Desde San Petersburgo (Rusia), donde se encuentra junto a 29 compañeros que participaron con ella en una acción pacífica para defender el Ártico, nuestra activista Camila Speziale espera que pronto se defina su futuro. Estuvo dos meses presa injustamente en una cárcel rusa y hace días fue liberada pero ella y todos los activistas siguen acusados de cargos (piratería y vandalismo) que tienen hasta 20 años de condena y aún no pueden volver a sus casas. Mientras tanto, hoy, ya con acceso a las redes sociales y volviendo a entrar en contacto con familiares y amigos, retomó su actividad en Facebook y escribió una carta para todas las personas que durante este tiempo apoyaron el pedido de liberación por los 30 detenidos. No te pierdas este agradecimiento:
“Palabras desde el hielo a las flores:
Nunca tuve dificultades en escribir o expresar mis sentimientos. Nunca me costó encontrar las palabras exactas en los momentos correctos. Y nunca pensé, algun dia me iba a costar tanto.
No es por estar yo abrumada por lo ocurrido o desequilibrada, no es por eso, porque estoy estable. Creo la razón es que es casi imposible retribuir tanto amor y tanta lucha. Veo fotos, leo comentarios, y me resulta raro que esten diciendo tantas cosas hermosas de mi persona. Soy yo quien les tiene que agradecer por todo esto, no tienen que agradecerme nada. Gracias a todos ustedes yo estoy acá, conectandome y comunicándome con quienes me leen. Algo que deseé por dos meses enteros.
Quería gritarles por la ventana, asomarme como pudiera por las rejas y pedirles que sigan luchando, por mí, por los treinta, por el Ártico, y por el planeta. Y lo hicieron, mi voz les llegó. Les llegó mi grito, a millones de kilómetros de distancia. El grito era melodía, casi una canción, porque no era un grito desesperado y triste, era casi una canción. Y la cantamos juntos. Y mil personas se sumaron a esa cancion, la cantamos juntos. Y nadie nos reprimió, nadie nos calló. Por esa canción que el mundo cantó, ahora estamos libres (no totalmente, pero un pasito mas cerca de la libertad).
Como me encantaría contarles todo lo que pasó en este tiempo. Todos los pensamientos, todas las sensaciones. Contarles como fueron los momentos en los que estuve triste, y como fueron los momentos en que la felicidad y la seguridad pelearon contra la soledad y la melancolia, derrotándolas completamente. Victoriosa la felicidad me invade ahora. Estoy totalmente segura que esta vez vino para quedarse.
Una voz me dijo en la cárcel: “Quedate tranquila Cami, tenés un apoyo incondicional. No sólo de tu familia, o tus amigos (que son personas de luz), si no también mucha gente de todas las edades, que ahora se sienten igual de indignados que vos, y no dudan en pararse frente a lo que no les gusta de este mundo y expandir sus pensamientos. Asi que tranquila, relajate. Están todos pensando en vos, imaginatelo en tu cabeza, estoy segura que la respuesta no está en una foto, o en un recorte de un diario, está en el corazón.”
Después de haber pasado por esta situación, entiendo muchas mas cosas de la vida que antes no comprendia, o quizás mas, creia comprender. Se aclaran las cosas. Se aclara el por qué de disfrutar las cosas lindas de la vida, las pequeñas cosas que a uno le hacen feliz, y por tenerlas al alcance de las manos, no se aprovechan.
Ahora lo hago. Tomo mate como nunca, miro el sol, dejando que toque mis mejillas y las entibiezca; abrazo a mi vieja, feliz de tenerla tan cerca; escucho música y canto; disfruto de las nuevas amistades que hice, y de todavía tener las viejas amistades esperándome.
Estoy pensando en regresar, y cómo va a ser todo. Estoy pensando en no dejar de luchar. En ningun momento dejé de pensarlo. Esto reforzó todo lo que antes pensaba, y medio más convicción. Sé que la lucha que llevé, llevo y llevaré es el camino correcto.
Muchas veces en la vida uno se desorienta, y no sabe si cruzar, doblar a la derecha o la izquierda. Si, muchas veces mi vida fue así. Pero ahora el camino está más claro… y nadie me dijo cual era el correcto, simplemente llega, y cuando llega, sabés que es asi. Nadie me obligó, ni me obligará nunca, a hacer algo que no quiero.
Tomar propias decisiones es parte de la vida del ser humano; es la manera de demostrarse como ser único. Así es como soy yo en este momento. Si, solo tengo 21 años, pero me parece que la edad no tiene nada que ver en estos asuntos de la vida. Siempre hay algo para decir, tengas la edad que tengas, o seas de donde seas.
La aventura en la que me embarqué tenia un fin, un objetivo: demostrar mundialmente los daños que se le estan haciendo al medioambiente con toda esta locura inconciente de perforar petróleo.
Y, ¿cómo hago para agradecer tantas cosas? Quiero abrazar a todas esas personas hermosas que me escribieron cosas tan inspiradoras, a las que conozco y a las que no, a las que están cerca y las que estan muy lejos. Quiero abrazarlos a todos. Tengo muchos abrazos para dar, y son todos para ustedes. Para ustedes, que creen en mí, que creen en demostrar el amor por nuestro mundo, accionando de esta manera, no violenta y pacifica, que es el condimento fundamental de este camino que elegí emprender, y que no termino todavía… mas bien, no creo que nunca termine.
Son ustedes personas maravillosas, llenas de luz y de cariño. Gracias a ustedes, gracias a la sensación que tuve todo este tiempo, la certeza, que estaban cuidandome la espalda, haciendo lo que yo no podia hacer, por haber estado aislada e incomunicada, me encuentro bien ahora. Gracias, gracias, gracias, por las energias, las palabras, los pensamientos. Gracias a ustedes, estoy escribiendoles. Sólo gracias a ustedes. No podria estar haciendolo ahora si no hubieran estado apoyandome.
Desde la otra punta del mundo, les mando mucha fuerza y mucho cariño a todos (no les mando todo todo, porque todavía estoy movilizada por todo, claramente. Aunque siento y sé, que no dejan todavía de mandarme mucho amor y cariño).
Millones de gracias, y espero el reencuentro.
Camila Speziale”
Esta historia no terminó. Camila y 29 hombres y mujeres siguen acusados por haber defendido el Ártico. Si aún no lo hiciste firmá nuestra petición y pedí que se les retiren los cargos, hacé click aquí
“Tuvimos un arma apuntando a la cabeza”
Dos de los activistas de Greenpeace detenidos en Rusia relatan su detención y encarcelamiento. Greenpeace denuncia el abordaje del ‘Arctic Sunrise’ por la guardia rusa.
por Joseba Elola
Hernán Pérez Orsi escuchó el ruido de las hélices de un helicóptero y salió apresuradamente de la cabina. Como segundo oficial del barco, encargado de la navegación, este hombre de mar, argentino, de 40 años, se dirigió al puente de mando. Una docena y media de individuos con pasamontañas se descolgaba mediante cuerdas sobre el Arctic Sunrise con las armas en ristre. Pérez lanzó la alarma antipiratería. Acabaría siendo acusado de pirata.
Los hombres armados irrumpieron en el puente con sus ametralladoras. Arrastraron por el suelo al videoperiodista freelance Kieron Bryan, británico de 29 años, que viajaba junto a los activistas para documentar la acción. Dieron la orden de parar máquinas. Así empezó la pesadilla. Y así la narra por teléfono, desde un hotel en San Petersburgo, Pérez Orsi, con el eco de los llantos de su pequeña hija Julia, de un año, resonando en la habitación. “Fui secuestrado por las fuerzas especiales rusas”, sentencia, sereno.
Los llamados 30 del ártico están en libertad bajo fianza. Los 28 activistas de Greenpeace y los dos periodistas que fueron detenidos el pasado 19 de septiembre tras una acción de protesta en la plataforma petrolera Prirazlómnaya, en el mar de Pechora, entre la costa continental rusa y la isla de Nóvaya Zemliá, han sido liberados con cuentagotas, uno a uno, a lo largo de las últimas dos semanas. El último, el australiano Colin Russell, abandonó la prisión el pasado viernes. En la que es la primera entrevista que algún tripulante del barco concede a un medio de comunicación español, el marinero Hernán Pérez Orsi y la activista Camila Speziale, ambos de nacionalidad argentina, relatan la dureza de la detención y encarcelamiento que han sufrido. “Todos tuvimos un arma apuntando a la cabeza”, cuenta en alusión a la detención, también por teléfono, desde un céntrico hotel de la ciudad rusa, Speziale, de 21 años, la mujer que ha copado las portadas de los medios de comunicación argentinos. “Nadie está preparado para tener un arma apuntando a la cabeza. Esos momentos no se pueden olvidar. Fue una detención violenta e injusta”.
Hace dos meses y medio que comenzó la pesadilla. Y aún no ha terminado. Los activistas han sido liberados bajo fianza -42.000 euros por cada activista- por el Tribunal de San Petersburgo mientras el Comité de Investigación de la Federación Rusa prosigue sus pesquisas para determinar qué ocurrió el 18 de septiembre. Los activistas de Greenpeace fueron acusados en un primer momento de piratería, lo que podía suponer hasta 15 años de cárcel; aunque, formalmente, estos cargos no han sido aún retirados, confirma una portavoz de Greenpeace en España, en la práctica, es el cambio de la acusación a un delito de vandalismo, que contempla penas de hasta siete años de prisión, lo que ha facilitado la puesta en libertad bajo fianza. “Pero todo sigue en un limbo”, dice Speziale, que se muestra muy emocionada ante las muestras de apoyo recibidas a lo largo de estos dos largos meses y medio. “Necesitamos que sigan haciendo protestas, que sigan peleando por nosotros, aún no somos libres; necesitamos que se retiren los cargos”.
Cuando en la madrugada del 18 de septiembre la joven Camila, experta escaladora, se enfundaba el mono de neopreno para iniciar la acción de protesta, poco podía imaginar lo que se le venía encima.
El objetivo era encaramarse a la gigantesca plataforma petrolera propiedad de la empresa gasística rusa Gazprom, una mole de 117.000 toneladas de peso implantada en medio del océano Ártico, para denunciar los peligros que entraña la extracción de petróleo en el Polo Norte y sus consecuencias sobre el calentamiento global. Hace años que Greenpeace y World Wild Fund (WWF) denuncian que Prirazlómnaya carece de medidas de seguridad adecuadas en el caso de que se produzca un vertido.
La finlandesa Sini Saarela y el suizo Marco Weber fueron los encargados aquel día de intentar escalar a la gigantesca mole rusa. La acción fue abortada por el servicio de guardas fronterizos rusos. Los vigilantes de la plataforma llegaron a efectuar disparos para disuadir a los activistas.
Pero es al día siguiente, el 19 de septiembre, cuando se desencadena la operación de detención. “Al acceder al puente de mando, nos apuntaron con ametralladoras”, rememora Hernán Pérez Orsi. Reunieron a toda la tripulación en el comedor, mientras requisaban móviles, cámaras, ordenadores y portátiles de los camarotes. A Pérez Orsi, que es hipoacúsico, le arrancaron los audífonos. “No me golpearon”, asegura, “pero vivimos cinco días de violencia: estuvieron todo el tiempo armados”. El Tribunal Internacional del Derecho del Mar falló el pasado viernes 22 a favor de los activistas de Greenpeace, respondiendo a una demanda de las autoridades holandesas, bajo cuya bandera navegaba el Arctic Sunrise. Este tribunal, establecido en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, ordenó a Rusia que libere a los activistas y no retenga más el barco. La Federación Rusa no acudió a las vistas aduciendo que esta corte no tiene autoridad en este caso.
La travesía durante la cual se remolcó el Arctic Sunrise hasta el puerto de Múrmansk duró cinco días. “Pensábamos que nos pondrían en libertad”, cuenta Speziale. Pero no fue así. Los activistas fueron interrogados en los tribunales de la ciudad portuaria, ubicada en el noroeste del país, y repartidos entre cinco cárceles. El jueves 3 de octubre se les acusaba formalmente de piratería.
Camila Speziale, joven estudiante de fotografía con inquietudes medioambientales, cuenta que la experiencia en prisión ha sido muy dura. Estaba sola en una celda de unos seis metros cuadrados en la que había cuatro camastros y una televisión. “No vi el cielo por dos meses. Hubo momentos en que estaba bastante mal”, relata.
Speziale procede de un barrio de clase media de Buenos Aires, Caballito. Es la mayor de seis hermanos. Ingresó como voluntaria en Greenpeace hace tres años, pero su interés por el medio ambiente viene de lejos. Estudió para veterinaria y participó en protestas contra la minería a cielo abierto en Chile y Argentina. “Desde chica tuve una gran conexión con la naturaleza”.
En la cárcel, cada día, disponía de una hora para salir a caminar por unos largos pasillos de paredes grises que compartían un techado común y permitían que las reclusas se comunicaran a gritos. La segunda vez que salió a caminar, escuchó que una reclusa gritaba su nombre. Sus compañeras estaban allí. “Me di cuenta de que no estaba sola”. Cada jornada, esa hora de caminata se convertía en un pequeño bálsamo para sobrellevar la adversidad. Se pasaban mensajes. Cantaban. El mítico I will survive, de Gloria Gaynor, y el no menos mítico No woman no cry, de Bob Marley, les daban fuerzas para afrontar la dureza del penal.
Pérez Orsi compartió una celda de unos 12 metros cuadrados con dos jóvenes rusos en Múrmansk. Cuando entró en prisión pesaba 90 kilos. Ha perdido 12 en dos meses y medio. Cada vez que le servían una sopa, se afanaba en rebuscar entre la verdura para ver si, por suerte, aparecía algún pedacito de carne. Cuenta que se acostumbró rápido a un régimen alimenticio donde eran frecuentes el repollo, las patatas y los cereales.
Es un hombre de mar. Lleva 20 años navegando, está acostumbrado a estar lejos. “Pero siempre sé cuál es mi fecha de regreso”, puntualiza. Ahora, no. Aún no sabe cuándo acabará este mal sueño. “He vivido mares bravos, temporales, incendios. Pero este proceso es algo sobre lo que no puedes tener ningún control”.
Pérez Orsi, nacido en Mar de Plata, es un fanático del equipo de fútbol Boca Juniors que ingresó en Greenpeace hace dos años. “Es como cuando a un futbolista le llaman para entrar en la selección”, dice. Siempre quiso trabajar para la organización ecologista. Pero tardó en encontrar el momento de hacerlo.
Su pequeño cuaderno de sudokus ha quedado totalmente machacado tras el paso por la cárcel. “Eran pequeños problemas que sí podía resolver”. Las 20 hojas, con cuatro sudokus por página, eran borradas una y otra vez para volver a empezar. Hasta ocho veces. Investigó incluso cómo armar un sudoku; “algo que uno solo tiene tiempo de hacer cuando está en la cárcel”, bromea.
El lunes 11 de noviembre, los 30 detenidos eran trasladados a San Petersburgo y repartidos entre tres penales de la ciudad. Camila Speziale recalaba en el centro penitenciario Sizo 5; Pérez Orsi, en Sizo 4. Esta vez, la habitabilidad de las celdas era algo mejor. “El director de la cárcel mandó pintar para nuestra llegada”, cuenta Pérez Orsi.
Once días más tarde, el viernes 22, el juez le otorgaba la libertad bajo fianza. “Fue una alegría muy grande, me emocioné”, dice el marinero. Su esposa ya tenía billetes comprados para ir a visitarle a la prisión con la pequeña Julia. Ha podido reencontrarse con ellas en libertad. Pero la incertidumbre sigue ahí. “Aún no sé si me van a juzgar y mandarme de nuevo a la cárcel”. El Comité de Investigaciones de la Federación Rusa dispone ahora de tres meses para proseguir en sus averiguaciones.
Un día antes, el jueves 21, abandonaba la prisión Speziale. “Me preocupa lo que pueda pasar, tengo miedo, obviamente”, confiesa, “pero ahora estoy más relajada, a la espera de buenas noticias”. Speziale está satisfecha con la misión, a pesar de todo. “Gracias a que estuvimos detenidos se sabe del problema que hay en el Ártico”. Desde su habitación de hotel, cuenta que aún le cuesta conciliar el sueño por las noches. No puede evitar pensar en lo que sería pasar varios años tras las rejas si, tras el juicio, ella y sus compañeros son condenados.
Ambos se muestran infinitamente agradecidos por las muestras de apoyo que han recorrido el planeta. En el Arctic Sunrise viajaban activistas procedentes de 18 países. En esta ocasión, no había ningún español en la tripulación comandada por el legendario Pete Willcox, el hombre que capitaneaba el Rainbow Warrior en 1985 cuando fue atacado por los servicios secretos franceses. “Espero que no volvamos a la cárcel”, declara Pérez Orsi. “Tienen que entender que la gente tiene derecho a levantar su voz. El derecho a protestar es muy importante. Hay que saberlo y hay que hacerlo saber. Protestar nos hace seres humanos”.
Dos meses y medio de penurias en territorio ruso
El 18 de septiembre de 2013, un grupo de activistas de Greenpeace (primera imagen) intenta encaramarse a la plataforma petrolera Prirazlómnaya, en el océano Ártico. Los vigilantes de la plataforma efectúan disparos para disuadirles.
Al día siguiente, un grupo de unos 16 hombres con pasamontañas desciende sobre el Arctic Sunrise y encañona a sus tripulantes.
Los activistas desfilan ante el juez. Las vistas preliminares se celebran en el Tribunal de Múrmansk (Rusia). En la imagen la holandesa Faiza Oulahsen, tras las rejas.
El viernes pasado salía a la calle el último activista detenido, el australiano Colin Russell.
Señales por un tubo... de calefacción
por Walter Oppenheimer
Reino Unido ha seguido con gran tensión e interés las tribulaciones de los activistas en el Ártico. Entre otras razones, porque seis de los componentes de la expedición son británicos. La puesta en libertad provisional de todos ellos a lo largo de esta semana ha merecido extensas informaciones, y la joven de 27 años Alex Harris ha suscitado un interés especial de la prensa.
Harris ha concedido una extensa entrevista a la BBC que ha sido ampliamente recogida por los medios. Nacida en Exeter (Devon), en el suroeste de Inglaterra, la joven ha explicado cómo los activistas se comunicaban entre sí dentro de la cárcel dando golpes a un tubo de la calefacción que recorría todo el edificio. No era exactamente un código morse: un golpe era la letra A, dos golpes la B y así sucesivamente. “Aunque no podíamos vernos, era como si estuviéramos juntos”, relata.
En los primeros días de su detención, Alex explicó en una carta a su familia el pánico que sintió al pensar que podía acabar pasando años entre rejas. “Nunca pensé que ese pudiera ser mi destino”, reflexionó entonces. Ahora ha confesado que entre las chicas detenidas hablaron una vez del miedo a sufrir una larga condena que les “impediría tener hijos”.
Y ha vuelto a hacerse eco de la sorpresa que fue para ella verse en esa situación y rechaza las críticas de quienes creen que con el reciente precedente de la detención de las componentes de Pussy Riot, Greenpeace debería haber tenido más cuidado. “Nunca me he comparado con Pussy Riot porque ellas protestaban contra el régimen en Rusia y nuestra protesta era acerca de petróleo”.
Alex Harris asegura que a pesar de la amarga experiencia de estar semanas en prisión, encerrada 23 horas al día, no se arrepiente de haber ido a la protesta en el Ártico y que no piensa “avergonzar a Greenpeace y a mi país” huyendo de Rusia antes del juicio.
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Fuentes:
“Palabras desde el hielo a las flores” conmovedor agradecimiento en Facebook de Camila Speziale al apoyo de la gente, 02/12/13, greenpeace blog. Consultado 02/12/13.
Joseba Elola, “Tuvimos un arma apuntando a la cabeza”, 01/12/13, El País. Consultado 02/12/13.
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