sábado, 16 de febrero de 2019

Una catástrofe que cambió la forma de hacer obra pública

El nuevo puente de Unquillo es siete veces más grande y soportaría un caudal de hasta 200 metros cúbicos por segundo.

por Lucas Viano

El 15 de febrero de 2015 marcó un antes y un después en cómo se diseñan las obras públicas en Córdoba. “Antes, las obras de desagüe se calculaban con recurrencias de 25 a 100 años. Ahora tienen una recurrencia de 500 años. Esto significa que podrían soportar una lluvia de tal magnitud que todavía no sucedió”, dice Jorge Alves, presidente de Caminos de las Sierras.

Es el caso de las obras que se están haciendo en la avenida de Circunvalación. Un ejemplo es lo ocurrió con el túnel que se dejó durante la gestión de Rubén Martí debajo de la Mujer Urbana. “Tenía una fundación y pilotes para una obra de desagüe mucho más chica que lo que se hizo ahora. Por eso se demoró más en los trabajos”, indica el funcionario.

Por su parte, Osvaldo Vottero, director de Vialidad Provincial, también asegura que se cambiaron los diseños de los puentes que se construyeron en Sierras Chicas. “Triplican a los existentes por su capacidad de paso agua. Esto implica hacerlos más anchos y más altos”, explica el funcionario.

Y ejemplifica con el puente que se construyó en Unquillo que es siete veces más grande. “La mayoría de las obras existentes fueron construidas por los municipios y estuvieron pensadas para que pasara un máximo de 50 metros cúbicos por segundo. Ahora soportarían hasta 200 metros cúbicos por segundo”, detalla.

Carlos Gentile, secretario de Cambio Climático de la Secretaría de Ambiente de la Nación, asegura que las obras de infraestructura que financia la Nación ya se planifican considerando los modelos de cambio climático, además de las series históricas de precipitaciones que se usaban anteriormente.

En el futuro, la ocurrencia de lluvias y sequías no será la misma que en el siglo previo. No basta con mirar atrás”, dice.

En tanto, Carlos Catalini, ingeniero especialista en Hidrología del Centro de la Región Semiárida del Instituto Nacional de Agua (Cirsa-INA), advierte: “El cambio climático no es el único culpable. Hay que mejorar la planificación territorial. Es un problema más complejo que no se soluciona sólo con cambiar la forma en que se diseñan las obras”.

Y agrega: “Con una obra no se pueden modificar las condiciones naturales. Hay que atacar el problema en forma integral”.

Para el experto, los efectos del cambio climático son muy difíciles de estimar en un sitio puntual. “Lo que hay que hacer es analizar horizontes posibles a escala regional y pensar la obra de forma integral e interdisciplinaria”, dice

"Pasaron cuatro años y sólo me ofrecen migajas"

Volver a este lugar me causa gastritis y estrés”. Eso es lo primero que dice María Eugenia Frávega cuando pisa los escombros de lo que alguna vez fue su vivienda en Villa Allende.

El 15 de febrero estaba con mi marido de vacaciones y dejamos el auto, que ya teníamos prácticamente vendido, en la casa. El dinero de esa venta iba directo a agrandar la vivienda, para recibir a las gemelas que venían en camino”, cuenta con angustia.

En la actualidad vive separada y cree que, en parte, la crecida se llevó algo más que su casa.

Nos avisaron que el agua había tapado todo y vinimos a ver. Con el tiempo me doy cuenta de que ese trauma que vivimos se llevó muchas relaciones, como me pasó a mí con el matrimonio”, dice.
Fuente:
Una catástrofe que cambió la forma de hacer obra pública, 15/02/19, La Voz del Interior. Consultado 16/02/19.

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