lunes, 31 de octubre de 2016

Cuando el agua ahoga sueños y destruye el trabajo de toda la vida

En los alrededores de Bengolea, decenas de familias están aisladas y si ocurre un accidente no tienen forma de llegar a los pueblos. “Si nos pasa algo, morimos acá”, aseguran. Hay animales sepultados bajo las grandes lagunas, cultivos barridos y los caminos se convirtieron en verdaderas trampas.

Bengolea- Ucacha. A poco de sobreponerse de una gran inundación ocurrida en los primeros meses del año, nuevamente el clima les jugó una mala pasada a los habitantes de esta zona, que nuevamente ven cómo todo lo que habían recuperado y el trabajo de toda la vida son borrados por el agua.

La imagen es dantesca. Cientos y cientos de hectáreas bajo agua, animales que luchan por sobrevivir, familias aisladas en los campos, leche que debe tirarse, los chicos sin acudir al colegio y los caminos convertidos en ríos furiosos y ruidosos resumen el desastre con el cual convive una franja de cordobeses de esta zona. El clima parece haberse ensañado con ellos.

Primero fue el fenómeno de El Niño y ahora un temporal inusual hace naufragar sueños y trabajo de generaciones de productores.

Para las familias aisladas en los campos hoy es vivir el día a día, esperando que el sol salga cada mañana, poder recibir un poco de comida que algún vecino pueda acercar y hasta embarcarse en la aventura de sacar a los chicos sobre un carro tirado con tractor para que no sigan perdiendo días de clases.

A la escuela en tractor
Marina Nicola, mamá de niños que van a la escuelita rural en un carro, reflejó lo que viven a diario. "La cantidad de agua es un desastre, la situación es muy triste. Los niños están asustados, una cosa es ver las fotos y otra es ir al campo. Da mucho miedo”, dice a El Puntal de Río Cuarto.

No es necesario exagerar calificativos para detallar la realidad que vienen padeciendo productores, familias, maestras, alumnos y hasta animales que murieron bajo el agua y que afloraron cuando el sol volvió a aparecer. Los productores se encontraron con estas duras imágenes de terneros y otros animales sepultados por el barro, tras el paso de un gran caudal de agua.

"El lunes fue el último día que pude llegar a la escuela -detalla a El Puntal de Río Cuarto la docente rural Bibiana Estigarribia, de la escuelita Juan Manuel Belgrano, próxima a Bengolea-. El martes teníamos capacitación y reunión con otras docentes de Bengolea y Ucacha y ya no pudimos llegar a la escuela. No pudimos tener clases y los padres de los alumnos ni siquiera pudieron salir de sus campos en algunos casos. Y en otros, quedaron en el pueblo y no pudieron volver; así de trágico y real es lo que nos tocó sufrir esta semana".

"Tal vez lo tomamos con calma porque no es la primera vez que nos pasa”, dice resignada esta maestra.

Luego agrega que primero está la seguridad de los chicos y no los días perdidos de clases. Es que el agua también arrastra consigo otros peligros, como la aparición de serpientes y otros animales que, asustados, pueden atacar a los pequeños.

Tenemos un solo camino para llegar desde el Puesto Blanco pero por ahora es imposible porque se convirtió en un río, graficó Estigarribia, no sé cuándo podremos llegar", graficó Estigarribia.

Sergio Meichtri está con su mujer en el campo de la familia ubicado a 12 kilómetros de la zona de Bengolea, en proximidades de colonia Unida.

Lo que es nuestro campo está afectado porque tenemos seriamente comprometida la próxima siembra y aun cuando mejore el tiempo no hay forma de llegar con las máquinas. Las calles son más que arroyos, son ríos”, detalló.

Meichtri asegura que los problemas son cada vez más graves. “No hay forma de parar el agua. Todos echan la culpa a lo que ha llovido, creo que no es tan así. Acá se está largando agua de otro lados”. Y dijo: “Ojalá que nunca pase nada, porque de haber un accidente o una enfermedad nos morimos acá”.

"Situación terrible"
"La situación es terrible”, sentencia el productor Damián Borgogno, quien trabaja en un campo junto a su padre, en la zona próxima de Bengolea. “Nunca vimos tanta agua y con tanta intensidad. Llevará años que se recuperen los caminos, quedaron sepultados por el agua; suerte que aún estamos en la etapa de siembra, porque ningún camión podría ingresar a sacar la cosecha, es una situación totalmente de desastre".

Este vecino señala que en nada exageran cuando relatan lo que están viviendo. “Es muy triste y difícil ver tu campo bajo el agua y que no tenés caminos para salir o llegar hasta el campo o el pueblo. Ante situaciones de gravedad no tenemos por dónde salir. Nos acostumbramos a traer alimentos para varios días porque no sabemos lo que puede ocurrir", agregó.

Borgogno agrega que aún cuando no llueva por semanas, deberán convivir con la inundación por meses. No hay soluciones inmediatas, y las pérdidas para estas familias que por generaciones explotaron sus campos son cuantiosas. Este vecino pidió, además, la solidaridad de sus pares para que denuncien si hay canales clandestinos en la zona. Es que no se explican que sólo 150 milímetros hayan provocado tanto desastre.

Para el final relató una anécdota que podría ilustrar la fragilidad diaria con la que muchas veces luchan productores y familias que quedan aislados en campos ubicados tal vez a pocos kilómetros de un pueblo, pero al cual no pueden acceder en camionetas, autos ni tractores.

"Cerca de nuestro campo hay una familia que tiene un tambo y una hija con diabetes infantil. Sinceramente, ante un caso de urgencia, no hay cómo salir o cómo llegar. No quiero ni pensar qué podría ocurrir con ésta y otras familias que están en la misma situación. Quien conoce alguna de las situaciones que ocurren en el campo frente a estas adversidades, sabe que no nos quejamos por quejar", aseguró el productor.


Cuantiosos daños en la zona rural y urbana de Huinca

Huinca Renancó tuvo el peor octubre de su historia. En sólo 15 días, luego de tres tormentas unas veinte familias se encontraron con sus casas destrozadas por la pedrea, el arbolado se destruyó y en los campos la imagen de animales lastimados y los cultivos triturados se repite en cada rincón.

Hasta el momento no hay datos precisos de las pérdidas, pero se estima que son millonarias. En la zona rural la franja afectada abarca los 110 kilómetros de longitud por 30 kilómetros de ancho.

Del relevamiento sobre las viviendas surge que hay 15 con daños graves y cinco con serio riesgo de derrumbe.

Desde hace días las escuelas han debido reprogramar sus actividades, y cuatro instituciones tienen sus edificios seriamente dañados. Es el caso del Ipet Nº 52, el Ipem Nº 274 y los colegios primarios Sarmiento y Paso de los Andes. Los techos siguen filtrando agua y hay riesgo en las instalaciones eléctricas.

De los evacuados, que en principio fueron 60, aún quedan 10 familias que no pueden volver a sus casas. Abuelos del geriátrico también debieron ser evacuados.

En cuanto al arbolado, un 70 por ciento en toda la ciudad quedó destruido.

En la zona rural, y según un primer relevamiento realizado por instituciones agrícolas, la franja afectada por las sucesivas tormentas abarca 110 kilómetros de longitud y 30 kilómetros de ancho, y se estima en aproximadamente 100 mil hectáreas sólo en esta región.

En cuanto a la ganadería, gran cantidad de animales aparecieron muertos y otros seriamente golpeados por la gran pedrea que azotó esta zona.

Productores hicieron un relevamiento aéreo para observar el estado de los suelos. Hay campos rodeados de grandes masas hídricas.

Se estima que la próxima cosecha se verá demorada, y algunos productores se animan a adelantar que los suelos no están en condiciones de implantación por la gran humedad que, auguran, reducirá sustancialmente la producción.

En moto para atender a los chicos en la escuela

Rosa Beatriz Amaya trabaja desde hace 15 años en el Ipea Nº 213 de La Carlota, un colegio ubicado en la zona rural y al que hoy es imposible llegar por falta de caminos.

Esta mujer sabe de las peripecias que a diario debe superar para llegar a hacerles la comida a los chicos del colegio. “Al principio iba en bicicleta, pero ahora es imposible llegar. Con otra compañera íbamos en moto, con el riesgo que eso implica, pero el camino ahora es intransitable”.

Las clases en el colegio debieron ser suspendidas, pero Rosa espera poder ir el lunes a cumplir con su tarea. “Ya pedí unas botas de goma prestadas, porque tenemos que ir a ver cómo están las heladeras, con la comida para los chicos. Esta es mi fuente de trabajo y no voy a descuidarla”, asegura.

Asimismo, reflexiona y dice que los más perjudicados por toda esta situación son los chicos. “Ellos no pueden concurrir a clase. Me da mucha pena todo esto”.

La mujer se lamenta de la falta de solidaridad de la gente ante esta situación. “Cuando estábamos frente al gremio viendo qué hacer muchos nos miraban y decían que éramos unos vagos por estar ahí y no en el colegio. No entienden que no podemos llegar”, finalizó.

Fuentes:
Cuando el agua ahoga sueños y destruye el trabajo de toda la vida, 30/10/16, El Puntal de Río Cuarto. Consultado 31/10/16.
Cuantiosos daños en la zona rural y urbana de Huinca, 30/10/16, El Puntal de Río Cuarto. Consultado 31/10/16.
En moto para atender a los chicos en la escuela, 30/10/16, El Puntal de Río Cuarto. Consultado 31/10/16.

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