El “acampe
anti-Cormecor” agrupa y es sostenido por vecinos de Parque Santa
Ana. Aunque los escuchan, mantienen distancia de políticos y de
referentes “anti-Monsanto”.
por Javier Cámara
El conflicto de
intereses está instalado. El proyecto para radicar el complejo de la
Corporación Intercomunal para la Gestión Sustentable de los
Residuos Sólidos Urbanos del Área Metropolitana de Córdoba
(Cormecor) en el sur del Gran Córdoba ya tiene a quienes lo quieren
impedir.
Son, en su
mayoría, los habitantes de los barrios abiertos y cerrados de la
localidad de Villa Parque Santa Ana, ubicada a casi cuatro kilómetros
del predio donde se edificaría el complejo ambiental. Vecinos a los
que les preocupan los efectos del emprendimiento que tendrá
enterramiento y separación de residuos, pero también incineración
controlada de gases, entre otras cosas.
Con el objetivo
de que sus vidas no comiencen a parecerse demasiado a las de los
vecinos de Bouwer, que padecen de distintos modos la proximidad de
otros dos predios de enterramiento sanitario, se autoconvocaron y
decidieron montar un acampe en el camino de ingreso al predio en
cuestión, a la altura del kilómetro 20 de la ruta 36.
“Un acampe como
el de los anti-Monsanto” es la comparación que más se escucha,
porque el objetivo inmediato es similar: impedir que se concrete una
instalación que podría provocar contaminación. Sin embargo, de
acuerdo con lo que pudo constatar este diario, no se trata de lo
mismo. Al menos por ahora.
Los que
sostuvieron el acampe contra la radicación de la semillera era un
grupo estable más ideologizado y politizado. En cambio, en el
“campamento” de una carpa, dos baños químicos y un improvisado
“quincho” de chapa montado en el Paraje Alto El Durazno, el único
habitante permanente es Franco Reynoso, vecino de Villa Parque Santa
Ana que no anda con vueltas para explicar su pertenencia: “Sólo
represento a la Asamblea de Vecinos Autoconvocados, no a partidos
políticos, ni a otros que buscan otros intereses”.
Reynoso dice que
hicieron una “vaquita” (una recaudación de dinero) entre los
vecinos de la localidad donde vive, de los barrios La Melinca, Mi
Valle, Campos del Virrey y del paraje Alto El Durazno para montar la
estructura del acampe y sostener la resistencia. “Lo de Cormecor
vulnera el derecho a la salud de vivir en un ambiente sano –expresó–,
por eso no vamos a permitirlo y nos vamos a quedar aquí hasta que
consigamos que una autoridad venga con un papel en el que se confirme
que no se hará ese complejo”, dijo.
El acampe recibe
visitas permanentes de vecinos de la zona, productores agropecuarios
y lugareños que apoyan la protesta. Algunos llevan criollitos y
yerba para el mate. También se acercan concejales de Santa Ana, en
nombre del intendente José Luis Becker, que defendió la postura de
los vecinos durante la audiencia pública que se realizó hace un
año.
La edila Beatriz
Mayor, por ejemplo, cargó contra el “estudio de impacto ambiental”
(ver aparte) y “contra los que quieren hacer política con esto,
como la gente del partido ADN, del concejal Tomás Méndez, que es mi
vecino en un barrio cerrado”.
¿Qué
organizaciones apoyan el acampe? “Formalmente, la Biblioteca
Popular la Urdimbre y la ONG ‘Mi pueblo no es una Cantera’, de la
comuna José de la Quintana”, dijo Reynoso. Contó que días atrás
estuvieron Raúl Montenegro (de Funam) y Sofía Gatica (Madres de
Ituzaingó), “pero sólo para compartir sus experiencias. Nosotros
no queremos que nos contamine Cormecor”, concluyó.
“El estudio de
impacto se hizo según la ley”
Consultado sobre
estas argumentaciones, el director titular de Cormecor, Hugo Pesci,
defendió no sólo el informe técnico de impacto ambiental, sino
todo el proceso que lo incluye. Y destacó que es la ley vigente la
que establece que es el proponente quien debe pagar el estudio de
impacto.
Los vecinos del
sector que se han unido para “impedir” la instalación del
complejo de Cormecor se apoyan en dos argumentos generales, que
incluyen a otros más específicos: 1) que a nadie le gustaría tener
un enterramiento de residuos en el “patio” de su casa (en un
sector que ya tiene otros dos sitios similares); y 2) que el estudio
de impacto ambiental -acusan- “está amañado porque lo pagó
la parte interesada”, es decir, la propia Cormecor.
Consultado sobre
estas argumentaciones, el director titular de Cormecor, Hugo Pesci,
defendió no sólo el informe técnico de impacto ambiental, sino
todo el proceso que lo incluye. Y destacó que es la ley vigente la
que establece que es el proponente quien debe pagar el estudio de
impacto.
“La ley -le
dijo a La Voz- es la que dice que el proponente es quien debe
pagar el estudio de impacto ambiental, y todo lo que hemos hecho
responde a lo que establece la ley”.
Explicó que el
informe técnico que cuestionan los vecinos autoconvocados es sólo
una parte de lo que es toda la Evaluación de Impacto Ambiental, que
se hace con una comisión de seguimiento y que se pone a
consideración en la audiencia pública”, dijo Pesci.
Afirmó que “el
resultado de ese proceso es que el complejo puede ser montado allí
porque se cumple con todos los requisitos y las exigencias”,
agregó.
Acerca del
argumento vecinal que le achaca fallas y falsedades al informe
hidrológico, Pesci dijo: “Se hicieron dos estudios: el de
hidrología subterránea y el de hidrología superficial. Y los
resultados son muy claros”, explicó Pesci. Tras señalar que el
agua subterránea no se va a contaminar, aseguró que “por
pendiente regional, Villa Parque Santa Ana está por encima del
predio donde se construirá el complejo; en efecto, no hay forma de
que el agua subterránea suba, y no hay otras poblaciones aguas
abajo”.
Con el agua
superficial pasa algo similar, según Pesci: “El agua que pasa por
el predio no llega a Santa Ana. No obstante, vamos a mejorar la
situación de los excedentes hídricos”.
Fuentes:
Javier Cámara, Más por vecinos que por ambientalistas, 29/10/16, La Voz del Interior. Consultado 29/10/16.
“El estudio de impacto se hizo según la ley”, 29/10/16, La Voz del Interior. Consultado 29/10/16.
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