jueves, 2 de mayo de 2013

La Plata: 12 mil familias aún padecen las secuelas del agua

Continúan soportando los trastornos de convivir con paredes descascaradas, muebles inutilizados y electrodomésticos que no funcionan. Y hay casos de gente que aún no pudo regresar a sus casas.

por Fabián Debesa

Las heridas profundas que dejó la inundación en La Plata tardan en cicatrizar. A un mes del temporal que dejó media ciudad bajo el agua y más de 52 muertos, hay 12 mil familias que soportan los trastornos de convivir con paredes descascaradas, muebles inutilizados, electrodomésticos que no funcionan y otras secuelas de la marea que arrasó con sus viviendas.

Son vecinos que lograron sobrevivir a la furia del agua en los barrios de La Loma, Tolosa, Ringuelet, Barrio Norte, San Carlos, Los Hornos y Villa Elvira, entre otras zonas desvastadas por la corriente. Sumado a esto, anoche, todos esperaban temerosos los resultados de una tormenta que al final fue solo una amenaza.

Silvina Jacobsen y su familia viven un exilio dentro de la ciudad. Su casa del barrio de Tolosa aún está inhabitable. “Por suerte mi padre tenía una casa para alquilar que al final nos prestó. Pero estamos tirados en colchones y casi sin muebles desde hace un mes”, cuenta. La noche del 2 de abril la vivienda de 7 entre 524 y 525 se transformó en una pileta. En pocas horas quedó cubierta con más de 1,80 metros de agua. Cuando advirtieron los riesgos, Silvina, sus hijas y su marido, Martín Cruz, se autoevacuaron. Lograron que el custodio de una dependencia judicial que estaba cerca abriera la puerta y pasaron la noche ahí. La dependencia se transformó en un refugio donde pronto llegaron varias familias de Tolosa.

Ahora, Silvina sigue esperando que las paredes dejen de chorrear humedad y ya no broten hongos de los pisos para iniciar la recuperación. “El resto de la vida tratamos de hacerla normalmente, por la salud de las nenas. Volvimos al trabajo y ellas a la escuela. Pero necesitamos por lo menos tres meses más para retornar a lo que fue nuestro hogar”, calculó la mujer.

En la noche destemplada del 2 de abril, 115 mil parcelas (de las 240 mil que tiene el distrito) quedaron cubiertas de barro y limo. Entre las 16 y las 23, de ese día llovieron 392 milímetros y más de la mitad de la población quedó a la deriva. La Plata se transformó en un inmenso lago repleto de trampas mortales. Miles de platenses pasaron la noche sobre los techos, en pisos de alto, en las plazas y en las playas de estacionamiento elevadas del nivel del suelo. Cinco horas alcanzaron para que el agua incontenible destruyera todo el piso flotante del Club Atlético Platense, que los socios habían tardado una década en colocar. El gimnasio donde se practica básquet y vóley en ese centro social de referencia del barrio quedó cubierto con más de 50 centímetros y a los pocos días las maderas estallaron junto con las ilusiones de cadetes, juveniles y todas las categorías de seguir siendo locales para el resto del torneo.

El problema persiste. “Necesitamos 150 mil pesos para recuperar el piso. Y el doble para hacerlo nuevo. Pero vamos a tratar de reconstruirlo porque ya pedimos mucho a la comunidad y a los socios, en los últimos años y no podemos abusar”, dijo a Clarín Oreste Garritano, presidente del club. Un mes después de la catástrofe, las actividades de acrobacia, boxeo, taekwondo, pilates, gimnasia y básquet se improvisan en otros espacios o en lugares prestados. Son 600 pibes que por ahora están sin su lugar de encuentro.

Una evaluación sobre las pérdidas económicas de particulares calculó en 4.000 millones de pesos los daños en inmuebles y en infraestructura básica. Hubo 45 mil vehículos dañados, muchos de los cuales aún se ven abandonados en calles y plazas de la ciudad. O imposibilitados de ser reparados en lo inmediato porque muchos talleres están saturados de trabajo pendiente y porque las aseguradoras no dan abasto para atender tantos reclamos. La comuna recogió más de 45.000 toneladas de basura que los vecinos apilaron en las calles en las primeras semanas posteriores a la catástrofe.

La tragedia platense despertó un inmenso sentimiento de solidaridad en todo el país. Miles de toneladas de ayuda llegaron a la capital bonaerense reunidas en distintos puntos de la provincia y el país. Hubo además, anuncios de beneficios estatales como créditos blandos, eximición de impuestos y algunos subsidios para los más damnificados (habrá un aporte de 75 mil pesos a los familiares de las víctimas).

Pero hay trastornos y complicaciones que no se mitigan con dinero y que persisten aún cuando el tiempo transcurre. “Entrar al living y toparse con esa línea negra que marca el nivel que alcanzó el agua es como una puñalada que se clava cada día en el estómago, una puñalada que nos recuerda que puede volver a pasar”, se lamenta María Teresa, quien además aún tiene el auto que resultó rebasado por el agua, inservible, en el garage de su casa de Tolosa.

Una biblioteca para ciegos pide ayuda tras perder todo

Hay 70 personas que están impedidas de seguir su rehabilitación.

por Priscila Hernández

Los libros de braile se deshicieron con el barro, las pizarras se despedazaron, el equipo con lentes y zoom para que vean personas con problemas de visión se arruinó, como pasó también con cada uno de los expedientes de cada persona que iba a la Fundación Tiflos. En esos historiales estaban las terapias que recibían y sobre todo sus logros, los que les permitían ser independientes.

La inundación del 2 de abril, que hace un mes dejó más de 50 muertos, arrasó todo en la cuadra de la calle 22 entre 32 y 33. El agua llegó a los dos metros y estropeó todos los objetos. Pero además cada uno de ellos era una herramienta útil para que una persona ciega se rehabilite. Desde hace 25 años la Fundación Tiflos recibe a personas de más de 16 años que adquirieron alguna discapacidad visual, total o parcial. Ahí aprenden a ser independientes, a redescubrir la vida con la ayuda de un bastón, a desarrollar los sentidos, a orientarse con los sonidos.

Así lo hizo Ana Rizo, presidenta y creadora de Tiflos, que narra con dolor como la fundación está devastada. “Lo perdimos todo. Estamos desconsoladas y tenemos que seguir trabajando”, dice, con un suspiro. Las pérdidas superan los 200 mil pesos y afectan a las 70 personas que dependían de la fundación.

Es la única organización de este tipo en La Plata, que también atendía en zonas cercanas. Rehabilitó a más de 700 personas desde 1990. “La fundación nació en mi casa cuando quedé ciega”, cuenta Ana. Dos décadas de buscar material especializado se fueron a la basura. Terminaron destrozados los juegos adaptados que Ana juntó en sus viajes a España, Canadá, Suecia; también los libros donados por la Organización Nacional de Ciegos de España, que financia proyectos de esta fundación.

A la lista se suman el calefón, mesas, microondas, heladeras y una combi nueva, equipada para que viajen personas ciegas. Las máquinas Perkins, para escribir en braile, podrán ser reparadas y volverán a funcionar. Es de lo poco que se rescató. Por eso la fundación pide ayuda para volver a atender a las 70 personas que tienen en rehabilitación. Y abrieron una cuenta en el Banco Provincia, donde se pueden hacer donaciones: 6483/1, sucursal 5015.

Quedan más de 34 personas bajo tratamiento por el shock psicológico

El desastre climático de La Plata se llevó vidas, pero también caló hondo en la psiquis de los damnificados. Todavía hoy, a un mes de la inundación, más de 34 personas intentan reconstruir sus rutinas alteradas, asistidas por los psicólogos que dispuso la provincia A. (58), su mujer S. (52) y los tres hijos del matrimonio vivieron la desesperación cuando más de 1,30 metro de agua los empujó a salir de su casa en un barrio de la periferia. Todavía no pudieron volver a instalarse en la vivienda. Todos los integrantes de la familia se turnan “de a uno” para tratar de recuperar “lo que se pueda”. Desde la evacuación, el padre duerme no más de tres horas por noche y en el resto del grupo persisten alteraciones como hiperactividad, angustia y temor.

Para D. y B., un matrimonio de profesionales con una hija de 10 años, el pronóstico climático y la aparición de nubosidad es una obsesión. Tienen dificultades para dormir y aún no han podido retornar a su vivienda porque está “inhabitable”. Viven con familiares y tratan de reconstruir el ritmo de trabajo y de estudio de la nena. Para los especialistas del PROSAMIC, estas 4 semanas constituyen el límite previsible para que dismuniyan las alteraciones psicológicas o malestares físicos provocados por el estrés post traumático.

Fuente:
Fabián Debesa, La Plata: 12 mil familias aún padecen las secuelas del agua, 02/05/13, Clarín. Consultado 02/05/13.
Priscila Hernández, Una biblioteca para ciegos pide ayuda tras perder todo, 02/05/13, Clarín. Consultado 02/05/13.

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