por Fernando Mexía
Aunque puedan sonar a nombres arcaicos de pueblo, disprosio,
europio, itrio, neodimio y terbio guardan en su rareza el secreto del futuro
tecnológico así como el éxito de las energías limpias, y mantienen en jaque a
las naciones más poderosas del mundo.
El acceso a estos elementos químicos es una prioridad para
la estrategia energética de EE.UU. que ve cómo China controla el 95 % de la producción de los llamados metales raros o tierras raras (17 en total)
que han pasado de ser actores secundarios y olvidados en la tabla periódica a
los grandes protagonistas.
Los imanes de los modernos altavoces y discos duros de
ordenador, los teléfonos móviles más inteligentes, las turbinas eólicas, las
bombillas de bajo consumo, paneles solares o las baterías de los coches
eléctricos e híbridos alimentan su eficiencia a base de estos componentes cuyo
suministro no está garantizado.
Ante esa perspectiva, el Departamento de Energía de EE.UU.
movilizó a científicos y expertos tanto de universidades como de empresas para
buscar soluciones, un equipo de trabajo que tendrá su cuartel general en el
nuevo Instituto de Materiales Críticos (CMI).
La compañía Ames Laboratory en Iowa y su director Alex King
están al frente del proyecto que recibirá 120 millones de dólares de
financiación en los próximos cinco años.
"La clase media está creciendo a nivel global y una de
sus características es que quieren cosas, ya sean teléfonos, coches..., eso va
a crear una enorme demanda y esa demanda implica una demanda de
materiales", explicó King en una teleconferencia a través de internet.
El objetivo principal del CMI a corto plazo será detectar
las posibles yacimientos de estos metales en EE.UU. "sin importar cuál sea
el coste" de su extracción para dotar al país de mayores reservas de esos
elementos, así como trabajar con las empresas mineras ya existentes para
asegurar que sean viables.
King puso como ejemplo la situación de la mina Mountain
Pass, en California, que durante décadas fue el mayor suministrador mundial de
metales raros y que tuvo que cerrar en 2002 por problemas medioambientales.
La explotación volvió a abrir en 2010 aunque enfrenta una
situación de mercado compleja frente al control de precios que ejerce China.
El gigante asiático obtiene los metales de forma más barata
debido a sus relajadas políticas ecológicas y de seguridad laboral, así como el
menor coste salarial, al tiempo que restringe el volumen de sus exportaciones
con lo que controla el precio de mercado.
Esa práctica ha sido denunciada por la Unión Europea ,
EE.UU. y Japón ante la
Organización Mundial de Comercio (OMC), mientras que China se
defiende asegurando que su intención es frenar la producción excesiva en el
país que tiene consecuencias para el medio ambiente.
"Ha habido tensiones geopolíticas durante los últimos
años debido a estos asuntos. Los riesgos son reales", confirmó David
Sandalow, representante de Política y Asuntos Internacionales del Departamento
de Energía de EE.UU.
Sandalow aclaró que la particularidad de metales raros no es
tanto su escasez, ya que "abundan más que el oro en la Tierra ", si no la
complejidad de su extracción, que implica químicos, gasto energético y puede
resultar muy contaminante.
Además de China y EE.UU., estos elementos se hallan en
abundancia en países como Canadá, Brasil, Kenia, Sudáfrica, Australia o
Vietnam, aunque desde el CMI se aspira a poder dar con sucedáneos de estos
metales que cumplan las mismas funciones y garanticen la independencia de
yacimientos fuera de EE.UU.
El reciclaje es otra opción, afirmó King, quien, no
obstante, consideró que ese proceso estaba lejos de ser una solución real al
problema del suministro.
Fuente:
Fernando Mexía, Los metales raros, el oro del tecnológico siglo XXI, 17/01/13, El País.
No hay comentarios:
Publicar un comentario