En el juicio por la voladura de la Fábrica Militar, declaró ayer el operario que vio el primer fuego. Sostuvo que debió ser provocado.
por Fernando Colautti
“Para mí, han puesto un detonador en ese tambor. Si no, el trotyl no se puede encender así”, insistió Emilio Ostera, empleado de la Fábrica Militar de Río Tercero que vio, antes que nadie, el primer fuego que destellaba en el sector de polvorines y tras el cual se desató la trágica serie de explosiones de 1995.
Ayer, en la quinta audiencia del juicio oral por esa causa que lleva adelante el Tribunal Federal 2 de Córdoba, Ostera fue el primer testigo citado, entre los que vieron el inicio del siniestro dentro de la planta militar.
Algo extraño sucedió en ese tambor. Saber qué ocurrió para que tomara un fuego imparable es, desde que ocurrió hace 19 años, una clave central para esclarecer el caso. Determinar con precisión qué contenía uno de los muchos tachos del tinglado de la Planta de Carga de explosivos se transformó en la gran pregunta.
Ostera era en 1995 supervisor de ese sector de la fábrica. “Esos tambores tenían trotyl de descarga, el que se saca de los proyectiles vencidos para repotenciarlo y volver a usar”, señaló ante los jueces. Luego, repitió la misma opinión que dio en la decena de veces que fue citado a declarar en 19 años: “El trotyl no toma fuego; algo más debió haber en ese tambor”, dijo.
La Fiscalía y los abogados de la querella abonan la hipótesis de que la voladura fue intencional y que el primer fuego fue también provocado para simular un accidente. Los letrados defensores de los cuatro militares imputados sostienen que no hay pruebas que avalen esa teoría y, mucho menos, que comprometa a los procesados.
Esa llamarada
Ostera repitió que las llamas de ese primer fuego eran entre blancas y azuladas, “cuando las que genera el trotyl son más bien amarillentas”.
Sobre aquel instante, a las 8.55 del 3 de noviembre de 1995, recordó que junto a otros operarios estaban limpiando un galpón de los polvorines cuando, de pronto, observó fuego sobre un tambor. “Busco un extintor pero cuando llego, en segundos, las llamas ya tenían un metro y medio. Salgo a buscar y conectar una manguera, pero cuando miro de nuevo el fuego llegaba al techo del tinglado. Sólo quedaba escapar”, contó. Apenas empezó la corrida, una explosión lo hizo “volar unos 80 metros”. Aturdido, caminaba en círculo cuando dos compañeros lo rescataron y retiraron del lugar, mientras más explosiones se sucedían. Ese día hubo siete muertos en Río Tercero, pero ninguno dentro de la fábrica.
Ostera abonó sus dudas sobre el encendido y explosión de ese tambor, al comparar que en otro sector de la planta, llamado “el túnel”, había tambores de trotyl pero también de hexolita y hexógeno (aun más inflamables) “que se quemaron por completo, pero no explotaron”.
También recordó que argumentando razones presupuestarias, la fábrica había retirado un tiempo antes el servicio de seguridad del acceso y para rondas en el sector de polvorines, donde se acumulaban miles de proyectiles a metros de varios barrios poblados. “De noche había pasado a ser tierra de nadie; podía entrar cualquiera”, planteó.
Ostera se jubiló en 2000, tras 34 años en la empresa estatal. Ante una pregunta, acotó que entre los 20 operarios de ese sector “no había ninguno con menos de 10 años de experiencia”.
Durante su testimonio, los abogados de la defensa consideraron que habría mostrado algunas contradicciones, en detalles, respecto de sus declaraciones anteriores, criterio que la querella rechazó de plano.
Siguen el martes
Las audiencias seguirán el próximo martes, con varios testigos que eran empleados de la Fábrica Militar en 1995 y estaban en el sitio donde se inició el siniestro.
Más diferencias entre los peritos
Durante las cuatro primeras audiencias desfilaron ante el Tribunal Federal 2 una decena de peritos en materia química y contable, quienes aportaron disímiles conclusiones.
Ayer, el ingeniero Carlos Navarro cerró el paso de los peritos técnicos. Propuesto por la fallecida querellante Ana Gritti en su momento, marcó su coincidencia con la opinión de los peritos oficiales en el sentido de que las explosiones fueron “intencionales y programadas”. Abonó además el criterio de que fueron “direccionadas” para evitar que miles de proyectiles llegaran al polo fabril químico. “En ese caso, el daño hubiera sido muchísimo más grave para la ciudad”, dijo.
Antes, declaró el ingeniero Enrique Mahle, perito por la defensa, quien cuestionó los resultados de la pericia oficial realizada en 2003, que determinó que el siniestro sería provocado. Para Mahle, no tuvo rigor científico esa prueba porque lo preparado en esa reconstrucción “no era representativo” del escenario real del sitio del siniestro. “Es posible que lo que se hizo (en esa pericia en Serrezuela) reprodujera lo que ocurrió pero no es probable ni mucho menos certero”, opinó Mahle.
Cuatro imputados
Los procesados por estrago doloso son militares retirados: Edberto González de la Vega y Carlos Franke eran directivos de Fabricaciones Militares en Buenos Aires; Jorge Cornejo Torino y Marcelo Gatto eran director y jefe de área en la planta riotercerense.
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Sin sentencia, Río Tercero evoca hoy 18 años de las explosionesFuentes:
Fernando Colautti, Qué había en el tambor: una duda clave, 28/08/14, La Voz del Interior. Consultado 28/08/14.
Más diferencias entre los peritos, 28/08/14, La Voz del Interior. Consultado 28/08/14.
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