Está
presente en sitios donde funcionan fundiciones y cotos de caza de paloma. La
solución sería cultivar plantas capaces de extraerlo.
por
Lucas Viano
Aunque
es poco conocido, algunos suelos cordobeses están contaminados con plomo, un
metal peligroso para la salud. Las razones son la presencia natural de este elemento,
pero también actividades humanas como las fundiciones, plantas de reciclado de
baterías y los perdigones arrojados en la caza de palomas.
En
algunos sitios, la concentración supera los límites establecidos para usos
agrícolas. Incluso también se ha detectado plomo en exceso (y por encima de lo
que marca el Código Alimentario de Argentina) en los granos de soja y de trigo.
Los
expertos advierten que aún no representa un riesgo sanitario, aunque sí debería
ser una preocupación ambiental.
“Debería
estar en la agenda ambiental para evitar problemas graves en el futuro. Ningún
metal, salvo el mercurio, tiene efectos tóxicos inmediatos, son acumulativos.
Lo grave es que cuando se detecta ya es tarde”, apunta Luisa Pignata,
investigadora del Conicet y de la Universidad Nacional de Córdoba.
Su
grupo ha realizado varios estudios sobre metales pesados en la provincia.
Primero los detectaron en el aire, luego en el suelo y, finalmente, en
cultivos. Se dieron cuenta de que había que pensar en una solución.
Lo
mismo ocurrió con un grupo del Centro de Excelencia en Productos y Proceso de
Córdoba (Ceprocor) liderado por Marcelo Rubio, quienes midieron la
concentración de plomo en cotos de caza de paloma y encontraron valores altos.
“El
promedio es de 90 partes por millón (ppm) en más de 300 muestras. Pero los
valores más altos superan el límite máximo permitido en suelos para uso
agrícola (375 ppm)”, precisa.
Y
agrega: “Puede ser preocupante si los cotos de caza no cumplen con la ley. Si
no se actúa, ese promedio y esos picos irán aumentando”.
La
normativa que regula esta actividad indica que los cotos deben inscribirse como
generadores de residuos peligrosos y deben remediar el suelo cuando se exceda
el límite máximo.
A
pesar de ser suelos agrícolas, la resolución provincial los categorizó como
suelos industriales, con una concentración máxima de 1.000 ppm.
Ambos
grupos trabajan en fitorremediación, esto es, sembrar plantas para captar el
plomo del suelo y luego extraer esas plantas y, con ellas, el contaminante. Es
la mejor alternativa para grandes superficies, ya que la otra opción es
directamente retirar el suelo y tratarlo como un residuo peligroso.
Julieta
Salazar, del grupo de Pignata, analizó las plantas que crecían en un predio que
había sido utilizado para el reciclado de baterías de plomo. Los suelos estaban
muy contaminados.
“Analizamos
10 especies para saber si además de ser tolerantes, también acumulaban el plomo
en hojas y tallos para facilitar su cosecha. Encontramos que dos tenían
potencial para ser utilizadas en fitorremediación”, comenta.
Esas
plantas son Tagetes minuta, una hierba aromática similar a la albahaca. “Esta
especie se podría cultivar para extraer el plomo y también aprovechar su aceite
esencial, ya que el metal no pasa a él”, comenta Salazar. La otra especie es el
amor seco ( Bidens pilosa ).
Cada
planta puede extraer hasta 0,3 gramos de plomo del suelo y se pueden plantar
hasta 200 por metro cuadrado. “Parece poco, pero dada la toxicidad del plomo y
la cantidad de plantas que pueden usarse, es bastante”, asegura Salazar.
La
investigadora explica que hay pocos estudios a gran escala sobre
fitorremediación de suelos con plomo. En su caso, se trata de un trabajo de
laboratorio, pero llegado el caso, Salazar asegura que podrían asesorar a algún
interesado en aplicar este procedimiento en un campo contaminado.
En
tanto, el grupo del Ceprocor está analizando especies comerciales como la
colza, el rye grass y el malvón. La primera es la que mostró mejores
resultados. Son trabajos a escala piloto en sitios ya contaminados.
“Durante
el primer ciclo de siembra y cosecha con colza, el nivel del plomo en suelo
disminuyó un 12 por ciento”, dice Rubio.
El
investigador entiende que es la mejor manera de encontrar una solución simple
que pueda ser practicada por los dueños de los cotos de caza, por ejemplo.
“El
plomo de los perdigones pasa al suelo. Se transforma en una decena de sales que
ingresan a las plantas o animales y puede llegar al ser humano”, asegura.
600
toneladas anuales
Es
la cantidad de plomo que queda en suelo cordobés por la caza de paloma, según
un cálculo de 2011.
Granos
contaminados
Análisis.
Un estudio demostró que el plomo pasa del suelo a la soja, la cual tiene
niveles por encima de lo que permite la norma. El grupo de Pignata analizó soja
de 10 sitios de Córdoba (Bouwer, Despeñaderos, Ferreyra, General Cabrera,
General Paz, Los Molinos, Malagueño, Pozo de Tigre, Río Tercero y Yocsina).
Tóxicos.
Los valores se ubicaron entre 1,63 y 2,55 partes por millón. Algunos lugares
fueron elegidos porque están asociados a diferentes actividades humanas pasadas
y presentes que son potenciales emisoras de metales pesados. “No digo que todos
los campos tengan valores de plomo que superan el máximo que fija la norma para
uso agrícola. Pero aún con valores por debajo de la norma, los granos que se
cosechan en algunas zonas tienen valores tóxicos”, dice Pignata. El Código
Alimentario Argentino fija un máximo de hasta 2 ppm; la Unión Europea, 0,2 ppm.
Problemas.
Parte de esos granos contaminados se usa para alimentar vacas y pollos que se
consumen en el país. El plomo en el organismo puede provocar problemas
neurológicos, cognitivos, renales y reproductivos. En cantidades muy bajas
afecta, especialmente, a los niños.
Fuente:
Fuente:
Lucas Viano, Plomo: científicos estudian cómo limpiar este metal de los suelos cordobeses, 22/04/16, La Voz del Interior.
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