La semana pasada hubo desbordes en 120 bocas de la red cordobesa. El problema se agrava cada año. Es un campo minado, dijo un sanitarista.
por Javier Cámara
La cantidad de desbordes de líquidos cloacales que se registran todos los días en distintos barrios de esta Capital provincial, han puesto a Córdoba al borde de una crisis sanitaria.
Entre el jueves y el viernes de la semana pasada se registraron obstrucciones en 120 bocas de inspección de la red barrial, según informaron desde la Municipalidad.
Anoche quedaban más de 80 derrames. Los hay en casi todos los barrios que están conectados a la cañería maestra que lleva las “aguas negras” –como también se denominan estos líquidos– a la planta de tratamiento de Bajo Grande. Ese establecimiento está saturado, a la espera de una postergada obra de ampliación, y con habituales volcamientos de aguas servidas sin tratar al río Suquía.
Los vertidos de mayores proporciones registrados en los últimos días están en la esquina de Esquiú y Rincón, en barrio General Paz (donde se forma una laguna); en avenida Juan B. Justo al 2800, donde han llegado a inundar viviendas; y en algunas arterias emblemáticas del centro de la ciudad, como la de las peatonales de Caseros y Obispo Trejo, a metros de la Manzana Jesuítica, patrimonio de la humanidad.
Pero también han comenzado a producirse filtrados en barrios donde nunca antes hubo este tipo de inconvenientes de este tipo, por ejemplo Pueyrredón Anexo y Müller.
Retroceso
Para el sanitarista Daniel Pizzi, exsecretario de Salud de la Provincia, la situación es gravísima desde el punto de vista sanitario. “Los pilares básicos del saneamiento ambiental, de la salud pública –explicó el médico– es tener agua potable corriente y una buena eliminación de las aguas servidas. Para la salud pública es más importante eso que tener un hospital, y por lo que vemos eso no está pasando aquí”.
Pizzi recordó que en la materia fecal que transportan los líquidos cloacales hay hongos, bacterias, virus y parásitos, todos ellos causantes de muchísimas enfermedades, entre ellas el síndrome urémico hemolítico del que se han detectado varios casos en los últimos meses.
Por esos motivos, para Pizzi, movilizarse en los sectores donde hay vertidos cloacales “es como caminar como un campo minado, sobre todo para los niños que siempre están más expuestos”.
El médico dijo que cuando se pisan lugares donde hay o hubo aguas servidas es probable que el calzado resulte contaminado, y que esa contaminación termina ingresando a los hogares. “Algo similar ocurre con los autos que circulan por calles con aguas servidas, cuyos neumáticos trasladan la contaminación a los garajes de las viviendas”, dijo Pizzi. Con estos argumentos, el exsecretario de Salud de la provincia dijo que la situación actual “implica un problema sanitario gravísimo, que debe ser solucionado de manera urgente”.
Cada vez peor
Según el biólogo Federico Kopta, coordinador del Foro Ambiental Córdoba, quien estudia la problemática desde hace una década, la situación empeora de manera progresiva.
“Hemos advertido -le dijo Kopta a este diario- que cada año se incrementa en un 10 por ciento promedio la cantidad de desbordes de aguas servidas que se dan en Córdoba”.
Desde 2006, Kopta y su colega Joaquín Navarro han presentado en la Municipalidad informes que dan cuenta de la delicada situación sanitaria que provocan estos desbordes. “Hablamos con los últimos intendentes y todos reconocen el problema sanitario y ambiental, pero lo cierto es que nada ha cambiado. Al contrario, se ha extendido la red cloacal y Bajo Grande está saturada”.
Qué llevan las aguas servidas
De todo. Las aguas cloacales son portadoras de bacterias entéricas como la Escherichia coli que es utilizada como un indicador de contaminación fecal de las aguas. Si bien la mayoría de las cepas de esta bacteria es inocua y vive en los intestinos de los seres humanos y animales saludables, existe una cepa -la O157: H7- que produce una potente toxina que es responsable de severas diarreas y del síndrome urémico hemolítico. También arrastran otras altamente peligrosas para la salud, especies de los géneros salmonela, Shigella, Leptospira, Campylobacter jejuni y el Vibrio choleare. Todas estas generan trastornos que van desde fiebre, debilidad, náuseas, vómitos y calambres, hasta enfermedades entéricas y pulmonares graves (diarreas, shigelosis, fiebre tifoidea, leptospirosis y cólera).
Transmisión de virus. Las aguas negras pueden servir a la transmisión de diversos virus (Adenovirus, Rotavirus, Enterovirus, Virus Norwalk), de agentes causales de afecciones intestinales, y responsables de la poliomielitis y de la hepatitis A.
Hongos. Pueden encontrase hongos microscópicos, como por ejemplo el Aspergillus. Cerca de 20 especies de este hongo son causantes de un grupo de enfermedades denominadas aspergillosis que afectan a los seres humanos y a los animales (peces, mamíferos, aves e insectos). Estas dolencias van desde cuadros alérgicos (broncopulmonares y sinusitis), hasta infecciones generalizadas que ponen en riesgo la vida de las personas.
Una red deficitaria, mal utilizada e inundada
Las lluvias colapsaron la red sanitaria y hace una semana que los desbordes no dan tregua. El municipio advierte sobre el mal uso. El gremio, sobre la desidia.
Anoche había entre 80 y 90 desbordes cloacales en la ciudad de Córdoba, el doble del número que en la Dirección de Redes Sanitarias se considera habitual. El viernes llegaron a ser 120 los puntos de la ciudad donde las aguas servidas corrían libremente: la mayoría de esas obstrucciones se habían generado durante la lluvia excepcional del lunes 15 de febrero.
Ayer, se reiteró el fenómeno, aunque de modo reducido: luego de la lluvia, ingresaron casi 40 denuncias de nuevas obstrucciones.
Si habitualmente los desbordes se ocasionan por taponamientos, esta vez la severa crisis de derrames cloacales obedeció a la lluvia: el agua que inundó amplias zonas de Córdoba por la lluvia caída mientras el río Suquía se encontraba ya en un pico de creciente escurrió por la red de cloacas. Todo el sistema colapsó, decenas de tapas de cloacas fueron arrastradas y los líquidos desbordaron, incluso, dentro de viviendas, edificios y cocheras subterráneas.
Cuando el día 16 la ciudad logró desagotarse, en la red cloacal quedaron los sedimentos y los desbordes continuaron, a un ritmo muy superior al de los equipos de desobstrucción (que tienen al 30 por ciento de su personal de vacaciones).
“Es una situación crítica, pero hay que considerar que hay entre 20 mil y 21 mil bocas de cloacas, y en el peor momento tuvimos 120 desbordes”, explicó Eduardo Ferrero, subdirector de Estación Depuradora de Aguas Residuales.
El funcionario señaló el histórico déficit de saneamiento de la ciudad, apuntó a las conexiones ilegales que congestionan la red y aseguró que el principal obstáculo es el mal uso que hacen los cordobeses: “No se logra entender que las cañerías tienen apenas 16 centímetros de diámetro y es permanente el arrojo de pañales, toallitas femeninas y elementos de todo tipo en una red diseñada sólo para aguas servidas”, dijo.
Oscar Basáez, delegado gremial del sector compartió el diagnóstico pero agregó un elemento de peso: “Hay una desidia total por parte del Ejecutivo”, indicó. Explicó que desde septiembre se adoptó un nuevo sistema laboral en el área, pero quedó inconcluso: el organigrama no se completó, no hay jefes ni capataces y esa situación traba la compra de insumos y el arreglo de maquinaria.
Desde el gremio también aseguran que la infraestructura existente está “muy dañada” y que es imperativa la construcción de aliviadores en al menos seis zonas de la ciudad.
Fuentes:
Javier Cámara, Más de 80 derrames cloacales incrementan riesgos sanitarios, 24/02/16, La Voz del Interior. Consultado 25/02/16.
Una red deficitaria, mal utilizada e inundada, 24/02/16, La Voz del Interior. Consultado 25/02/16.
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