Las canchas de River y Boca fueron algunos de los puntos donde recibieron donaciones.
por Valeria Musse
Botellas de agua mineral, paquetes de yerba, botas para lluvia y colchones. Todo eso y mucho más llega a distintos centros de donación de la mano de cientos de vecinos solidarios que quieren aportar su granito de arena para ayudar a los inundados. Ni el mal tiempo ni la distancia son un escollo para dar una mano.
"Tenemos que estar. No podemos dejar a esa gente en el olvido", asegura Pablo, mientras saca de su mochila una bolsa con unos diez paquetes de fideos. El hombre, jubilado y vecino de Morón, se disculpa por no poder aportar más alimentos. "Algo es algo", dice en el playón del estadio de River, bajo una llovizna tenue.
Carlos Orellana vive con su familia en Lomas de Zamora y aunque las lluvias no lo afectaron, no puede hacer oídos sordos al pedido de ayuda tácito que llega desde el noroeste bonaerense. "Y acá estamos. Haciendo lo que nos dice nuestro corazón", dice, pensativo, como si por primera vez se preguntara qué lo había motivado a ayudar. Es que actuó de manera impulsiva, "por amor al prójimo".
El hombre y su mujer acaban de llegar a la cancha de Boca Juniors y traen galletitas dulces, bidones de agua mineral y otros alimentos. Como ellos, al club se acercan vecinos del barrio y desde más lejos. En uno de los pasillos internos que rodea la cancha se montó un "depósito" para acopiar las donaciones que se reciben todos los días, de 9 a 21.
En principio, el primer camión que cargue la mercadería tendrá como destino la castigada localidad de Salto, según el presidente de Boca Social, Enzo Pagani. Y no se trata de un capricho. Los jugadores de la primera división César Meli y Andrés Chávez son oriundos de esa ciudad y están al tanto del alcance del drama. La colecta se extenderá a la próxima semana también.
Del otro lado de la ciudad, Betina, vecina de Núñez, ordena la distribución de alimentos y vestimenta que llega a River. "¡Los calzados a la izquierda y las frazadas al fondo de todo!", organiza, siempre a la cabeza de la cadena de manos que descarga las donaciones provenientes de una escuela privada. La señora estaba sola en su casa y decidió que lo mejor que podía hacer era estar ahí, ayudando.
Fabiola Rossi no tiene mucho tiempo disponible, pero se hizo un lugar para ir al supermercado y comprar comida no perecedera especialmente para donar. "Es que es imposible no pensar en esas familias. Yo tengo hijos y me pongo en ese lugar de sufrimiento", dice, y se marcha raudamente tras dejar las bolsas. Es incesante. Los guardias del club no dan abasto para ordenar los vehículos particulares que se acercan a dejar su aporte. Está lloviendo y eso no impide que la solidaridad dé su presente.
Desde Red Solidaria, que llama a continuar con la asistencia para los damnificados, sobre todo para la vuelta de los inundados a sus casas, no se sorprenden por estos actos fraternos. "Y vamos por más. Hay que seguir y seguir porque el regreso después del agua es terrible y muy doloroso", insiste Juan Carr.
Fuente:
Valeria Musse, Gestos solidarios en momentos difíciles, 14/08/15, La Nación. Consultado 14/08/15.
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