En los
alrededores de Bengolea, decenas de familias están aisladas y si
ocurre un accidente no tienen forma de llegar a los pueblos. “Si
nos pasa algo, morimos acá”, aseguran. Hay animales sepultados
bajo las grandes lagunas, cultivos barridos y los caminos se
convirtieron en verdaderas trampas.
Bengolea- Ucacha. A poco de sobreponerse de una gran inundación ocurrida en
los primeros meses del año, nuevamente el clima les jugó una mala
pasada a los habitantes de esta zona, que nuevamente ven cómo todo
lo que habían recuperado y el trabajo de toda la vida son borrados
por el agua.
La imagen es
dantesca. Cientos y cientos de hectáreas bajo agua, animales que
luchan por sobrevivir, familias aisladas en los campos, leche que
debe tirarse, los chicos sin acudir al colegio y los caminos
convertidos en ríos furiosos y ruidosos resumen el desastre con el
cual convive una franja de cordobeses de esta zona. El clima parece
haberse ensañado con ellos.
Primero fue el
fenómeno de El Niño y ahora un temporal inusual hace naufragar
sueños y trabajo de generaciones de productores.
Para las familias
aisladas en los campos hoy es vivir el día a día, esperando que el
sol salga cada mañana, poder recibir un poco de comida que algún
vecino pueda acercar y hasta embarcarse en la aventura de sacar a los
chicos sobre un carro tirado con tractor para que no sigan perdiendo
días de clases.
A la escuela en
tractor
Marina Nicola,
mamá de niños que van a la escuelita rural en un carro, reflejó lo
que viven a diario. "La cantidad de agua es un desastre, la
situación es muy triste. Los niños están asustados, una cosa es
ver las fotos y otra es ir al campo. Da mucho miedo”, dice a El Puntal de Río Cuarto.
No es necesario
exagerar calificativos para detallar la realidad que vienen
padeciendo productores, familias, maestras, alumnos y hasta animales
que murieron bajo el agua y que afloraron cuando el sol volvió a
aparecer. Los productores se encontraron con estas duras imágenes de
terneros y otros animales sepultados por el barro, tras el paso de un
gran caudal de agua.
"El lunes
fue el último día que pude llegar a la escuela -detalla a El Puntal de Río Cuarto la
docente rural Bibiana Estigarribia, de la escuelita Juan Manuel
Belgrano, próxima a
Bengolea-. El martes teníamos capacitación y reunión con otras
docentes de Bengolea y Ucacha y ya no pudimos llegar a la escuela. No
pudimos tener clases y los padres de los alumnos ni siquiera pudieron
salir de sus campos en algunos casos. Y en otros, quedaron en el
pueblo y no pudieron volver; así de trágico y real es lo que nos
tocó sufrir esta semana".
"Tal vez lo
tomamos con calma porque no es la primera vez que nos pasa”, dice
resignada esta maestra.
Luego agrega que
primero está la seguridad de los chicos y no los días perdidos de
clases. Es que el agua también arrastra consigo otros peligros, como
la aparición de serpientes y otros animales que, asustados, pueden
atacar a los pequeños.
“Tenemos un
solo camino para llegar desde el Puesto Blanco pero por ahora es
imposible porque se convirtió en un río, graficó Estigarribia, no
sé cuándo podremos llegar", graficó Estigarribia.
Sergio Meichtri
está con su mujer en el campo de la familia ubicado a 12 kilómetros
de la zona de Bengolea, en proximidades de colonia Unida.
“Lo que es
nuestro campo está afectado porque tenemos seriamente comprometida
la próxima siembra y aun cuando mejore el tiempo no hay forma de
llegar con las máquinas. Las calles son más que arroyos, son ríos”,
detalló.
Meichtri asegura
que los problemas son cada vez más graves. “No hay forma de parar
el agua. Todos echan la culpa a lo que ha llovido, creo que no es tan
así. Acá se está largando agua de otro lados”. Y dijo: “Ojalá
que nunca pase nada, porque de haber un accidente o una enfermedad
nos morimos acá”.
"Situación
terrible"
"La
situación es terrible”, sentencia el productor Damián Borgogno,
quien trabaja en un campo junto a su padre, en la zona próxima de
Bengolea. “Nunca vimos tanta agua y con tanta intensidad. Llevará
años que se recuperen los caminos, quedaron sepultados por el agua;
suerte que aún estamos en la etapa de siembra, porque ningún camión
podría ingresar a sacar la cosecha, es una situación totalmente de
desastre".
Este vecino
señala que en nada exageran cuando relatan lo que están viviendo.
“Es muy triste y difícil ver tu campo bajo el agua y que no tenés
caminos para salir o llegar hasta el campo o el pueblo. Ante
situaciones de gravedad no tenemos por dónde salir. Nos
acostumbramos a traer alimentos para varios días porque no sabemos
lo que puede ocurrir", agregó.
Borgogno agrega
que aún cuando no llueva por semanas, deberán convivir con la
inundación por meses. No hay soluciones inmediatas, y las pérdidas
para estas familias que por generaciones explotaron sus campos son
cuantiosas. Este vecino pidió, además, la solidaridad de sus pares
para que denuncien si hay canales clandestinos en la zona. Es que no
se explican que sólo 150 milímetros hayan provocado tanto desastre.
Para el final
relató una anécdota que podría ilustrar la fragilidad diaria con
la que muchas veces luchan productores y familias que quedan aislados
en campos ubicados tal vez a pocos kilómetros de un pueblo, pero al
cual no pueden acceder en camionetas, autos ni tractores.
"Cerca de
nuestro campo hay una familia que tiene un tambo y una hija con
diabetes infantil. Sinceramente, ante un caso de urgencia, no hay
cómo salir o cómo llegar. No quiero ni pensar qué podría ocurrir
con ésta y otras familias que están en la misma situación. Quien
conoce alguna de las situaciones que ocurren en el campo frente a
estas adversidades, sabe que no nos quejamos por quejar",
aseguró el productor.
Cuantiosos daños
en la zona rural y urbana de Huinca
Huinca Renancó
tuvo el peor octubre de su historia. En sólo 15 días, luego de
tres tormentas unas veinte familias se encontraron con sus casas
destrozadas por la pedrea, el arbolado se destruyó y en los campos
la imagen de animales lastimados y los cultivos triturados se repite
en cada rincón.
Hasta el momento
no hay datos precisos de las pérdidas, pero se estima que son
millonarias. En la zona rural la franja afectada abarca los 110
kilómetros de longitud por 30 kilómetros de ancho.
Del relevamiento
sobre las viviendas surge que hay 15 con daños graves y cinco con
serio riesgo de derrumbe.
Desde hace días
las escuelas han debido reprogramar sus actividades, y cuatro
instituciones tienen sus edificios seriamente dañados. Es el caso
del Ipet Nº 52, el Ipem Nº 274 y los colegios primarios Sarmiento y
Paso de los Andes. Los techos siguen filtrando agua y hay riesgo en
las instalaciones eléctricas.
De los evacuados,
que en principio fueron 60, aún quedan 10 familias que no pueden
volver a sus casas. Abuelos del geriátrico también debieron ser
evacuados.
En cuanto al
arbolado, un 70 por ciento en toda la ciudad quedó destruido.
En la zona rural,
y según un primer relevamiento realizado por instituciones
agrícolas, la franja afectada por las sucesivas tormentas abarca 110
kilómetros de longitud y 30 kilómetros de ancho, y se estima en
aproximadamente 100 mil hectáreas sólo en esta región.
En cuanto a la
ganadería, gran cantidad de animales aparecieron muertos y otros
seriamente golpeados por la gran pedrea que azotó esta zona.
Productores
hicieron un relevamiento aéreo para observar el estado de los
suelos. Hay campos rodeados de grandes masas hídricas.
Se estima que la
próxima cosecha se verá demorada, y algunos productores se animan a
adelantar que los suelos no están en condiciones de implantación
por la gran humedad que, auguran, reducirá sustancialmente la
producción.
En moto para
atender a los chicos en la escuela
Rosa Beatriz
Amaya trabaja desde hace 15 años en el Ipea Nº 213 de La Carlota,
un colegio ubicado en la zona rural y al que hoy es imposible llegar
por falta de caminos.
Esta mujer sabe
de las peripecias que a diario debe superar para llegar a hacerles la
comida a los chicos del colegio. “Al principio iba en bicicleta,
pero ahora es imposible llegar. Con otra compañera íbamos en moto,
con el riesgo que eso implica, pero el camino ahora es
intransitable”.
Las clases en el
colegio debieron ser suspendidas, pero Rosa espera poder ir el lunes
a cumplir con su tarea. “Ya pedí unas botas de goma prestadas,
porque tenemos que ir a ver cómo están las heladeras, con la comida
para los chicos. Esta es mi fuente de trabajo y no voy a
descuidarla”, asegura.
Asimismo,
reflexiona y dice que los más perjudicados por toda esta situación
son los chicos. “Ellos no pueden concurrir a clase. Me da mucha
pena todo esto”.
La mujer se
lamenta de la falta de solidaridad de la gente ante esta situación.
“Cuando estábamos frente al gremio viendo qué hacer muchos nos
miraban y decían que éramos unos vagos por estar ahí y no en el
colegio. No entienden que no podemos llegar”, finalizó.
Fuentes:
Cuando el agua ahoga sueños y destruye el trabajo de toda la vida, 30/10/16, El Puntal de Río Cuarto. Consultado 31/10/16.
Cuantiosos daños en la zona rural y urbana de Huinca, 30/10/16, El Puntal de Río Cuarto. Consultado 31/10/16.
En moto para atender a los chicos en la escuela, 30/10/16, El Puntal de Río Cuarto. Consultado 31/10/16.
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