Una demanda
histórica por el derecho al agua que enfrenta a dos provincias del
país sudamericano.
por Santiago Mayor
La provincia
argentina de La Pampa, ubicada en el centro del país sudamericano,
es conocida por sus tierras áridas. A través de ella cruza la
llamada 'ruta del desierto', que lleva desde Buenos Aires hasta el
norte de la Patagonia. Cuenta con dos ciudades importantes: la
capital, Santa Rosa, y General Pico. El resto de la población se
asienta en pequeñas localidades y pueblos dispersos.
Sin embargo, gran
parte de su territorio supo ser a principios del siglo XX una zona
fértil donde florecían las colonias agrícolas. El Río Atuel, que
nace en Mendoza junto a la cordillera de Los Andes, era la principal
fuente de agua de la zona occidental de la provincia y llegaba hasta
el Río Colorado, al sur, que desemboca en el Océano Atlántico.
Hace 100 años
comenzó un proceso mediante el cual el agua del Atuel fue arrebatada
a los pampeanos con catastróficas consecuencias económicas y
sociales que persisten hasta el día de hoy. Los puentes que cruzan
arroyos secos y bancos de arena son una postal común en el oeste
pampeano.
La historia de
este río robado es poco conocida incluso en Argentina, aunque no lo
es para la población de La Pampa, que desde hace un siglo reclama
por su derecho soberano a este recurso hídrico.
Los terraplenes
de 1918
Como señaló la
periodista Marisol de Ambrosio en un artículo para la Agencia Télam,
en 1918 comenzaron en la provincia de Mendoza una serie de obras de
infraestructura que limitaron la cantidad de agua que entraba a La
Pampa a través de los cinco brazos del Atuel. En esa primera etapa,
se produjo la desaparición del cauce principal, conocido como Atuel
Viejo.
Héctor Gómez,
presidente de la Fundación Chadileuvú, que -según su propia
descripción- es "una expresión ciudadana en salvaguarda de
los recursos hídricos de la provincia de La Pampa", dialogó
con este medio y recordó que en 1908 el Estado Nacional fundó en
territorio pampeano "la colonia agrícola Butaló sobre un brazo
del mismo nombre del río Atuel". Era una colonia de 10.000
hectáreas que fue habitada "especialmente por colonos de origen
ucraniano y polaco".
Allí se
desarrollaron diversos cultivos "de alfalfa, cereales, frutales
y álamos". Sin embargo, Gómez explicó que la construcción de
estos "tapones" en Mendoza, estos "cierres
rudimentarios que permitían regar chacras y establecer zonas de
regadío", produjo que deje de correr el agua "y se
abandonaron las tierras".
Durante los años
que siguieron el único brazo del Atuel por el que ingresaba el agua
era el arroyo De la Barda que recorría alrededor de 100 kilómetros
en territorio pampeano generando humedales y lagunas.
La represa del
Nihuil y el robo del río
Sin embargo, las
obras continuaron en Mendoza y para 1947 se terminó la construcción
del complejo hidroeléctrico Los Nihuiles, cuyo centro es la represa
El Nihuil, en las cercanías de la ciudad de San Rafael. Este
proyecto terminó por cortar el curso de agua hacia La Pampa.
"Durante 25
años no ingresó una gota de agua al cauce", recordó Gómez.
Lo que había sido una zona fertil y productiva en medio del desierto
dejó de existir. "La ganadería ovina que era muy importante y
la base productiva de la región desapareció y la población emigró
abandonando el territorio", añadió el presidente de la
Fundación Chadileuvú.
Cabe destacar
que, de acuerdo a la ley 1532, el territorio pampeano todavía no era
considerado provincia. Alcanzó ese estatus recién en 1952, motivo
por el cual, durante todo este proceso, no contaba con representantes
en el Congreso Nacional y dependía directamente del gobierno
central. Esta situación ubicó a La Pampa en una posición de
inferioridad frente a Mendoza.
"Hubo quejas
y protestas pero la falta de poder político por ser territorio
nacional conspiraron para una justa distribución de las aguas",
detalló el entrevistado. Fue entonces que el telegrafista Ángel
Garay, espantado por la situación y la migración masiva, le
escribió una carta al entonces presidente Juan Domingo Perón que,
en 1949, dictó la resolución 50. Esta ordenaba que tres veces por
semana se permitiera el paso del equivalente al 2 % del caudal del
Atuel hacia La Pampa. No obstante, un tribunal mendocino -que
legalmente no tenía competencia- anuló la medida y como el
gobierno nacional no apeló la situación se mantuvo.
Consecuencias del
desierto
Los diversos
brazos del Atuel que ingresaban a La Pampa formaban "una especie
de delta interior", explicó Héctor Gómez. Gracias a eso
existía una vegetación diferente al resto de la región que era
"apta para la ganadería". Además, los distintos cursos
fluviales constituían una fuente del agua para el consumo humano de
las distintas poblaciones.
"La
localidad de Santa Isabel tenía mas de 3.000 habitantes" hace
70 años, historizó Gómez. Sin embargo, los sucesivos censos
nacionales demuestran "la disminución notable" de la
población, que en 2001 era de apenas la mitad. Si bien en la
actualidad ha vuelto a rondar ese número –para ser el pueblo más
populoso de la región occidental de la provincia–, "ya no
viven de actividades productivas" y los jóvenes "migran
para instalarse en otros sitios" y buscar trabajo.
La Pampa le exige a Mendoza la “devolución” del Atuel......https://t.co/g4Ttq3gCEQ pic.twitter.com/qtWvTLUgVW— Fm Raices Alvear (@fmraicesalvear) 11 de mayo de 2016
Como recoje el
documental 'Atuel la memoria del agua', ya son varias generaciones
que no han tenido conocimiento del río y que nunca lo vieron correr
regularmente por la región. Lo que ha sucedido es que cuando Mendoza
era incapaz de contener toda el agua en El Nihuil, soltaba un caudal
muy grande que inundaba el territorio pampeano provocando enormes
pérdidas materiales.
Según un estudio
elaborado por la Universidad de La Pampa en el año 2011, las
pérdidas anuales que provoca la falta del río suponen 1.239.000.000
de pesos (61.300.000 dólares aproximadamente) en un escenario de
relativa sequía. En condiciones más favorables, ese número
asciende a 14.284.000.000 de pesos (707.000.000 dólares).
La pelea judicial
e institucional
Con el
antecedente de la resolución del gobierno de Perón, la pelea de los
pampeanos por el agua del Atuel nunca se detuvo. Fue así que en 1973
se sancionó el Decreto 15/60 que estableció que las regalías del
complejo Los Nihuiles pertenecían en un 50 % a La Pampa. Una vez más,
Mendoza rechazó la iniciativa y nunca se puso en práctica,
provocando masivas protestas que dieron como resultado la
conformación de la Comisión Popular de los Ríos Interprovinciales
Pampeanos. Esta experiencia fue el antecedente de las Asambleas en
Defensa de los Ríos que existen hoy en toda la provincia.
Hubo que esperar
hasta 1987 para que la Corte Suprema de Justicia emitiera un fallo en
el cual declaró al Atuel como un río interprovincial y por lo tanto
otorgó derechos a ambos distritos sobre sus recursos hídricos. No
obstante, el máximo tribunal ordenó a las provincias llegar a un
acuerdo que no tuvo su primer paso hasta el Protocolo de
Entendimiento de 1989.
Pero recién en
1992 se logró un consenso para construir un acueducto -con
financiamiento del Estado nacional- para llevar agua a la región
pampeana. Sin bien esta no venía del Atuel sino del manantial Punta
de Agua, permitió resolver la situación crítica de sequía en la
zona.
Ante los
incumplimientos mendocinos, en 2008 hubo una nueva negociación que
derivó en el llamado Convenio Macro, que estipulaba una distribución
de las aguas y fue firmado por los gobernadores de aquel entonces.
Mientras que la legislatura de La Pampa lo aprobó inmediatamente, la
de Mendoza tardó seis años en abordarlo y finalmente en 2014 lo
rechazó. Esta nueva negativa hizo que los pampeanos volvieran a
llevar el tema a la Corte Suprema, que desde entonces tiene
nuevamente el asunto en sus manos.
Su fallo más
reciente estipula que, nuevamente, ambas provincias dialoguen para
acordar un uso compartido de las aguas del río. Actualmente esa
negociación está en curso.
La Pampa reclama "un caudal permanente en el Atuel, que se repare el daño ambiental y que se desarrolle una colonia bajo riego en la cercanía de Santa Isabel que permita mejorar sustancialmente la vida de los habitantes de nuestro oeste, que por otra parte son en su mayoría descendientes de pueblos originarios", promenorizó Gómez.
El entrevistado
añadió que Mendoza asegura carecer de agua suficiente ya que
entregarla significaría arruinar zonas actualmente en producción.
"Lo que no dicen es que sus sistemas de riego son de bajísima
eficiencia, solo 30 %", y aún riegan "por inundación y por
surco". "Si regaran por sistemas modernos, aspersión y
goteo economizarían agua y podrían regar más y dar agua a nuestra
provincia", apuntó el integrante de la Fundación Chadileuvú.
"Los
pampeanos vivimos este problema como un despojo y una injusticia,
para nosotros Mendoza nos robó el Atuel con la complicidad de los
distintos gobiernos nacionales", agregó. Y finalmente remarcó
que El Atuel es "una causa de todos los pampeanos"
independientemente "de las ideas políticas o religiosas".
"Queremos que nuestro oeste deje de ser una zona postergada y
sin perspectivas, queremos que el Derecho Humano al agua y a una vida
digna sea una realidad y no una promesa", concluyó.
Fuente:
Fuente:
Santiago Mayor, El Atuel, la historia del río robado en Argentina, 09/04/18, RT. Consultado 12/04/18.
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