viernes, 20 de febrero de 2015

“Salimos por nuestros medios y no nos quedó nada”

A un matrimonio y sus cuatro hijos pequeños de Río Ceballos el domingo pasado, el agua les “llevó la casa con todo lo que había adentro”. Hoy solo quedan las marcas de los cimientos.

por Miguel Pavlovsky

A Jorge Costamagna, su esposa Graciela Campo y sus cuatro hijos pequeños (tres nenas y un varón), el domingo pasado el agua les “llevó la casa con todo lo que había adentro”. La vivienda estaba ubicada en la calle Río Bermejo esquina Fray Cayetano Rodríguez en Barrio San José (colindante con el sector de IPV de Barrio Loza), en Río Ceballos, donde ahora solo quedan las marcas de los cimientos.

“Todavía estamos shockeados. No entiendo lo que pasó. No pude salvar nada porque no nos dio tiempo a nada. No fue una crecida normal que te da tiempo. Fue todo muy rápido al punto que mató todos los perros”, explica Jorge, el jefe de familia. “Encima estábamos todos anegados y no podíamos salir”, puntualizó.

Escapándole al agua. “Nosotros pudimos salir y ayudamos a evacuar a nuestros vecinos. Al lado tuvimos que socorrer a un señor, Elías, hombre mayor que tiene problemas por su diabetes, entre ellos está perdiendo la vista. Aunque su casa estaba un poco más alta, tenía miedo que subiera más el agua y se había subido arriba de la mesa”.

Lo relatado por Costamagna es desgarrador: “No fue nadie a ayudarnos. Hicimos llamar a los bomberos, policía, pero nos tuvimos que salvar entre nosotros. Nos atamos con sogas a un árbol y empezar a sacarlos. Al hombre lo saqué yo ayudado por otro vecino. Y en el intento de sacarlo, me caí, me arrastró el río y un muchacho se tiró para salvarme, sino me llevaba también el río”.

Jorge Costamagna tiene 48 años y es taxista, todo lo que pudo construir con su esposa fue a fuerza de trabajo y durante mucho tiempo. En pocos minutos lo perdieron todo. “Ahora estamos en la casa de mi hermano, que nos prestó”, aclara con un tono firme pero también con gran preocupación. Además padecieron otras malas experiencias. Al volver a limpiar y tratar de buscar lo poco que podría haber quedado, se encontraron con las miserias humanas. “Cuando fuimos, entre los árboles y cavando sacábamos las cosas y las dejábamos en un lugar que estaba seco y la misma gente venía y nos robaba esas mismas cosas”.

También, ante algunas críticas sobre la ubicación de las construcciones, el hombre hace un planteo razonable, ya que había un conocimiento oficial: “El terreno está registrado en Catastro a nuestro nombre, figura en un loteo con su manzana y pagábamos los impuestos”.

Entre sus comentarios, desmiente dichos con sus propias experiencias: “Después de dos días oí a De la Sota que decía que estaba todo controlado. Son mentiras, no nos fue a ver nadie. No fue Defensa Civil, no pasaron los bomberos dando una alerta, como hacen siempre que va a venir una crecida o que va a llover. No pasó nadie, nadie avisó nada. Quedamos estos dos días aislados de todo, salimos por nuestros medios y no nos quedó nada.”

Jorge no quiere que le regalen nada pero pide que no lo dejen solo en “la mala”. “Me destruyó todo. No me dio tiempo a nada. Alcancé a salvar a mis hijas y nada más y después a volver a salvarnos entre los vecinos”.

Otras historias. En el camino hacia el lugar del encuentro con Jorge y su familia, otros relatos se escuchan, contados por sus propios protagonistas. Tal el caso del propietario de una forrajería cercana al vado del arroyo Mal Paso, Adrián de 44 años, a quien el agua le dejó “importantes pérdidas en mercadería”.

Los “autoevacuados”, los cuales no figuran en las estadísticas, posiblemente representan una cantidad similar a los rescatados de sus casas. Hoy están siendo ayudados por familiares o amigos, que les brindan un refugio transitoriamente.

El joven médico de Río Ceballos, José, que indignado expresa sus dudas sobre “si las muertes se podrían haber evitado”. Es que en otras ocasiones se avisaba, cuando llovía, de la inminente creciente y se ponían vallas o cintas de seguridad en los vados, pasarelas y muchas veces hasta en los puentes. “En esta oportunidad eso no ocurrió”, dijo preocupado, agregando que “no se realizó ni siquiera en la cuenca baja”. El médico también planteó, como muchos, que: “No hay manera que hubiera pasado esto si no se abriera ninguna válvula, y no se avisó”. No es de extrañar que, ante una crecida de tal magnitud y en horas cercanas al mediodía, una importante porción de la población perciba que “no fue advertida correctamente” de un peligro que se avecinaba.

En Sierras Chicas por estos días, cada historia representa las vivencias de una persona de carne y hueso, que necesita “sacar afuera” todo lo que le tocó y toca vivir.

Miguel Pavlovsky | mpavlovsky@lmcordoba.com.ar, “Salimos por nuestros medios y no nos quedó nada”, 20/02/15, La Mañana de Córdoba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario