jueves, 6 de noviembre de 2014

Bajo el sol, bajo el agua: el drama de los vecinos de Areco y de Pilar


Muchas familias aún no pueden volver a sus casas; quedan 330 evacuados.

por Valeria Musse

San Antonio de Areco. Hace dos días que los Sacchi permanecen en vigilia, salvo para dormir a metros de su vivienda, ya que una enorme laguna los separa de su hogar. Mientras aguardan en la larga espera, almuerzan sándwiches y toman mate a la vera de la ruta 8, a centímetros del rápido paso de automóviles y camiones de gran porte.

Resignado, Esteban sonrió cuando un automovilista le gritó desde la ventana del coche si necesitaba algo. "Esto es un desastre. Todavía no pudimos entrar a la casa. Está bajo el agua, igual que mi taller. Ya perdí 150.000 pesos en 2009, con la peor inundación", dijo a La Nación mientras sostenía sobre su regazo una escoba que le habían dado en la municipalidad. Como si se tratara de un control policial, este vecino del barrio Don Pancho, uno de los más castigados de San Antonio de Areco, custodiaba los sachets de agua potable con los que fueron asistidos.

Su mujer, Mónica, estaba sentada en una de las butacas del Fiat 147 blanco familiar. El auto hacía las veces de mesa. Sobre él estaban apoyados el equipo matero y el pan con el que luego prepararía los sándwiches. "Así estamos desde el martes. Hay que custodiar la casa porque hay robos", contó, mientras señalaba su casa, que parecía cercana, pero que, hasta ayer, era inalcanzable. A sus espaldas, un camión hizo temblar la calzada.

Si bien el nivel del río que atraviesa la ciudad descendía ayer, lo hacía de manera muy lenta. Los vecinos estimaban que sólo bajaba 10 centímetros cada hora. "Mucho más lento que en 2009, cuando fue la mayor inundación", resaltó Alfredo Toledo, mientras retorcía los trapos con los que secaba -intentaba- su casa, situada a dos cuadras del cauce. Al mediodía, ahí, en Lavalle y Rivadavia, el agua les llegaba a las rodillas.

El intendente, Francisco Durañona, dijo a La Nación que ayer un 40 % de los 550 evacuados ya había retornado a sus hogares. Estimó que para mañana la situación estaría normalizada en el resto de la ciudad.

La familia Magallanes era una de las tantas que ayer limpiaban lo que a su paso dejó el líquido barroso. Las puertas de su casa estaban abiertas de par en par y en las habitaciones todavía permanecían sobre distintos tipos de soporte los muebles y electrodomésticos salvados de la inundación. Desde la terraza donde los hombres y algunos vecinos pasaron la noche para custodiar las viviendas de la calle Matheu, Alberto gritó a La Nación: "Parece una villa".

Hace sólo seis meses los Magallanes terminaron de pagar los $ 600 mensuales por el préstamo que recibieron tras la inundación de 2009; ahora su casa quedó otra vez sumergida por el desborde del río. "Ya nos estamos acostumbrando a esto", dijo, entristecida, Guillermina, hija de Alberto.

Pilar anegada
Aunque habían transcurrido más de 48 horas desde que el temporal azotó varios distritos bonaerenses, algunos barrios de Pilar, como El Manantial, permanecían ayer bajo más de un metro de agua. Por esta razón, Tamara Marchesín cargaba con la responsabilidad de cuidar la casa de sus padres, que apenas se asomaba en la calle Bahía Camarones al 700, convertida ahora en un canal.

Con un palo como soporte, esta joven de 24 años emprendió el camino hacia la vivienda y se abrió paso entre las aguas del río Luján, totalmente desbordado. "Caminá tranquila, es todo asfalto... sólo hay algunas lomitas de burro", le dijo Marchesín a esta cronista. El líquido frío que le llegaba a las caderas no la perturbaba. Dentro del hogar, el paisaje era desolador. "¿Cómo no iba a llorar mi papá al ver esto?", dijo la chica. El agua superaba en 30 centímetros la mesada de la cocina y los colchones flotaban como papelitos.

San Antonio de Areco, bajo el agua y con 500 evacuados
En Luján intentan volver a la normalidad
Fuente:
Valeria Musse, Bajo el sol, bajo el agua: el drama de los vecinos de Areco y de Pilar, 06/11/14, La Nación. Consultado 06/11/14.

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