La investigación judicial por la muerte de animales tiene
seis imputados, cinco de ellos empleados municipales. El fiscal recibió un
plato con albóndigas, por lo que cree que fue intimidado.
Deán Funes. Esta ciudad murmulla. Aunque desde el domingo el
tema obligado de conversación sea el mismo, la matanza de más de 200 perros que
fueron envenenados el sábado a la noche, pocos son los que se animan a acusar
en voz alta.
Por ahora las certezas son: el sábado a la noche, cuando en
la calle no había nadie, ya que la mayoría sufría frente al televisor
intentando que el púgil Sergio “Maravilla” Martínez terminara de pie, algunos
desparramaron en la vía pública cebos con el insecticida Metomil, cuya venta es
restringida.
Por la cantidad (también mataron a gatos y aves) y las
diferentes cuadras en los que se apareció el veneno, desde la fiscalía de Deán
Funes, a cargo de Eduardo Gómez, no dudan de que se trató de un ataque
planificado. Y con una logística bien aceitada. “Se está realizando un mapeo de
toda la ciudad con las horas en las que fueron apareciendo los perros para ir
demarcando un recorrido”, señaló el fiscal. Luego se sintió intimidado porque
le dejaron una bandeja con albóndigas, material que mandará a analizar.
Había resuelto imputar a seis personas, cinco de ellas
empleadas del área de Inspectores de la Municipalidad local.
El sexto imputado es hermano de uno de los inspectores por ahora sospechados.
En su domicilio se secuestró una sustancia venenosa que está siendo peritada
por la Policía
Judicial de Córdoba. En Deán Funes, muchos aseguraban que se
trataba de otro veneno, de venta libre y utilizado para matar cucarachas y
alacranes. Desde la fiscalía aguardan resultados de la pericia.
Uno de los inspectores sospechados es Darío Palomeque (31),
quien ayer dijo ser inocente, que él y su familia sufrían insultos por parte de
los vecinos y aseguró que temía por su vida, ya que tenía miedo de que a la Policía no le gustara lo
que él estaba diciendo.
Los seis sospechosos del delito de “daño reiterado en concurso
real con la ley que castiga los actos de crueldad con los animales”, están en
libertad, ya que esta figura legal tiene un techo de tres años de cárcel.
Según se advierte en cámaras de seguridad de comercios
privados, los animales empezaron a caminar de manera zigzagueante durante una
hora antes de caer muertos. Por la rigidez cadavérica, se descarta que sea la
misma sustancia utilizada en febrero (estricnina) cuando hubo otra mortandad
similar.
El temor entre los vecinos radica en si el veneno (de forma
similar a la sal gruesa) puede afectar a los chicos. Por ello, aunque las
clases están suspendidas hasta el lunes, pocos son los que se animan a dejar
salir a la calle a los pequeños.
Aunque aún no existió ningún reporte oficial al respecto,
ayer desde el Hospital de Niños de Córdoba confirmaron que el lunes estuvo
internada una niña de Deán Funes que presentaba vómitos y diarrea. En una
clínica privada, en tanto, fue atendido un periodista que había estado cerca de
los contenedores donde se apilaron los perros muertos. En un principio, el
lunes volverían las clases.
“Acá hay personas que quieren aprovechar políticamente
esto”, advirtió un funcionario municipal. En el mismo sentido, muchos siguieron
con atención las declaraciones del médico Medardo Ávila Vázquez que insistió
con que detrás de la matanza podría existir un plan de la Provincia. Para
otros vecinos, la matanza sobrevino de una idea del municipio para acabar con
gran población de perros vagabundos.
También pidieron ser querellantes la Mesa de Proteccionismo y la Fundación Sin
Estribo.
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Fuente:
Deán Funes: Una matanza planificada y con logística, 03/05/13, La Voz del Interior. Consultado 03/05/13.
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