Dos familias fueron violentamente corridas de terrenos que
decían poseer desde hacía un siglo en un campo cercano a Tres Esquinas. Hay una
batalla judicial por los predios.
por Lucía Guadagno
Rolando González y su familia vieron cómo les tiraban abajo
su casa mientras sus muebles, sus animales y sus pocas cosas se mojaban bajo la
llovizna. No tenían más pertenencias que esas. La escena se repitió en la casa
de sus vecinos, los Bulchi. La demolición, esta vez, fue ante las miradas de
Juan Pablo,
de 11 años; Melisa, de 13, y Alexis, de 17.
Los desalojos de estas dos familias ocurrieron el 11 de
abril pasado, en un campo cercano al paraje Tres Esquinas, a 30 kilómetros al
oeste de Córdoba, sobre la ruta nacional N° 19. Fueron echados por una orden
judicial que disponía restituir las tierras a Sara Jabase. Del operativo
participaron la Policía
y un oficial de justicia. Ahora, las familias desalojadas reclaman en
Tribunales.
Ni ellos, ni sus vecinos, ni las autoridades comunales de
Monte Cristo y Piquillín (las dos localidades más cercanas) salen de su asombro
por la brutalidad con que fueron corridos. “Más allá de los papeles, acá ha
habido un atropello a la dignidad de las personas. A veces el tema legal escapa
al común de la gente. Estas personas no tenían nada más que eso que les
destruyeron”, sostuvo Sergio Torres, el cura de Monte Cristo, consultado por
este diario.
Los González afirman ser los poseedores de la tierra desde
hace un siglo. “Acá ya vivía mi bisabuelo, después mi abuelo, mi viejo, y ahora
mi hermano, mi tío y yo”, afirmó Rolando. “Pero nunca tuvimos los papeles
(escrituras)”, reconoció. Los Bulchi, en cambio, sí dicen tener sus títulos de
propiedad.
A los terrenos, que suman unas siete hectáreas, los rodean
cientos de hectáreas sembradas con soja. Esos campos son los que se disputan en
un juicio Jabase y Henri Cattáneo desde hace más de una década.
En 2009, el juez José Sartori dictaminó que las tierras eran
de Jabase y que debían serle restituidas. La decisión fue apelada por Cattáneo.
De todos modos, la Cámara
de Apelaciones en lo Civil y Comercial de 2da nominación ordenó a la jueza
María Olariaga que ejecute la sentencia porque -según explicó la magistrada- la apelación no tiene efecto suspensivo. Olariaga, entonces, ordenó la
restitución de 182
hectáreas y el lanzamiento (desalojo) de Cattáneo y de
todas las cosas puestas por él. Y aquí está el punto clave, que ahora dirimirá la Justicia.
Jabase afirma que los González y los Bulchi eran empleados
de Cattáneo, puestos por él para trabajar y cuidar el campo. Pero ambas
familias niegan esa versión y afirman haber vivido toda la vida ahí.
Sin embargo, en el acta labrada por el oficial de justicia
José Acebal, representante del Poder Judicial durante el desalojo, se afirma
que uno de los González (Eduardo, tío de Rolando) declaró ser empleado de Aldo
Cattáneo (quien falleció) y que Ramón Bulchi dijo ser cuidador del campo de
Cattáneo. La jueza Olariaga explicó que si estas personas no hubiesen declarado
tener relación con
Cattáneo, no hubieran sido desalojadas.
Consultado por este diario, Eduardo González negó haber
realizado tales declaraciones. Por este motivo, representados por abogadas del
Movimiento Campesino, los González presentaron el pasado viernes en Tribunales
II de la Capital
una impugnación del oficio realizado por el oficial de justicia y una denuncia
penal. La abogada Victoria Gauna informó que harán nuevas presentaciones
durante esta semana.
Por su parte, Irma Monje, exesposa de Ramón Bulchi, que
habitaba con sus seis hijos la segunda casa volteada, dijo a este diario: “Hace
22 años que vivimos ahí y antes había vivido mi abuela. Nos mudamos cuando ella
falleció”. Asimismo, negó que Ramón haya dicho que era cuidador de Cattáneo.
“Ramón llegó al lugar conmigo, porque los dos estábamos cuidando a una de
nuestras hijas en el Hospital Córdoba”, contó.
Este diario intentó ubicar sin éxito al oficial de justicia
Acebal. En tanto, Henri Cattáneo no quiso hacer declaraciones.
Guardia permanente. Jabase reivindica la propiedad de los
terrenos en función de lo que la
Justicia ordenó en primera instancia. “Soy la propietaria. El
campo me fue usurpado y después de muchas vicisitudes logré recuperarlo”, dijo
Sara.
Al lado del terreno donde vivían los González hay un pequeño
monte y luego, los restos de una casona antigua, donde funcionaba, décadas
atrás, un almacén de ramos generales de los Jabase. Allí se encontraba el lunes
pasado Marcos Werler, sobrino de Sara, quien permanecía en una casilla para
cuidar la propiedad. “Tenemos que quedarnos porque si no vienen a ocupar”,
explicó. A 300 metros
de allí, había apostados dos policías en un auto particular.
Dos días después del desalojo, los González y los Bulchi
volvieron al terreno con gente del Movimiento Campesino, quienes contactaron
con ellos al día siguiente de las demoliciones. Las familias y los activistas
se instalaron en el lugar, pero el fiscal Víctor Chiapero ordenó su detención
por violar la propiedad privada.
Unas 16 personas fueron llevadas a la comisaría de Río
Primero. Dos fueron liberadas por ser menores; las demás, imputadas por
usurpación y liberadas al día siguiente.
Repudio a la forma. El intendente de Monte Cristo, Fernando
Gazzoni, reconoció la conmoción que hay en parte del pueblo porque los
desalojados eran gente conocida. “Los González siempre vivieron ahí. Reclaman
cosas mínimas, seis o siete hectáreas. Supongo que la Justicia lo resolverá”,
sostuvo.
Su par de Piquillín, Horacio Rubiolo, admitió no conocer los
detalles del litigio, pero igual remarcó: “De lo que estoy más que seguro es de
que esa no era la manera de proceder”.
También se mostraron sorprendidos agentes del Ministerio de
Desarrollo Social provincial. “Generalmente asistimos a gente desalojada, pero
nunca vimos algo así: que les tiren las casas abajo de esa manera”, dijo un
vocero de ese ministerio.
Los González viven ahora en casas de parientes y en una
pieza alquilada. La familia Bulchi, en tanto, permanece en una casa de campo
prestada.
Ley 9.150
De 2004. La Ley
de Saneamiento de Títulos y Registro de Poseedores de Inmuebles busca atender,
desde 2004, la problemática de los poseedores antiguos de las tierras que no
tienen los títulos de propiedad. La norma se sancionó en respuesta al caso
emblemático de Ramona Bustamante, quien se resistió al desalojo de sus tierras
en la localidad de Sebastián Elcano, al norte de la provincia.
Autoridad de aplicación. Es la unidad ejecutora para el
Saneamiento de Títulos, que depende del Ministerio de Justicia, y está a cargo
de Antonio Ruotolo. Ante la consulta de este diario, funcionarios del área
dijeron que durante esta semana darán información sobre las acciones que lleva
a cabo esa dependencia provincial.
El Movimiento Campesino, impulsor del reclamo judicial
Está formado por distintas organizaciones que defienden y
brindan apoyo legal a los poseedores ancestrales de tierras.
El Movimiento Campesino, que asesora y representa a la
familia González, está formado por distintas organizaciones de la provincia de
Córdoba que defienden los derechos de los poseedores ancestrales de las
tierras. Brindan apoyo legal e impulsan movilizaciones y reclamos públicos.
Según explicó Germán Pez, uno de los integrantes, el
movimiento se formó en 2005. “Donde más conflictos de este tipo se registran es
en la zona del valle de Traslasierra, San Javier, Mina, Pocho Río Seco y
Tulumba. Con el avance de la frontera agropecuaria hay una presión muy fuerte
sobre los campesinos”, sostuvo.
Explicó que la organización no tiene referencia político
partidaria y que se mantiene con proyectos solventados por los gobiernos, con
apoyos de organizaciones internacionales y el aporte de los mismos campesinos,
entre otros recursos.
“Cada compañero aporta a un fondo común”, explicó.
Fuente:
Lucía Guadagno, Desalojos, casas destruidas y reclamos de justicia, 05/05/13, La Voz del Interior. Consultado 07/05/13.
El Movimiento Campesino, impulsor del reclamo judicial, 05/05/13, La Voz del Interior. Consultado 07/05/13.

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