Economista y ecologista, profesor universitario, Antonio
Elio Brailovsky asegura que los argentinos hemos reemplazado conocimiento técnico por política. Y que así nos va.
por Luis Aubele
“Diariamente, todos los usuarios del ferrocarril Mitre que
va a Tigre, se encuentran con que el tren sale lentamente de la ciudad de
Buenos Aires y recién después agarra velocidad. ¿Sabe por qué? Porque no hay
mantenimiento de vías, porque no hay una inspección, técnicos que miren la vía
y digan qué hay que reparar. Esto requiere la incorporación de personal
técnico, que no se puede reemplazar por consignas políticas. Algo que también
se vio en la tragedia de Once y en el incendio del contenedor, hace un tiempo,
en Puerto Madero”, explica muy serio Antonio Elio Brailovsky, economista (UBA),
especializado en medio ambiente y recursos naturales.
Profesor titular de Ecología en la Universidad de
Belgrano y, también, de Política y Gestión del Medio Ambiente en la Universidad de Buenos
Aires, es autor, entre otros, de
"Historia ecológica de América Latina", en dos tomos, y coautor, con
Dina Foguelman, de "Memoria verde: historia ecológica de la Argentina.
¿Qué piensa del caso del contenedor?
El reciente incendio del contenedor es un episodio que no
debería haber ocurrido. No pasa en
puertos de países civilizados. Y cuando uno mira la secuencia del accidente
parece una película cómica.
¿Cómica?
Se produce el incendio y llegan los bomberos, destapan el contenedor
y comienzan a tirar agua sin saber qué hay adentro, sin saber si realmente hay
que echar agua. No hay un informe detallado de lo que pasó ni tampoco una
estrategia de prevención para que no vuelva a pasar. Los trenes están igual que
antes del accidente de Once y los contenedores sospechamos que también están
igual que antes del incendio del contenedor.
¿Qué habría que hacer?
Necesitamos una auditoria ambiental en seguridad e higiene,
en todas las empresas que están prestando servicios públicos. Actualmente, el
modelo de tratamiento es lo que se conoce como control por resultados.
¿Cómo es eso?
Si hay un corte de luz, se multa a la empresa; si hay un
choque de trenes, se multa a la empresa ferroviaria; si hay un incendio en el
puerto, se multa al del puerto. No hay ningún mecanismo de prevención, de
control previo para que eso no suceda. Tiene que ver con un modelo que
consistió en echar a todo el personal técnico, jubilarlo de oficio, y
reemplazarlo por personal político. Un
técnico puede llegar y decir “este contenedor está mal puesto”, pero el
político, ¿qué puede hacer? Si ve humo, decir que se incendia.
¿Algún otro punto oscuro?
Sí. Si los seres humanos estamos constituidos en un 70 % de
agua y el Río de la Plata ,
la fuente de donde proviene el agua, está contaminado, entonces, todos nosotros
estamos contaminados. Porque somos el río, su encarnación, el río hecho
persona. A veces leemos en el diario que el agua arrojó a la costa una enorme
cantidad de sábalos muertos. Podemos decir, ¡qué barbaridad!, pero como yo no
consumo sábalo, entonces no tengo que preocuparme. No es así, no consumo sábalo
pero bebo el agua que mató a los sábalos, es decir, que tanto los peces como
nosotros tenemos un problema común.
¿Tan grave?
Hay una imagen sobrecogedora en un programa de Google que
tiene fotos de satélite y donde se ve la descarga del arroyo Medrano. El arroyo
Medrano pasa por debajo de la avenida General Paz y descarga en el Río de la Plata, y lo que se ve es una
cosa negra que se mete en el río aguas arriba de la única toma que provee de
agua a seis millones de personas.
¿Cómo puede ser?
La empresa que hace el servicio tiene un laboratorio de
ciencia ficción que mide acidez, turbiedad y bacterias. Pero no mide el resto
de los residuos peligrosos por lo siguiente: acidez y turbiedad y bacterias
pueden medirse en cuanto se extrae el agua del río. En cambio, plaguicidas y
residuos industriales necesitan varios días y como el agua no puede esperar,
entonces se envía lo que entra.
¿Y la historia cómo sigue?
Soy profesor universitario y puedo ver que esta pérdida de
nivel se traslada a lo institucional. Mientras se jubila compulsivamente a profesores de mas de
65 años, Carlos Fayt sigue siendo juez de la Corte Suprema y
tiene 95. Casi todos los premios Nobel superan la edad en la que nosotros
jubilamos a nuestros profesores. En la época de Platón, leer todo lo que había
era sencillo; ahora, para leer todo lo que hay de una disciplina necesitamos
llegar a los 70 u 80 años.
¿Entonces?
¡Es grave! Hemos criticado el conocimiento enciclopédico y
lo hemos reemplazado por consignas fáciles, que no requieran esfuerzo, que no
aburran. ¿Sabe cuál fue la primera novela que leí cuando era un chico?
¿Cuál?
Moby Dick, un clásico, la obra maestra del escritor
estadounidense Herman Melville, que aparecía por entregas en Billiken, la
revista infantil. Y el texto era completo, no se trataba de una adaptación para
niños. ¡Nunca me aburrí! Es urgente abrir el debate sobre el rol del
conocimiento en nuestra sociedad. Porque lo que pasa ante nuestro ojos es una
sociedad que cada vez sabe menos, menos de su historia, menos de sí misma.
Fuente:
De cómico a patético, 03/01/13, Clarín. Consultado 05/01/13.
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