La mina Veladero
continuó operando después del pago de una multa por el vertido de
un millón de litros de “solución cianurada”. Esta semana hubo
una marcha en Jáchal.
por Darío Aranda
Fue el mayor derrame
minero de Argentina. Al menos un millón de litros de agua con
cianuro que contaminó los ríos sanjuaninos. La responsable, la
empresa Barrick Gold, pagó una multa y siguió operando la mina
Veladero. Numerosos estudios confirman la contaminación y, según
consta en el expediente judicial, la empresa reconoce que funcionó
durante tres semanas en situación de riesgo. También admite que
opera sobre glaciares (prohibido por ley nacional). Los vecinos de
Jáchal conmemoran esta semana el primer aniversario del derrame,
exigen que se vaya Barrick Gold y rechazan nuevos emprendimiento en
la provincia.
No hubo información
oficial. El alerta llegó vía mensaje de texto, de trabajadores
mineros que estaban en el yacimiento y alertaban a sus familias de
Jáchal y pueblos cercanos para que no tomaran agua. A las 21 del 13
de septiembre de 2015 ya circulaban cadenas de WhatsApp que se
replicaban entre los vecinos. A la medianoche, la población se
congregó en la plaza principal, en reclamo de información oficial
que no llegaba.
“El Intendente
decía que no sabía. Y la Barrick y el gobierno provincial se
tapaban mutuamente”, recuerda Saúl Zeballos, de la Asamblea Jáchal
No Se Toca.
La canadiense Barrick
Gold, la mayor minera de oro del mundo, primero ocultó el hecho. Al
día siguiente reconoció el derrame de 15.000 litros, pero aseguró
que no llegó al río y desmintió la contaminación. Una semana
después, el 21 de septiembre, aceptó que fueron 224.000 litros y
que llegó al río. Dos días después, intervención judicial
mediante, Barrick Gold reconoció que derramó al menos 1.070.000
litros de “solución cianurada” (agua, cianuro y otros químicos).
“Nada volvió a ser
igual. Toda nuestra cotidianidad se irrumpió. Nos marcó con una
angustia que jamás olvidaremos, con nudo en la garganta y lágrimas
que siempre recordaremos. Aún seguimos comprando agua envasada, con
temores permanentes e información distorsionada por los
responsables”, afirma el comunicado de la asamblea, que organizó
el martes una marcha en la plaza de Jáchal.
Los vecinos destacan
dos puntos principales: el daño provocado por Barrick Gold sobre las
cuencas hídricas “es irreversible” y convoca al resto del país
a gritar “nunca más” a la magaminería. Durante todo el año,
los vecinos apuntaron a las responsabilidades del gobernador José
Luis Gioja (y del actual Sergio Uñac).
Confirmado el
derrame, se realizaron estudios, tanto de universidades públicas,
organismos oficiales y de consultoras ligadas a la empresa y al
gobierno. La Universidad Nacional de Cuyo, mediante el Laboratorio de
Análisis Instrumental de la Facultad de Ingeniería, confirmó que
se contaminó con metales pesados peligrosos los ríos de deshielo.
También confirmó valores elevados (contaminación) de manganeso,
aluminio, arsénico, boro, cloruros y sulfatos.
La Secretaría de
Ambiente de la Nación inspeccionó la zona luego del derrame.
Confirmó que hubo impacto ambiental (aunque no precisó la
magnitud), y denunció fallas en el sistema de gestión ambiental y
precariedad en el canal por donde circulan el líquido contaminante.
“El análisis de la Secretaría en el río Potrerillos dio 555
miligramos por litro de solución. En el informe lo tachan a mano y
dejan 55 miligramos, que igual es muchísimo”, precisó Zeballos. Y
recordó que no se trató de “sólo una válvula, como dicen los
voceros de Barrick, también cedió un muro de contención que debía
frenar la solución cianurada, lo que muestra la magnitud del
derrame”.
La División
Operaciones de Delitos Ambiental de la Policía Federal realizó un
informe y determinó la contaminación de cinco ríos: “Estamos
ante una clara infracción de la ley 24.051 (de residuos peligrosos),
por encontrarse acreditada la contaminación en los ríos Jáchal,
Blanco, Potrerillos, Palca y Las Taguas”.
El expediente de la
Dirección de Residuos Peligrosos de la Secretaría de Ambiente
confirmó que en la mina Veladero hubo al menos otros tres derrames:
31 de julio y 29 de noviembre de 2011, y 22 de marzo de 2012. Ninguno
de los derrames fue informado a la comunidad y en todos los casos la
empresa minimizó las cantidad (señala que fueron menos de 2000
litros de vertidos). La asamblea, con el hecho de 2015, cuestionó la
veracidad de los dichos de Barrick.
En el expediente
judicial (hoy en manos del juez de Jáchal Pablo Oritja) figura un
informe de la empresa que reconoce que desde el 17 de agosto (casi un
mes antes del derrame) funcionaba por encima del “código rojo”,
con niveles elevados de líquido en el sistema de lixiviación
(separación del oro de la roca, con uso de cianuro) y acepta que
tiene almacenados tanques con mercurio desde hace años (en una zona
reconocida como altamente sísmica). En el estudio de impacto
ambiental de Barrick, en manos del juez, figura que existe glaciares
en la zona de operaciones (hecho prohibido por la Ley Nacional de
Glaciares).
Los vecinos mantienen
desde hace once meses un acampe en la plaza de Jáchal, lo definen
como “único medio de expresión” frente al silencio de los
grandes medios de comunicación de la provincia. En mayo pasado, la
Asamblea impulsó una consulta popular para que la población decida
sobre la megaminería, pero el Concejo Deliberante no autorizó la
votación. Se hizo palpable un concepto que denuncian las asambleas
socioambientales: “A más extractivismo, menos democracia”.
Domingo Jofré, de la
Asamblea de Jáchal, envió un mensaje a CEOs mineros y funcionarios
políticos: “Aunque simulen nos vernos y no escucharnos, vamos a
resistir, no queremos ser condenados al sacrificio en pos de la
minería”.
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Fuente:
Darío Aranda, Reclamos que siguen vigentes, 15/09/16, Página/12. Consultado 16/09/16.
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