por Andrew Jacobs
Río de Janeiro.
Los expertos en salud de Brasil tienen un consejo para los nadadores
de maratón, veleristas y atletas de windsurf que competirán en las
extensiones marítimas de Río de Janeiro durante las olimpiadas:
mantengan la boca cerrada.
A pesar de las
promesas gubernamentales hechas hace siete años para acabar con los
desperdicios que ensucian la amplia bahía de Guanabara en Río y las
encantadoras playas de la ciudad, las autoridades reconocen que sus
esfuerzos por tratar las aguas negras y recoger la basura han sido
insuficientes.
De hecho, los
ambientalistas y científicos afirman que las aguas de Río están
mucho más contaminadas de lo que se pensaba.
Pruebas recientes
realizadas por científicos gubernamentales e independientes
resultaron en placas de petri repletas de patógenos provenientes de
las muestras tomadas en las masas de agua de la ciudad. Se
encontraron desde rotavirus -que puede provocar diarrea y vómito-,
hasta “superbacterias” resistentes a medicamentos que pueden ser
mortales para personas con sistemas inmunológicos débiles.
Los
investigadores de la Universidad Federal de Río también encontraron
una contaminación grave en las playas de las clases altas como
Ipanema y Leblon, donde se espera que paseen muchas personas del
medio millón de visitantes que se calcula que viajará a los Juegos
Olímpicos de Río.
“Los atletas
extranjeros estarán literalmente nadando en medio de desechos
humanos, y corren el riesgo de enfermarse por todos esos
microorganismos”, afirmó Daniel Becker, un pediatra carioca que
trabaja en barrios pobres. “Es triste pero también preocupante”.
Las autoridades
gubernamentales y el Comité Olímpico Internacional reconocen que,
en muchos sitios, las masas de agua de la ciudad están muy sucias.
Sin embargo, sostienen que las zonas donde competirán los atletas
(como las cercanas a la Playa Copacabana, donde se llevarán a cabo
las carreras de nado) cumplen con los estándares de seguridad de la
Organización Mundial de la Salud.
Incluso algunos
lugares con altos niveles de desechos humanos, como la bahía de
Guanabara, solo representan un riesgo mínimo porque los atletas que
naveguen o practiquen windsurf tendrán un contacto limitado con la
contaminación, añaden.
Aun así, los
funcionarios admiten que sus esfuerzos no han atacado un problema
fundamental: muchas de las aguas negras y la basura generadas por los
12 millones de habitantes de la región siguen fluyendo hacia las
masas de aguas de Río.
“Nuestra peor
plaga, nuestro mayor problema ambiental, es la sanidad básica”,
afirma Andrea Correa, la jefa de cuestiones ambientalistas en el
estado de Río de Janeiro. “Los Juegos Olímpicos han hecho que la
gente se dé cuenta del problema”.
Desde hace tiempo
los atletas han expresado sus inquietudes sobre las posibles
enfermedades provocadas por el agua que pueden frustrar sus sueños
olímpicos. Una investigación realizada el año pasado por
Associated Press registró la presencia de virus causantes de
enfermedades en 1,7 millones de veces el nivel que se consideraría
riesgoso en una playa del sur de California.
“Solo debemos
mantener la boca cerrada cuando el agua salpique”, dijo Afrodite
Zegers, de 24 años, miembro del equipo neerlandés de vela, que ha
estado practicando en la bahía de Guanabara.
Algunos atletas
que han visitado la ciudad por los juegos y otras competencias han
sucumbido a las enfermedades gastrointestinales, incluyendo a
miembros de los equipos de vela de España y Austria. El año pasado
durante una competencia de surf, cerca de un cuarto de los
participantes tuvo que retirarse debido a náuseas y diarrea, según
los organizadores.
Los funcionarios
luchan contra un conjunto de retos en su camino hacia la ceremonia de
inauguración el próximo 5 de agosto. La epidemia causada por el
virus de Zika ha reducido la venta de boletos en el extranjero, el
crimen se ha disparado y el gobierno federal ha estado paralizado por
el proceso de destitución contra la presidenta de Brasil, Dilma
Rousseff.
El mes pasado, el
actual gobernador de Río de Janeiro, Francisco Dornelles, declaró
el estado de emergencia, bajo el argumento de que la falta de dinero
amenazaba con causar “un colapso total de la seguridad pública, la
salud, la educación, el transporte y el manejo ambiental”.
En contraste, los
organizadores olímpicos afirman que las sedes deportivas están casi
listas, y el gobierno federal le ha proporcionado fondos de
emergencia al estado. Muchos atletas esperan que los juegos se
celebren sin mayores complicaciones.
Sin embargo, los
contaminados canales fluviales de la ciudad son un asunto aparte.
“Es muy
desagradable”, dijo Nigel Cochrane, entrenador del equipo femenino
de vela de España. “Estamos muy preocupados”.
Para muchos, la
crisis de las aguas negras es un símbolo de la corrupción y los
malos manejos que por mucho tiempo han asolado al país más grande
de América Latina.
Desde la década
de 1990, las autoridades de Río dicen que se han invertido miles de
millones de dólares en sistemas de tratamiento de aguas negras, pero
pocos funcionan.
En su propuesta
de 2009 para ganar la sede de los juegos, Brasil se comprometió a
gastar 4 mil millones de dólares para limpiar el 80 por ciento de
las aguas negras que fluyen hacia la bahía. Al final, el gobierno
estatal solo gastó 170 millones de dólares por una crisis de
presupuesto, según los funcionarios.
La mayor parte
del dinero del presupuesto estatal para limpieza se ha gastado en
lanchas recolectoras de basura y brocales portátiles para detener el
fango y los desechos que fluyen hacia la bahía.
Los críticos
dicen que son medidas cosméticas.
“Pueden tratar
de bloquear cosas grandes como sillones y cadáveres pero estos ríos
son puro fango, así que las bacterias y los virus pasarán de todos
modos”, afirmó Stelberto Soares, un ingeniero municipal que ha
pasado tres décadas enfrentando la crisis sanitaria de la ciudad.
Soares dijo que
le dio risa cuando escuchó que las autoridades prometieron detener
el problema de las aguas negras antes de los juegos olímpicos.
Un esfuerzo
anterior costó miles de millones de dólares y fue financiado por
donantes internacionales para instalar 35 plantas de tratamiento de
aguas negras, 800 kilómetros de conductos y 85 bombas, comentó el
experto. La última vez que Soares hizo una revisión, solo tres
bombas y dos plantas de tratamiento todavía funcionaban: el resto
estaban abandonadas y, la mayoría, saqueadas.
Cuando se le
preguntó por las razones de esa problemática levantó las manos y
dijo: “En Brasil dicen que las cuestiones sanitarias no generan
votos”.
Romario Monteiro,
de 45 años, es un pescador que ha pasado toda su vida en la bahía
de Guanabara y recuerda cuando el agua era cristalina y había muchos
peces. Ahora sus redes recogen más basura que peces, incluyendo
televisores, perros muertos y, de vez en cuando, algún delfín
muerto por comer bolsas de plástico.
“Es asqueroso”,
dijo Monteiro.
El hombre cuenta
que ha navegado cerca de cadáveres, incluyendo el de un hombre con
las piernas amarradas con una cuerda, que flotaba en el agua el mes
pasado.
Sin embargo, lo
que más le preocupa son las fábricas en la costa que vierten
residuos químicos y los tanques de petróleo que tiran su contenido
y llenan la superficie del agua con un brillo multicolor.
Mientras se
alejaba del muelle señaló media docena de tubos que quedan
expuestos cuando la marea es baja: esas tuberías arrojan los
desechos humanos de los 300.000 residentes de la Isla del Gobernador.
“Cuando abres
los peces, su interior está negro por el petróleo y el fango”,
dijo. “Pero los lavamos con jabón y nos los comemos”.
El Instituto
Ambiental del Estado hace pruebas de los niveles de bacterias en las
masas de agua de la ciudad y los publica en internet como una gráfica
con códigos de colores. Muchas de las playas más vistosas
constantemente se califican como “inadecuadas” para la actividad
humana.
Eso incluye a
Playa de Flamengo, la caleta a un lado de la bahía donde se
realizarán las competencias olímpicas de regata, y las playas
icónicas frente a algunos de los vecindarios más exclusivos de Río.
Los habitantes
todavía se amontonan en las playas los fines de semana pero Renata
Picao, una microbióloga de la Universidad Federal de Río se ha
negado a poner un pie dentro de las playas desde que empezó a tomar
muestras de agua hace tres años.
Picao ha
documentado la presencia de altos niveles de microbios resistentes a
medicamentos en cinco de las playas más conocidas de la ciudad. La
Fundación Oswaldo Cruz, un laboratorio manejado por el gobierno,
encontró superbacterias en la laguna Rodrigo de Freitas, una masa de
agua rodeada de lujosos condominios.
Dijo que los
agentes patógenos potencialmente mortales para personas con sistemas
inmunológicos débiles, probablemente vienen de hospitales locales
que vierten sus desechos sin tratar. Aunque las superbacterias no
representan un riesgo para la gente sana, los organismos pueden
permanecer en el cuerpo durante años y causar estragos si la persona
se enferma por otra causa.
Picao y otros
expertos en salud dicen que, a diferencia de los habitantes, quienes
han estado expuestos repetidamente a los patógenos provenientes de
las aguas negras, es más probable que los visitantes extranjeros se
enfermen después del contacto con el agua contaminada.
No se siente
optimista respecto a los futuros esfuerzos sanitarios. “Si no
pudieron limpiar para los juegos, lo que era una oportunidad única
en la vida, me temo que nunca sucederá”, concluyó.
Anna Jean Kaiser
colaboró con este reportaje.
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Fuente:
Andrew Jacobs, Los atletas deberán mantener la boca cerrada en las aguas tóxicas de Río, 29/07/16, The New York Times. Consultado 30/07/16.
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