por Kirsten Thompson
El
Ártico es una zona remota, hogar de algunas de las especies más
emblemáticas y amenazadas del planeta, incluyendo osos polares,
narvales y zorros árticos. Pocos de nosotros hemos tenido la suerte
de explorar las extensiones de hielo marino, glaciares o capas de
hielo, sin embargo estamos vinculados de forma inextricable a esta
vasta región y desempeña un papel esencial en nuestro sistema
climático global. El aumento de las temperaturas en el Ártico
parece estar influyendo en los sistemas meteorológicos en otras
partes del mundo, aunque no están claro los detalles de los
complejos procesos implicados.
La
región ártica se está calentando a un ritmo más del doble que
otras zonas del mundo debido a un fenómeno conocido como
“amplificación ártica”. El hielo marino se derrite más
temprano y el área total de hielo marino de verano ha disminuido, de
media, de forma acentuada en los últimos 30 años. El resultado de
este retroceso del hielo es que hay mayor intercambio de calor entre
el océano y la atmósfera. Todo el Ártico se ha oscurecido
visiblemente con la pérdida de hielo y nieve, y esto ha afectado al
albedo (propiedad de reflectar la luz solar) de forma que se absorbe
más energía. Se puede haber puesto en marcha un mecanismo que se
retroalimenta de forma imparable y que contribuirá al cambio
climático global.
Junto
con la variabilidad natural de los ciclos solares, la amplificación
ártica parece estar cambiando las circulaciones atmosféricas de
escala global. Han habido alteraciones notables en las trayectorias
de las tormentas, la corriente de chorro así como en la circulación
oceánica norte. Al bloquearse las ondas planetarias atmosféricas,
el resultado es que los patrones meteorológicos se “estancan”
causando una metereología más persistente en un lugar determinado,
es decir, periodos más largos de bajas o altas presiones. Estos
cambios parecen estar influenciando el tiempo en las latitudes medias
con marcados efectos en nuestra vida cotidiana.
A
lo largo de la última década se han registrado una serie de eventos
extremos sin precedentes: “super tormentas”, sequías, olas de
calor, inundaciones e inviernos con nevadas que baten récords. Los
modelos climáticos sugieren que estos eventos meteorológicos
extremos serán más comunes en el futuro, causando grandes pérdidas
humanas y económicas. Ya se han perdido muchas vidas, se han
inundado hogares, se han perdido cosechas y han ardido bosques con
graves consecuencias para los sistemas biológicos y para los medios
de vida de las personas.
Las investigaciones están aún en una fase muy temprana y la comunidadcientífica está intentando comprender mejor cómo los complejos
procesos atmosféricos de los polos están influenciando los patrones
meteorológicos en las latitudes medias. Aún hay mucho debate. Sin
embargo, parece que no hay duda en que el calentamiento del Ártico
es uno de los principales factores.
La
región comprendida dentro del Círculo Ártico incluye cerca del 6 %
de la superficie de la Tierra. Sin embargo, esta zona frágil y de
una importancia crítica no tiene actualmente ninguna protección
internacional legal y vinculante. Greenpeace trabaja de forma urgente
hacia la creación de una red de áreas protegidas en el Ártico que
proporcione alguna protección a estas especies vulnerables y sus
hábitats en estos tiempos de cambio global y que permita una gestión
efectiva, precautoria y adaptativa de cualquier actividad humana en
la región.
Kirsten
Thompson es una científica especializada en ecología de la
conservación y biodiversidad. Ha estado investigando durante más de
20 años en los que ha trabajado tanto para universidades como par
ONG. En la actualidad trabaja como consultora científica en la
Unidad de Investigación de Greenpeace, en la Universidad de Exeter.
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Tu voz llegará al ÁrticoFuente:
Kirsten Thompson, Lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico, 07/06/16, Greenpeace España.
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