DÍA
DEL MEDIO AMBIENTE. El cambio de gobierno en Argentina parece marcar
un giro en la agenda ecológica. Las medidas económicas adoptadas en
torno a la suba de tarifas se enlazan con el discurso oficial de que
el ahorro -doméstico- es la principal medida de cuidado del
ambiente. Aquí la crítica señala las limitaciones de este ideario
liberal basado en una "conciencia ecológica" de carácter
individual o familiar.
por
Pablo Gavirati
Preocupados
por el ambiente, y por el bolsillo
En
las cercanías del Día de la Tierra, una encuesta de la Universidad
Nacional de Tres de Febrero destacaba que el 86 por ciento de la
población en el área metropolitana de Buenos Aires "se
preocupa por el medio ambiente". El Centro de Investigación en
Estadística Aplicada (CINEA) de esta casa de estudios consultó a
885 personas mayores de 16 años. El informe publicado no ofrece
datos sobre la composición social de la muestra, que se realizó
mediante un sistema telefónico.
Los
resultados destacados en la encuesta se distribuyen entre un 53 por
ciento que se consideró "muy preocupado" y un 33 por
ciento que dijo estar "bastante preocupado" por el medio
ambiente. Puntualmente, los motivos de preocupación entre estas
personas, en los términos de la encuesta, son: la sobreexplotación
de recursos naturales, la contaminación del agua, la basura, los
químicos y pesticidas, y la lluvia y las inundaciones.
Respecto
de la atribución de los problemas ambientales, se destaca que "un
61 por ciento de los encuestados considera que los responsables de la
contaminación del ecosistema `somos todos´. Este criterio de
responsabilidad difuminada, no obstante, se altera al conocer que
sólo un 24 por ciento opina que el gobierno hace lo suficiente por
proteger el ambiente, mientras que la proporción de quienes
consideran que su familia sí toma medidas suficientes alcanza el 68
por ciento.
En
este marco, el sondeo también avanzó en tratar de conocer los
hábitos de los residentes. Consultados sobre 8 ítemes considerados
relevantes, la media pone en práctica entre 3 y 5 de ellos. El nivel
de adhesión se presenta dispar:
93
por ciento usa lámparas de bajo consumo,
82
apaga las luces si no las utiliza,
73
afirma cerrar bien las canillas.
45
por ciento elige bebidas con envases retornables.
37
utiliza sus propias bolsas para hacer compras
35
por ciento separa sus residuos para reciclaje,
33
separa residuos para compostaje.
La
conclusión que extrae el CINEA afirma: “Observamos que las
prácticas ecológicas más incorporadas son las que permiten ahorrar
dinero, y que aquellas que implican mayor dedicación de tiempo,
esfuerzo o cambio de los hábitos de consumo no alcanzan masividad
aún”. En este sentido, se remarca: "Pudo evidenciarse que 6
de cada 10 consultados han implementado sólo aquellas prácticas
ecológicas que -a su vez- permiten el ahorro energético o la
reducción de los costos de los productos consumidos en el hogar".
Del
mismo modo, la encuesta afirma que 4 de 10 personas consultadas
avanzan en prácticas de mayor compromiso, como la separación de
residuos en origen. Pero atribuye estas respuestas a personas
"económicamente inactivas" o incluso con "bajo nivel
de instrucción". Por lo tanto, el informe subscribe "la
idea de que el impulso ecológico está vinculado a la falta de
recursos y a la amplitud de tiempo para la incorporación de hábitos,
lo que permite suponer que quienes tienen mayor cantidad de medios
son quienes menor motivación presentan a la hora de evitar el
impacto ambiental que genera su estilo de vida".
Cambio
en el discurso gubernamental
Una
primer lectura de la encuesta difundida por el CINEA de la
Universidad Nacional de Tres de Febrero nos lleva a considerar un
aspecto ya clásico del debate en los estudios ambientales. La
asociación entre ecología y economía no resulta azarosa sino que
el propio movimiento ecologista nace -con distintos matices- como una
respuesta crítica frente a los desequilibrios que plantea el
crecimiento económico. De tal forma que el análisis del estilo de
vida de un país o una región se involucra con el modelo de
desarrollo.
Este
debate, desde ya, conlleva también una fuerte impronta política,
que no se reduce al ámbito de la estricta política partidaria, pero
en donde el rol del Estado en nuestras sociedades siempre tiene un
impacto. Desde este punto de vista, durante el gobierno kirchnerista,
y fundamentalmente desde el año 2010, se fortaleció la crítica
hacia el llamado "modelo extractivista". En especial, desde
las asambleas ciudadanas que denuncian la megaminería, con una mayor
trayectoria, y en los últimos años la aparición de los pueblos
fumigados por el agronegocio.
En
este punto, el gobierno kirchnerista osciló en diferentes
respuestas, entre las cuales se destacaba la defensa del modelo de
desarrollo, caracterizado como "crecimiento con inclusión".
En este punto, el discurso se posicionó en torno a la necesidad
imperiosa de salir de la crisis del 2001, por lo cual la recuperación
económica era la mayor prioridad para terminar con la pobreza
focalizada -justamente- en el conurbano. La problemática ecológica
resultaba menor, pues se argumentaba que afectaba sólo a una
fracción de la sociedad, o resultaba una "materia pendiente"
a resolver en el futuro.
El
triunfo electoral del frente Cambiemos y las principales medidas
impulsadas por el gabinete de Mauricio Macri suponen un cambio en el
modelo económico y por tanto, aventuramos, un giro en la estrategia
de contención de los reclamos ecológicos. Si bien en este mismo
portal ya se ha caracterizado a la política del actual gobierno
macrista como una profundización del modelo extractivo, también se
ha remarcado un énfasis en el discurso que justifica las
desigualdades sociales y el acceso a determinados consumos. En ese
marco, aquí enfatizamos que el ahorro ecológico se enuncia como un
deber de los más pobres dentro del sistema.
También
en ocasión del Día de la Tierra, en la página oficial de la Casa
Rosada se lanzaba el aplicativo "Mi compromiso con el Ambiente".
La propuesta oficial involucra opciones que conllevan compromisos
tales como: tapar las cacerolas, usar lámparas de bajo consumo,
cerrar canillas goteando, transportarme en bicicleta, usar pilas
recargables, separar mis residuos y "comprar sólo los productos
que voy a consumir". Esta última opción, sobre todo, no parece
distinguir entre quienes no pueden comprar los productos de estricta
necesidad, asociados con el aumento de la pobreza frente a las
medidas económicas de ajuste.
Desde
ya, este tipo de campañas se había realizado en Argentina, sólo
que antes la promovían organizaciones de la sociedad civil, como por
caso las campañas de FARN y Fundación Vida Silvestre. En tanto
campañas de bien público, su objetivo es loable pues promueven un
compromiso mayor al que se propone, por ejemplo, cuando sólo hace
falta hacer "un click" para salvar al planeta (a través de
la firma de una petición on-line, por ejemplo). Por su parte, el
hecho de que el el gobierno nacional sea quien las impulse no sería
criticable si ello se enmarcara en una política ambiental en la cual
el Estado asuma su propia responsabilidad frente al bien público.
Toda
Ecología es -siempre- Política
La
Red Nacional de Acción Ecologista (RENACE) remarcó en su momento
que "más allá del valor que tiene las acciones de cada uno en
la vida cotidiana y de la importancia de cada una de estas acciones,
los graves problemas ambientales que tenemos los argentinos se
resolverán principalmente a partir de políticas públicas
implementadas desde los gobiernos a nivel nacional, provincial y
local". Podemos agregar aquí que este planteo de la
"responsabilidad de todos" entra en sintonía con asociar
los "compromisos ecológicos" solamente con acciones
individuales realizadas en el ámbito doméstico.
Mientras
que, por otra parte, como remarca también la RENACE: "el
gobierno no ha dejado de profundizar durante los cinco meses que
lleva de gestión el modelo extractivista favoreciendo por ejemplo al
agronegocio y a las corporaciones mineras con la reducción y quita
de las retenciones". Del mismo modo, se registra la misma
tendencia en la conformación de un gabinete extractivo, "nombrando
en puestos claves de gestión a representantes de esos sectores
empresarios, y dándole continuidad a los funcionarios que
promovieron ese extractivismo en el gobierno anterior".
Entendemos
que el diagnóstico de la profundización del extractivismo resulta
una clave de análisis para entender el nuevo énfasis en el ahorro
doméstico. En este punto, el carácter estrictamente desigual del
modelo extractivo, interpretado como "acumulación por
desposeción" en los términos de David Harvey, significa que a
mayor extractivismo se genera más pobreza. Así, la distribución
desigual de las ganancias del modelo sojero y minero, expresada en la
baja y quita de retenciones, debe ser ahora pagada por los sectores
populares a partir de la suba de las tarifas de los servicios
públicos.
Lo
anterior no es una relación arbitraria, si recordamos por caso que
las corporaciones megamineras son las principales consumidoras de
energía y de agua en las provincias donde operan. Como se ha
destacado, tan sólo tres emprendimientos megamineros demandan un
consumo equiparable con la producción de la -contaminante- central
atómica Atucha I, ubicada en torno a los 357 megavatios. De este
modo, la falta de criterios en la alta suba de las tarifas -que
llegaron incluso al mil por ciento- se puede aplicar también dentro
del sector empresarial, donde las pequeñas empresas están sufriendo
aumentos que ponen en duda la continuidad de su actividad y del mayor
empleo relativo que éstas proporcionan.
Para leer el resto del artículo dirigirse a ComAmbientalPablo Gavirati, GIC Cultura Ambiental (CCC – UBA)
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