayuda".

Ana puso todo su "ser madre" al servicio de los vecinos. Contó que abrazó a cada uno de los que iba encontrando, se ocupó de recorrer todas las casas de barrio Loza (el de su escuela) y de abrir el colegio para las donaciones.

"Quedó al desnudo la realidad que viven mis alumnos, los padres no sólo perdieron la casa, sino las herramientas de trabajo, sumándole más dureza a la problemática de la inundación", puso sobre la mesa, que la recibía con la impresión de haber caminado juntas.

Dieron y aprendieron
"La solidaridad y el hacer", dijo rápido la docente en la lista de lo ganado en la catástrofe. Miriam resaltó la entrega, el detalle y la decisión de servir a otros. La pequeña que perdió sus medallas y trofeos a manos de la crecida, sumó: "La familia y el trabajar todos juntos para salir adelante".

Karina, por su parte, compartió que sus hijos entendieron lo que significa "cuando salimos de la casa y no volvemos; lo difícil que es trabajar, ayudar a los demás y volver al hogar". Ella, como las demás, dejaron a sus hijos al cuidado de alguien y por varios días no pudieron verlos.

Aunque el tiempo de la reconstrucción recién comienza, estas mujeres han podido hacerse un espacio para reunir a la familia y cocinar algo rico. "La mamá no da más, pero los espera con una lasaña el domingo", decía un mensaje enviado por la directora a sus hijos.

En casa de la médica, la recuperación llevará más tiempo. Durmiendo en colchones en el comedor, son acurrucados por una "mamá gallina" que extendió sus alas para proteger a muchos.

En tanto, Daniela despliega su talento, sigue entrenando y esperando el comienzo de clases. Es abanderada del 6º año que comienza. La casa de una de las seis bomberas de Unquillo también se llenó de aroma a comida. Pero principalmente a ropa limpia, leche caliente y abrazos que devuelven la esperanza.

Fuente:
Lucía Pairola, Generosas: el rol de cuatro mujeres en las inundaciones de Córdoba, 07/03/15, Día a Día Córdoba. Consultado 07/03/15.

No hay comentarios:

Publicar un comentario