En el
Consejo Federal de Ciencia y Tecnología llamaron a “librar una
batalla contra los fundamentalismos” encarnados en los
ambientalistas que se oponen al modelo sojero y megaminero.
por Roberto
Andrés
Ayer
miércoles La Gaceta de Tucumán publicó un artículo titulado La
ciencia argentina llama a una batalla contra los fundamentalismos. En
ella se relata cómo en la asamblea del Consejo Federal de Ciencia y
Tecnología, un órgano de asesoramiento del ministro de Ciencia Lino
Barañao, una de las frases que se escuchó en reiteradas ocasiones
fue: “Tenemos que librar una batalla contra los fundamentalismos”.
“Según
manifestaron varios de los miembros presentes, esos
‘fundamentalismos’ están encarnados principalmente por
agrupaciones ambientalistas que en reiteradas ocasiones ponen trabas
a sectores productivos, principalmente la minería y la agricultura
(sobre todo por la resistencia al uso de agroquímicos), con lo que
favorecerían un atraso social y económico en comunidades
puntuales”, señaló el medio tucumano.
Lino
Barañao, quien ayer fue ministro de Ciencia, Tecnología e
Innovación Productiva de Cristina Kirchner y hoy lo es de Mauricio
Macri, agregó en tal situación que “la diferencia entre un
ecólogo y un ecologista es la misma diferencia que hay entre un
enólogo y un borracho”. Y sin noción del ridículo hizo una
fraudulenta comparación al señalar que “ha muerto mucha más
gente en accidentes de tránsito o electrocutada que por el uso de
agroquímicos en los cultivos. Sin embargo, ninguna de estas
organizaciones ha salido a manifestarse en contra del automóvil o de
la energía eléctrica”.
Solo
señalemos que para el desarrollo de la industria automotriz y de la
energía eléctrica se debieron imponer varias normas que regularicen
estas actividades para su uso masivo, pero para el desarrollo del
modelo sojero en Argentina no se contó con ningún estudio de
impacto ambiental previo (salvo el realizado por Monsanto). Además
el Senasa ha mantenido bajo siete llaves los documentos que
habilitaron el uso del glifosato en Argentina.
“Pienso
que se debe principalmente a que el beneficio de andar en auto o de
encender la luz de la casa es mucho más cercano y palpable que el
beneficio que trae, por ejemplo, un emprendimiento minero”. Mal
ejemplo. A pesar de los años, en San Juan, Catamarca y Santa Cruz,
las provincias emblemáticas del desarrollo del “modelo minero”,
esta actividad no se convirtió en ningún momento en “motor de
desarrollo”.
Después
de casi 20 años de explotación de La Alumbrera los índices
industriales y de la construcción cayeron en Catamarca, y los
niveles de pobreza siguen siendo más altos que la media nacional
presentando el mayor número de beneficiarios de la asignación
universal por hijo. Mientras tanto La Alumbrera consumía más de 86
millones de litros de agua por día, mucho más que el consumo total
de la provincia, y en materia eléctrica representaba el 85 % del
consumo total de la energía de la provincia. Su filial tucumana
consumía el 80 % del total de energía de la provincia. En marzo de
2017 el INDEC señalaba que San Juan, la provincia en donde opera
Barrick Gold, era la tercera provincia más pobre del país.
Fundamentalismos
y fundamentalismos
Lo de
Lino Barañao es simplemente agitación política. La de un patovica
con corbata al servicio de los grandes empresarios y el capital
imperialista. Tan solo por poseer en sus manos el departamento del
aparato estatal destinado al desarrollo científico que beneficia a
la clase que detenta el poder, Barañao se adjudica la autoridad para
designar, junto a esa cueva de lobos que es el Consejo Federal de
Ciencia y Tecnología, qué tiene “sustento científico” y qué
no lo tiene.
Científicos
y profesionales honestos que han acompañado la movilización popular
en contra del saqueo y del socavamiento de las condiciones naturales
que garanticen el derecho a un ambiente sano de la población, han
elaborado estudios que muestran los efectos negativos del modelo
minero y sojero en la población.
En
diciembre pasado un grupo de científicos del Departamento de
Geología y del Centro de Investigaciones de la Geósfera y la
Biósfera de la Universidad Nacional de San Juan publicaron un
estudio que mostraba, tras 17 años, los impactos negativos de la
megaminería en el ambiente glaciar y periglaciar de los Ándes
desérticos, específicamente en los casos de Pascua Lama y la mina
Veladero, explotada por Barrick Gold. Esta última protagonizó en
2015 el peor desastre ambiental de la minería argentina con el
derrame de cinco millones de litros de agua cianurada.
En
dicha ocasión un informe del Laboratorio de Análisis Instrumental
de la Facultad de Ingeniería de la UNCuyo confirmaba la
contaminación, pero la Cámara Minera y el Gobierno sanjuanino de
Gioja denunciaron el estudio como “malicioso” y reclamaron una
retractación por parte de la Universidad, apelando a un supuesto
estudio favorable emanado por la ONU, pero que posteriormente fue
desmentido por el organismo internacional.
En el
caso del agro, solo por nombrar algunos, están los estudios
realizados por Andrés Carrasco, director del Laboratorio de
Embriología de la UBA, de Eduardo Maturano, del Comité de
Epidemiología del Instituto de Virología José María Vanella de la
Facultad de Ciencias Médicas de la UNC, y de Damián Verseñazzi,
del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias
Médicas de la UNR.
Ante
estos casos las autoridades políticas universitarias denunciaron el
carácter “anticientífico” de los estudios y bregaron por los
acuerdos comerciales con las multinacionales químicas y
agroalimentarias. La disputa por una ciencia al servicio del pueblo
pobre y trabajador, en contraposición a una ciencia al servicio de
los mezquinos intereses del capital nacional e imperialista, está
más vigente que nunca.
Pero
Barañao no se arruga si tiene que bendecir como ministro de Ciencia
y Tecnología los fundamentalismos esotéricos de un empresario. Fue
en noviembre pasado cuando el ministro confesó su disposición para
estudiar lo paranormal “e ir viendo de qué manera podemos ir
integrando esos mundos que parecen antagónicos, que tarde o temprano
tienen que confluir”. Lo hizo mientras daba una charla en el
auditorio de la Fundación Columbia de Conciencia y Energía, de
Palermo, una institución creada en 2011 por Santiago Ardissone,
presidente del Banco Columbia en Argentina.
Barañao
acompañaba a las autoridades mientras estas entregaban las primeras
Becas Fundación Columbia de Investigación en Ciencia y
Espiritualidad. Uno de los proyectos ganadores se titulaba Rasgos
perceptuales, psicofenomenológicos y psicofisiológicos asociados a
las variedades de prácticas curativas espirituales y
psicoenergéticas, del presidente del Instituto de Psicología
Paranormal. Un año antes Mauricio Macri, su nuevo empleador,
anunciaba la restricción del acceso al 60 % de becarios del Conicet
del sistema científico.
Pero
su confesión tenía segunda parte. El pasado 23 de marzo el ministro
que llama a combatir los “fundamentalismos” que cuestionan la
megaminería y el modelo sojero, tenía que abrir (tras autorizarla)
la realización del Encuentro Gratuito Ciencia y Espiritualidad en el
Centro Cultural de la Ciencia, organizado por la fundación de su
amigo banquero.
El
Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA
repudió el evento y le solicitó a Barañao una disculpa pública
por promover seudociencias. También que en el futuro “se abstenga
de asociarse con personas o instituciones que promuevan este tipo de
actividades”.
Fue
una de estas mismas personalidades “esotéricas” la que le negó
la promoción a investigador superior a Andrés Carrasco. Siendo
biólogo molecular y director del Laboratorio de Embriología
Molecular (Conicet-UBA), Carrasco publicó en 2009 su estudio en el
que denunciaba los efectos del glifosato en el desarrollo
embrionario, lo que generó un escándalo en la industria de los
agrotóxicos.
Barañao,
siendo ministro de CFK, realizó un inusual pedido de revisión
“ética” al Conicet respecto al accionar de Carrasco y
desacreditó su investigación tanto en el programa de Héctor
Huergo, jefe de Clarín Rural y lobbysta del agronegocio, como en
encuentros de la Asociación Argentina de Productores para la Siembra
Directa (AAPRESID), una organización que recibe financiamiento de
BASF, Bayer, Dow, DuPont y Monsanto.
En
2014, luego de tres décadas de trabajo e importantes hallazgos
científicos (como los genes Hox) y varias publicaciones en revistas
internacionales, a Andrés Carrasco se le negó su promoción a
investigador superior del Conicet, pese a haber contado con
experiencia siendo director del Laboratorio de Embriología. Al poco
tiempo después moriría de un infarto.
En el
comité que negó su promoción había un científico vinculado a los
agronegocios y una experta en filosofía budista. Roberto Salvarezza,
examigo de Barañao y diputado hoy por Unidad Ciudadana, puso la
firma.
Lo
señalado por Lino Barañao, en el Consejo Federal de Ciencia y
Tecnología en contra de los ambientalistas que denuncian el modelo
sojero y la megaminería, no debe entenderse más que como una
amenaza. A estas amenazas hay que hacerles frente: por cada Lino
Barañao, que florezcan mil Andrés Carrasco.
Fuente:
Roberto Andrés @RoberAndres1982, Las amenazas de Lino Barañao, el patotero ministro de seudociencia, 12/04/18, La Izquierda Diario. Consultado 14/04/18.
No hay comentarios:
Publicar un comentario