Granjero de Bruno, en la región de Saskatchewan, Canadá,
Percy Schmeiser se especializó en el cultivo de canola (colza), al que se
dedicó por más de cincuenta años. A partir de la batalla legal que mantuvo
durante varios años contra la empresa multinacional Monsanto, se convirtió en
un símbolo internacional representante de los derechos de los agricultores
independientes y de las regulaciones de los cultivos transgénicos. El
documental David versus Monsanto (2009) explica en detalle esta lucha.
Su historia de litigios comenzó en 1997, cuando encontró en
sus campos Roundup Ready Canola, una canola resistente al herbicida Roundup (de
Monsanto). Lo que hizo entonces fue cosechar ese cultivo y guardarlo por
separado de su otra cosecha para plantarlo al año siguiente y analizar qué
sucedía. Fue entonces cuando la multinacional le exigió el pago de licencia por
utilizar sus semillas transgénicas. Schmeiser se negó a ese pago, dado que él
nunca había pretendido que ese tipo de semillas crecieran en su campo, sino que
las mismas se introdujeron en sus cultivos por algún tipo de “contaminación”
(fueron introducidas por el viento). La empresa Monsanto lo acusa de haber
cultivado grandes extensiones de su tierra con la canola transgénica de la
compañía, algo que, según alegan, no pudo haber sucedido en esa magnitud por
una “contaminación” ocasional.
Por varios años Schmeiser, junto a su mujer Louise, recorrió
varias instancias de la Corte
canadiense. Como contraofensiva, en 1999 Schmeiser demandó a Monsanto por diez
millones de dólares por difamación, violación de la propiedad y contaminación
de sus campos con Roundup Ready Canola. Pero esta demanda no prosperó. “Creo
que las compañías biotecnológicas tienen que asumir su responsabilidad por el
material que escapa y contamina los campos -dice el granjero-. Por eso creo que
éste es un tema que debe tratarse en el Parlamento”.
Ducho en la arena política, Schmeiser fue alcalde de Bruno,
la ciudad en la que vive, desde 1966 hasta 1983 y también fue miembro de la Asamblea Legislativa
como miembro del Partido Liberal.
Schmeiser estuvo recientemente en la Argentina brindando un
seminario en la Ecovilla
Gaia , en Navarro (provincia de Buenos Aires), y también
participó de una conferencia organizada por Proyecto Sur en el Hotel Bauen en
donde tuvo oportunidad de exponer su experiencia ante un auditorio variopinto
colmado de ambientalistas y chacareros.
Percy Schmeiser tiene como coequiper todoterreno a su esposa
Louise desde hace más de sesenta años. Con ella tiene cinco hijos, quince
nietos y un bisnieto. La pareja recibió en 2007 el Right Livelihood Award, una
especie de Nobel alternativo, “por su coraje para defender la biodiversidad y
los derechos de los agricultores y por desafiar la perversidad ambiental y
moral de las interpretaciones actuales de las leyes de patentes”.
“Los transgénicos están destruyendo el tejido social”
Es un pequeño granjero canadiense que enfrentó a la poderosa
Monsanto, en un caso que llegó a la Corte Suprema de su país. Aquella batalla lo
convirtió en un referente de los derechos de los agricultores independientes.
Ahora recorre el mundo para advertir sobre los riesgos económicos, sociales y
ambientales que implican las regulaciones de los organismos genéticamente
modificados.
por Verónica Engler
- ¿Cómo empezó su lucha contra Monsanto?
- Mi esposa y yo éramos desarrolladores de semillas de canola
(o colza, se cultiva para producir forraje, aceite vegetal para consumo humano
y biodiésel). Hicimos investigación en este cultivo por más de cincuenta años.
Y en 1998, dos años después de que introdujeran los transgénicos en Canadá, la
empresa Monsanto inició una demanda en contra nuestro. Nos demandó por
violación de patente, porque decían que nuestra canola era producto de sus
semillas transgénicas. Fue una sorpresa para nosotros porque nunca compramos semillas
genéticamente modificadas ni sabíamos de Monsanto. Lo que hizo famoso nuestro
caso en todo el mundo fue el hecho de mostrar qué podía pasarle a un agricultor
si su campo era contaminado con las semillas transgénicas. En ese momento el
juez dictaminó que no importaba cómo se había producido la contaminación con
las transgénicas, puede ser polinización cruzada, polinización por abejas, por
semillas que ingresaron arrastradas por el viento o por el propio transporte de
otros granjeros. Si sucede eso, entonces uno ya no es más dueño de sus semillas
ni de sus plantas, por la ley de patentes. También en ese momento se dictaminó
que no íbamos a poder usar nuestras semillas de nuevo por la contaminación que
tenían y que nuestras ganancias por ese cultivo debían ir a Monsanto. Otra
cuestión que dictaminó el juez es que el nivel de contaminación no era
importante, da lo mismo que se tenga el uno o el noventa por ciento del campo
contaminado, de todas formas, uno ya no es el dueño de sus plantas. La base de
nuestra lucha fue por los derechos de los agricultores, para que cada uno tenga
derecho a plantar sus semillas año tras año.
- ¿Qué hicieron ante la demanda de Monsanto?
- Lo que más nos dolió es que todo el trabajo nuestro de
cincuenta años con la semilla de canola ahora pertenecía completamente a
Monsanto por la ley de patentes. Por eso decidimos seguir peleando, así que
fuimos a la Corte
de Apelación. Esta Corte federal mantuvo casi la misma posición, incluso
Monsanto trató de detenernos de otras maneras. Nos demandaron nuevamente por un
millón de dólares. Trataron de destruirnos financiera y mentalmente. Nos
observaban cuando estábamos trabajando en el campo, venían a la salida del
garaje de nuestra casa, a observar qué hacía mi esposa, mi esposa recibía llamadas
telefónicas con amenazas y también les pasaba lo mismo a nuestros vecinos. Y
aún hoy vivimos con temor. Entonces decidimos ir a la Corte Suprema. La Corte Suprema dijo
que no teníamos que pagarle nada a Monsanto, pero que sí teníamos que pagar
nuestros costes legales. Monsanto aceptó que nosotros no habíamos comprado
semillas de ellos, pero sin embargo como nuestras plantas fueron contaminadas
con sus semillas, se suponía que nosotros teníamos que pagarles la licencia por
esas semillas. Si nosotros hubiéramos tenido que pagar a Monsanto todo lo que
querían, hubiéramos tenido que pagarlo con nuestra casa, nuestra tierra y todo
nuestro equipamiento. Así que fue una victoria para nosotros escuchar a la Corte dictaminar que
nosotros no teníamos que pagarle nada a Monsanto. Pero de todas formas, es muy
difícil para un granjero poder luchar en la Corte contra una multinacional. Fue Monsanto el
que nos demandó a nosotros y sin embargo tuvimos que hacernos cargo de los
costes legales de esta demanda. Eso no fue justo para nosotros, porque Monsanto
debería haber pagado también nuestros costes.
- ¿Cuánto tuvieron que pagar y cómo afrontaron esos gastos?
- Los gastos fueron un poco más de 500 mil dólares. Lo
pagamos con gran parte de nuestro fondo de jubilación, hipotecas sobre nuestras
tierras y también recibimos donaciones de muchas personas de todo el mundo que
están muy preocupadas por el tema de las patentes de semillas y sobre todo lo
que concierne a nuestra alimentación.
- ¿Cómo se contaminó su cultivo con las semillas
transgénicas?
- Porque mis vecinos estaban utilizando semillas de Monsanto
y al soplar el viento las traía a mi campo y lo contaminaban. Yo nunca utilicé
las semillas de Monsanto ni el Roundup (el herbicida de Monsanto) en mi campo.
Por eso presenté una contrademanda basada en la contaminación ambiental,
destrucción de semillas y calumnia. Desde ese momento Monsanto nos espió y
trató como a criminales. Detectives de Monsanto se instalaron cerca del campo y
controlaban cada paso que daba. Lo primero que le dijimos a la Corte es que un agricultor
tiene que tener el derecho a utilizar sus semillas año tras año. Para mi esposa
y para mí lo más importante es que nadie, ningún individuo ni una corporación
tienen derecho a patentar formas superiores de vida, sea un ave, una abeja o
una planta.
- ¿Qué sucedió luego de este episodio de la demanda de
Monsanto?
- Nosotros pensamos en ese momento que habíamos acabado con
Monsanto. Decidimos cambiar de cultivo y hacer investigación con mostaza, pero
un tiempo después descubrimos que había plantas de canola en el campo en el que
estábamos investigando, que era de cincuenta acres. Nosotros le avisamos a
Monsanto que creíamos que había canola transgénica en nuestro campo de mostaza.
Entonces Monsanto vino a nuestro campo e hizo algunas investigaciones. Después
nos notificaron que sí había canola de semillas de Monsanto en nuestro campo de
mostaza. Nos preguntaron qué queríamos que se hiciera. Les pedimos que toda esa
canola fuera retirada manualmente. Monsanto estuvo de acuerdo. Dos días antes
de que tuvieran que venir a quitar las plantas, nos enviaron una carta para que
firmemos. Y en esa carta Monsanto establecía que ni mi esposa ni yo podíamos
hablar sobre Monsanto nunca más con nadie. O sea que mi libertad de expresión
quedaba anulada, y si hubiera aceptado no podría estar aquí hablando con usted.
- ¿Qué le respondió?
- Les dijimos que muchas personas murieron en nuestro país
por la libertad de expresión y que nosotros no pensábamos entregársela a una
corporación. Así que le respondimos a Monsanto que con la ayuda de nuestros
vecinos íbamos a remover esas plantas. Con ayuda de nuestros vecinos removimos
todas las plantas por la contaminación y les pagamos 600 dólares. La verdad es
que no fue mucho dinero por tres días de trabajo. Pero le mandamos la cuenta a
Monsanto y Monsanto se rehusó a pagarla. Entonces mandamos a Monsanto a la Corte y, de esta manera,
tuvimos a una multinacional millonaria en la Corte por 600 dólares. Puede imaginarse la
vergüenza de Monsanto, una corporación internacional, asistiendo a la Corte por 600 dólares.
Entonces, finalmente tuvieron que pagar los 600 dólares más los costes legales
y llegamos a un arreglo de que no habría mordaza legal. Lo importante no fue el
dinero que tuvieron que poner, obviamente, sino que es la consecuencia legal lo
que vale. Porque si ahora el campo de cualquiera es contaminado, la empresa
tiene que pagar por esa contaminación. Esta fue una victoria, no solamente para
nosotros sino para los agricultores de todo el mundo, porque sienta un
precedente en legal.
- Usted suele decir que en Canadá hay varios cultivos, entre
ellos la canola, que ya son completamente transgénicos. ¿Por qué los granjeros
canadienses optaron por este tipo de semillas patentadas?
- En 1996 fueron introducidas cuatro siembras transgénicas en
Canadá: el algodón, el maíz, la canola y la soja. Y los granjeros se
entusiasmaron porque Monsanto decía al principio que con las semillas de ellos
íbamos a tener más producción, más ganancias, más nutrientes, e íbamos a tener
que utilizar menos químicos para lograrlo. Pero sucedió todo lo contrario,
estamos utilizando más químicos que antes, y hacen tanto daño a la salud humana
como al medioambiente. También repitieron una serie de lugares comunes como que
a través de estas semillas íbamos a alimentar a un mundo lleno de hambre. Pero
creo que si hay algo que nos va a llevar a tener más hambre en el mundo, eso
son los transgénicos. Nosotros en Canadá hemos tenido transgénicos por
dieciséis años y creemos que el daño ya se hizo. Ahora hay que hacer lo que sea
posible para no permitir que entren más transgénicos en nuestros países.
- ¿Qué sucedió en los sembrados de canola transgénica que se
extendieron en Canadá?
- Inmediatamente después de que se empezaron a utilizar estas
semillas las ganancias empezaron a bajar. Pero lo peor fue el aumento masivo en
el uso de los químicos, porque después de unos pocos años tuvimos una
supermaleza que se desarrolló en los sembrados de canola. Para eliminar esta
supermaleza, que es muy resistente, se requieren los tóxicos más potentes que
se hayan conocido. Monsanto salió con un tóxico, el más tóxico que se conoce en
la faz de la Tierra. Hay
otro químico que es el 2,4-D, que están tratando de usar para matar esta
supermaleza, y este nuevo tóxico contiene un 70 por ciento del agente naranja,
el que fue usado en la guerra de Vietnam, con el que miles de personas murieron
de cáncer. Estos son los químicos poderosos que estamos usando hoy en Canadá,
tóxicos masivos. Otra cosa que han tratado de traer a Canadá es el gen
terminator. Yo creo que ése es el peor asalto a la vida que se ha visto en la
historia de la civilización. El gen terminator es puesto en un gen, la semilla
se convierte en una planta, pero la planta produce una semilla que es estéril,
así que no se puede usar para la nueva siembra, y eso hace que uno tenga que
volver a comprar las semillas de la compañía.
- ¿Qué implicancias tiene el uso de semillas transgénicas?
- Tenemos un tema económico, de salud por el aumento de uso
de químicos y el veneno que traen desparramados los transgénicos, y un daño en
el medioambiente por el uso de los químicos. Los transgénicos nunca fueron
hechos para aumentar las ganancias. El patrón de los genes introducidos a las
semillas por Monsanto se hicieron para mantener el control de la provisión de
semillas y de alimentos en todo el mundo. También se toma el control del
derecho que tiene el granjero de usar sus semillas, pierde su capacidad de
elección y queda atado a tener que comprar las semillas todos los años y pagar
un costo alto, además de que tienen que comprar más químicos.
- ¿Cómo son las semillas que usted utiliza hoy, después de
todo este proceso?
- Cambiamos de semillas, no trabajamos más con la canola,
estamos trabajando con trigo, avena y porotos. En Canadá la soja y la canola
son totalmente transgénicas, no se puede tener una granja orgánica de esos
cultivos. Monsanto es hoy la compañía que maneja totalmente el mercado de las
semillas para estos cultivos. Una vez que se introducen los transgénicos, no
existe la coexistencia, el gen transgénico es un gen dominante, porque no se
puede controlar el viento ni que el polen se traslade. Entonces, una vez que
las semillas transgénicas son introducidas, no hay posibilidad de que un
granjero continúe con un desarrollo propio de semillas.
- ¿Cómo ve el futuro de la agricultura?
- Los transgénicos están destruyendo el tejido social del
país, nunca vi algo así antes, los agricultores se enfrentan entre ellos. Antes
nos ayudábamos unos a otros, ahora esto está desapareciendo porque hay
desconfianza. Instalan el miedo haciendo demandas contra los agricultores. Esta
nueva tecnología es ciencia perversa y no es ciencia comprobada. Las
corporaciones quieren control total sobre las semillas, lo que les dará control
total sobre el abastecimiento de alimentos, de esto se tratan los transgénicos
y no de tener más alimentos para paliar el hambre en el mundo. Si los
agricultores pierden el derecho a cultivar su propia semilla, se convierten en
sirvientes de la tierra, regresando a la época del sistema feudal. En cierta
forma los agricultores ya son sirvientes de la tierra, porque tienen que
comprar las semillas de determinada compañía, tienen que comprar la licencia
del alimento, tienen que comprar los químicos de la misma compañía, tienen que
pagar un derecho para cultivar en su propia tierra, así que pienso que ya somos
sirvientes en nuestra propia tierra por una corporación multinacional como
Monsanto. De continuar la propagación de organismos modificados genéticamente,
el control total del suministro de semillas y de alimentos del mundo estará en
manos de corporaciones como Monsanto, y esto acarreará problemas para la salud,
cuestiones ambientales y pérdida de biodiversidad. Con los organismos
genéticamente modificados ya no habrá agricultura sino agronegocios.
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David contra MonsantoFuente:
Verónica Engler, “Los transgénicos están destruyendo el tejido social”, 04/03/13, Página/12. Consultado 04/03/13.
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